
La crisis de desaparición que afecta a las especies marinas ha alcanzado niveles alarmantes, según advierten expertos y organizaciones internacionales. Más de un tercio de los tiburones y rayas del mundo se encuentran en peligro de extinción, una tendencia que amenaza la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas oceánicos.
Entre los animales más vulnerables se encuentran los tiburones de aguas profundas, como los quelvachos, cuya supervivencia se ve gravemente comprometida por la presión de algunos actores de la industria de la belleza y la salud, altamente beneficiada por un aceite que aporta este tipo de animales.
En regiones como el mar Ibérico, la situación es especialmente crítica. El Informe señala que 30 de las 59 especies de tiburones y rayas registradas en la zona están amenazadas, y seis ya se consideran extintas localmente. El seguimiento de capturas en aguas españolas revela que el quelvacho (Centrophorus uyato) ha experimentado una reducción del 77% en 12 años, lo que sugiere que esta especie podría estar al borde de la extinción. Esta tendencia se repite en otras especies como la musola y el alitán.
La demanda del sector cosmético y farmacéutico

La presión sobre este tipo de depredador marino se ha intensificado en las últimas décadas debido a la explotación de su aceite de hígado, especialmente rico en escualeno, un compuesto químico muy valorado por sus propiedades antioxidantes e hidratantes. El Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) asegura que este ingrediente se utiliza en una amplia gama de productos para la belleza y la salud.
El mercado mundial de escualeno alcanzó un valor estimado de USD 150 millones en 2023, según Grand View Research. Aunque el 80% comercializado proviene de fuentes vegetales, principalmente aceite de oliva, la extracción de una sola tonelada puede requerir la captura de 3.000 tiburones. La industria cosmética y de cuidado personal consume más del 70% de este compuesto, lo que ha provocado un desplome de las poblaciones de quelvachos de más del 80% en algunas regiones.
La biología de los quelvachos agrava su vulnerabilidad. Estas especies alcanzan la madurez sexual en etapas tardías y presentan tasas de reproducción muy bajas, lo que dificulta la recuperación de sus poblaciones tras la sobrepesca. Según una estimación científica, necesitaría 86 años para recuperar apenas el 25% de su población original en Australia.
Matt Collis, director sénior de políticas del IFAW, explicó a CNN: “Se asemejan más a la forma de reproducción de los mamíferos que a la de cualquier especie de pez. Eso los hace muy vulnerables a la presión pesquera”.
El impacto global de la extinción de tiburones y rayas

La desaparición de tiburones y rayas no solo representa una pérdida para la biodiversidad, sino que también altera profundamente los equilibrios ecológicos de los océanos. Estas especies actúan como ingenieros de ecosistemas, regulando las poblaciones de peces y otras especies marinas, y facilitando el reciclaje de nutrientes en los hábitats bentónicos, destacan medios como CNN. La pérdida de depredadores como el tiburón ballena modifica las dinámicas ecológicas y puede afectar incluso a la actividad humana vinculada al océano.
El tráfico ilegal de productos derivados agrava la situación. Pruebas genéticas en los principales mercados han demostrado que circulan muchos más productos de los que reflejan los registros oficiales, lo que confirma la existencia de un comercio ilegal difícil de rastrear. Forbes informa que los tiburones pelágicos han perdido más del 70% de sus poblaciones en los últimos 50 años, y los tiburones de arrecife están considerados funcionalmente extintos.
La comunidad internacional, reunida en la vigésima Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), evalúa propuestas sin precedentes para aplicar las protecciones más estrictas a especies como el tiburón oceánico de puntas blancas, las mantarrayas, las rayas diablo y los tiburones ballena, que podrían ser incluidas en el Apéndice I, prohibiendo su comercio internacional. Otras especies, como el pez cuña y el pez guitarra gigante, podrían quedar sujetas a cuotas de exportación cero, mientras que la inclusión de los quelvachos en el Apéndice II pondría bajo regulación más severa su comercio.
Luke Warwick, director de Conservación de Tiburones y Rayas de WCS, destacó a Forbes la urgencia de estas medidas: “La ciencia es inequívoca, y las herramientas y el apoyo para implementar la CITES ya existen para los gobiernos una vez aprobadas las listas. Las Partes de la CITES deben actuar antes de que estos animales desaparezcan por completo de nuestros océanos”.
La aplicación efectiva de estas regulaciones enfrenta desafíos como la falta de financiación, capacitación y la corrupción, lo que hace imprescindible el uso de herramientas genéticas para identificar especies, incluso en productos procesados. La doctora Susan Lieberman, vicepresidenta de Política Internacional de WCS, advirtió a Forbes sobre la urgencia de actuar para evitar extinciones generalizadas.
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