
Las especies no nativas suelen considerarse la principal amenaza para la biodiversidad urbana, pero un estudio realizado en Berlín desafía esta percepción. Según una investigación publicada en la Revista de Ecología Aplicada de Wiley, tanto las especies nativas como las no nativas expansivas representan riesgos muy similares para la flora urbana en peligro de extinción, al tiempo que sitúan otros factores como más determinantes en el declive de estas especies.
El equipo liderado por Ingo Kowarik, de la Universidad Técnica de Berlín, analizó datos de 1.231 poblaciones de 201 especies amenazadas en diferentes áreas urbanas de la capital alemana. Los resultados, indicados por Wiley, muestran que las amenazas bióticas —especialmente la competencia entre plantas— fueron identificadas como responsables en el 63% de los casos registrados.
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Otros factores significativos fueron la agricultura, el exceso de nutrientes, el desarrollo urbano y las actividades recreativas. La diferencia de impacto entre especies nativas y no nativas expansivas resultó mínima: el 16% y el 15,2% de las poblaciones afectadas, respectivamente.
“La percepción común atribuye el declive de la biodiversidad urbana a las especies no autóctonas, pero nuestras conclusiones narran otra historia. En Berlín, otras presiones, incluidas especies autóctonas altamente competitivas, muestran ser una amenaza aún mayor”, detalló Kowarik a Wiley.

La competencia vegetal surgió como la principal amenaza entre las presiones biológicas, con casi la mitad de las poblaciones estudiadas afectadas por este fenómeno. El abandono agrícola y la introducción de nutrientes también se destacaron como impulsores claves en el descenso de la flora urbana amenazada, según datos recogidos por Wiley. El estudio señala que tanto el público como la comunidad científica podrían estar sobrestimando el papel de las especies exóticas frente a otros factores como el cambio de uso del suelo o la transformación del hábitat.
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El impacto de las amenazas varía dependiendo del tipo de hábitat. En zonas urbanas construidas y espacios ruderales, hasta un 12,9% de las poblaciones de plantas en peligro se ven afectadas por especies no nativas expansivas. Esta cifra desciende al 10,3% en pastizales secos y al 8,8% en bosques. En contraste, en campos cultivables o áreas pantanosas la proporción baja sustancialmente, llegando al 0% en zonas de cultivo.
La contribución relativa de especies nativas y no nativas como factores de amenaza no difiere sustancialmente entre los principales tipos de hábitat, de acuerdo con los datos proporcionados por Wiley.

El trabajo atribuye una importancia prioritaria a factores frecuentemente subestimados en los debates públicos. El abandono de prácticas agrícolas, el enriquecimiento con nutrientes y la transformación del uso del suelo son claves en la proliferación de plantas oportunistas, tanto nativas como no nativas, desplazando a especies más sensibles. “La protección eficaz de la biodiversidad urbana exige replantear el debate y enfocar los recursos en los factores que realmente impulsan su declive”, señaló Kowarik en declaraciones reproducidas por Wiley.
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El estudio advierte, además, sobre la tentación de extrapolar sus conclusiones. Aunque los datos provienen de la situación urbana en Berlín, los autores insisten en que las amenazas y prioridades de conservación pueden variar conforme a la composición de hábitats y condiciones específicas de cada ciudad. Por eso recomiendan orientar las estrategias de manejo basándose en evaluaciones locales y evidencias empíricas.
Así, el informe de Kowarik y su equipo publicado por la Revista de Ecología Aplicada de Wiley propone que la conservación urbana debe priorizar la calidad del hábitat para asegurar la persistencia de las especies amenazadas, en lugar de centrarse únicamente en el control de especies exóticas. Mejorar el estado de los entornos urbanos aparece como uno de los principales retos para el futuro de las plantas en peligro dentro de las ciudades.
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