Cómo la innovación digital puede salvar o agravar el medioambiente

Las nuevas soluciones como la inteligencia artificial y las energías renovables mejoran la eficiencia y reducen emisiones, pero implican retos por el alto consumo de energía y recursos en los centros de datos y procesos de manufactura

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El auge de los centros
El auge de los centros de datos y sistemas de IA proyecta un aumento significativo en el consumo de electricidad, comparable al gasto anual de más del 20% de los hogares de Estados Unidos para 2028 - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las soluciones tecnológicas se presentan como una de las principales esperanzas para enfrentar el deterioro ambiental global. Sin embargo, la evidencia internacional muestra que el impacto ambiental de la tecnología es complejo y ambivalente: mientras las innovaciones pueden reducir emisiones y optimizar el uso de recursos, también generan nuevos desafíos en consumo energético, extracción de minerales y gestión de residuos.

Diversos estudios recientes en la Unión Europea y Estados Unidos coinciden en que la innovación tecnológica contribuye a mejorar la calidad ambiental, especialmente cuando se orienta a la eficiencia energética y la reducción de emisiones. Investigaciones publicadas en la revista Environmental Science and Pollution Research revelan que en los países de la Unión Europea, las innovaciones tecnológicas ayudan a disminuir el consumo de combustibles fósiles y las emisiones de CO₂, mientras que factores como la urbanización y la desigualdad de ingresos tienden a incrementar la contaminación.

Por otro lado, el desarrollo de inteligencia artificial (IA), energías renovables y automatización permite optimizar sistemas productivos y de transporte, reducir el desperdicio de agua en la agricultura y mejorar la eficiencia en el uso de energía en edificios e industrias. Ejemplos concretos incluyen el uso de IA para la gestión de riego en la agricultura de Argentina y Chile, logrando reducir el consumo de agua hasta en 30%, y la aplicación de sensores y sistemas inteligentes en el sector energético europeo para ajustar el suministro según la demanda y minimizar pérdidas.

Riesgos ambientales por el avance tecnológico

A pesar de los avances, la tecnología también plantea riesgos ambientales significativos. El funcionamiento y entrenamiento de sistemas de IA y centros de datos requiere grandes cantidades de electricidad y agua. El World Economic Forum proyecta que para 2028 la IA podría consumir hasta la mitad de la energía destinada a los centros de datos, equivalente al uso anual de electricidad de más del 20% de los hogares estadounidenses. Además, la ubicación de estos centros en regiones donde la red eléctrica depende de combustibles fósiles agrava las emisiones de gases de efecto invernadero.

El informe de la Southern New Hampshire University advierte sobre el impacto del uso de agua para enfriar los servidores y la presión sobre minerales críticos como el cobre. Más de la mitad de los centros de datos instalados desde 2022 se ubican en zonas con estrés hídrico, y la demanda de minerales se disparará por la fabricación de hardware y baterías.

Políticas y desafíos para la sostenibilidad tecnológica

Las innovaciones tecnológicas como la
Las innovaciones tecnológicas como la inteligencia artificial y las energías renovables pueden mejorar la eficiencia y reducir las emisiones ambientales, pero requieren grandes recursos energéticos - (Freepik)

Los organismos internacionales y expertos coinciden en que el desarrollo tecnológico debe estar acompañado de políticas y estándares de sostenibilidad. Entre las medidas propuestas figuran el diseño de sistemas energéticamente eficientes, la ampliación del uso de energías renovables, la extensión del ciclo de vida del hardware y la aplicación de modelos de gobernanza que midan y reduzcan el impacto ambiental de la tecnología.

La integración de tecnología verde y la regulación internacional sobre el ciclo de vida de los productos tecnológicos serán determinantes para que la tecnología cumpla su promesa de ser una aliada en la lucha contra el cambio climático, sin convertirse en una nueva fuente de presión para los ecosistemas.