
El debilitamiento de la llamada ventilación oceánica en el Atlántico Norte ha comenzado a despertar preocupación entre los expertos, al observarse una lenta pero constante renovación de las aguas profundas en las últimas décadas.
Esta tendencia, que los investigadores del Centro Helmholtz de Investigación Oceánica GEOMAR de Kiel atribuyen entre otras cosas al cambio climático, sugiere transformaciones profundas en la capacidad del océano para absorber oxígeno y dióxido de carbono, con implicaciones que podrían persistir durante varios siglos, incluso si las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyeran.
La investigación fue publicada en Nature Communications. "El estudio demuestra que la edad de las masas de agua en el Atlántico Norte ha aumentado continuamente desde la década de 1990, lo que indica un debilitamiento del sistema de circulación atlántica", escribieron los expertos en un comunicado. Entre 1990 y 2010, la edad media del agua se incrementó en más de diez años, acompañada de un aumento en la Utilización Aparente de Oxígeno (AOU).
"Una ralentización de la circulación oceánica tiene consecuencias de gran alcance para la regulación climática, así como para el suministro de oxígeno al océano y su absorción de carbono", sumaron.

Este indicador, que mide la diferencia entre la concentración de oxígeno en la superficie oceánica y la realmente hallada en profundidad, se eleva cuando el oxígeno se consume durante periodos prolongados en el interior marino, reflejando así una reducción en el aporte de agua rica en oxígeno a las capas inferiores.
“La combinación de observaciones y modelos proporciona una imagen consistente: las aguas del Atlántico Norte están envejeciendo, y esto está en consonancia con el debilitamiento esperado de la circulación del Atlántico Norte como consecuencia del calentamiento global”, destacó el profesor Andreas Oschlies, jefe del grupo de investigación en modelado biogeoquímico.
Cómo se hizo el estudio
El análisis desarrollado por el equipo de GEOMAR integró datos obtenidos tanto de observaciones directas como de simulaciones con siete modelos acoplados del sistema terrestre. Utilizaron como referencias químicas gases industriales de larga vida como CFC-12 y hexafluoruro de azufre (SF₆), que desde los años 80 permiten rastrear el tiempo desde que una masa de agua estuvo en contacto con la atmósfera por última vez. Estas “marcas de tiempo” químicas han sido clave para reconstruir los procesos de ventilación del océano en las últimas décadas, según describe el estudio.

Este patrón de envejecimiento oceánico no es homogéneo en toda la región. Los investigadores indican que la tendencia es especialmente marcada fuera del mar de Labrador, donde la variabilidad natural —motivada por cambios en el viento y patrones climáticos— queda eclipsada por el envejecimiento a gran escala y a largo plazo de las masas de agua.
Incluso en áreas donde la reacción es menos evidente, la señal es consistente. Según detalla Haichao Guo, primer autor del estudio y doctor del área de modelado biogeoquímico en GEOMAR, “nuestros resultados muestran que la ventilación del Atlántico Norte profundo se está debilitando, aunque las regiones individuales pueden responder con mayor o menor fuerza en ocasiones”.
La fortaleza de la interpretación radica en la comparación entre las observaciones y los modelos climáticos, que integran tanto la variabilidad natural como los efectos antropogénicos. En todos los modelos, se aprecia un envejecimiento creciente del Atlántico Norte, imposibilitando que la evolución observada responda exclusivamente a fluctuaciones naturales regionales o a corto plazo.
La Circulación Meridional de Retorno del Atlántico Norte (CMA), que actúa como motor de la ventilación en esta cuenca y afecta a buena parte del océano global, se percibe cada vez más debilitada. De esta corriente depende la transferencia de calor y de dióxido de carbono (CO₂) desde la atmósfera, así como el aporte de oxígeno a las profundidades marinas.
El estudio advierte que, si la ventilación sigue disminuyendo, la capacidad del océano para absorber calor y CO₂ a largo plazo se verá comprometida, al tiempo que el oxígeno disponible en aguas profundas continuará mermando, dando lugar a escenarios inciertos para los ecosistemas marinos.

El modelado prevé que los cambios en la renovación de las aguas profundas serán sumamente lentos. Una vez debilitada la ventilación, este estado podría prolongarse durante siglos, incluso después de una hipotética reducción de las emisiones humanas de gases invernadero. Esta característica otorga al fenómeno un nivel adicional de gravedad, pues limita la capacidad de recuperación del océano frente a futuros esfuerzos de mitigación climática global.
La metodología del estudio presenta también ciertos límites: al analizar masas de agua con edades de hasta unos 200 años, la fiabilidad de las estimaciones queda condicionada por el alcance temporal de los gases industriales utilizados como trazadores. Serían necesarios otros compuestos y secuencias de datos más extensas para valorar fenómenos en las capas más profundas y antiguas del océano.
El equipo de GEOMAR aclara que los modelos climáticos actuales tienden a subestimar la magnitud real de los cambios registrados, probablemente debido a una representación demasiado simplificada de los procesos de mezcla profunda. A pesar de ello, la tendencia de envejecimiento es común a todos los modelos y observaciones y puede considerarse robusta.
El debilitamiento de la ventilación oceánica expone así los límites y desafíos en la actual comprensión del sistema climático global. Las consecuencias directas sobre la absorción de calor, el secuestro de CO₂ y el suministro de oxígeno a los ecosistemas profundos amenazan con modificar los equilibrios ambientales del Atlántico Norte y más allá.
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