
Reducir las emisiones de gases contaminantes y eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera siguen siendo pasos clave para frenar el avance del cambio climático que enfrenta el planeta Tierra.
Un nuevo estudio de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología y otras instituciones de Europa alertó sobre los riesgos de confiar demasiado en las tecnologías marinas para capturar carbono si no existen controles claros.
El equipo de investigación descubrió que, aunque el océano puede ayudar, hoy no hay sistemas confiables para medir cuánta cantidad de carbono queda retenida ni para garantizar que estos métodos sean seguros y efectivos a largo plazo.

“Se trata de proteger los océanos como un bien común. Los océanos pueden ser parte de la solución climática, pero necesitamos fortalecer la forma en que los protegemos antes de ampliar estas tecnologías”, dijo Helene Muri, investigadora principal en el Instituto Noruego de Investigación del Aire y la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología.
La investigación fue encargada por el Consejo Marino Europeo y colaboraron también científicos de Alemania. Fue presentada en la Conferencia de Cambio Climático (COP30), organizada por Naciones Unidas, que se está realizando en Brasil.
Por qué se busca capturar carbono

El dióxido de carbono está detrás del calentamiento global, y aunque reducir emisiones es lo principal, hay sectores donde esa tarea es casi imposible.
Por eso, surgió la idea de usar el océano como complemento para ayudar a cumplir los objetivos de emisiones cero en 2050.
Los investigadores del nuevo reporte analizaron varias estrategias marinas para capturar dióxido de carbono. Una de ellas consiste en estimular el fitoplancton, conocido como el “bosque microscópico” de los océanos.

También revisaron técnicas químicas para transformar el dióxido de carbono en compuestos estables y evaluaron la restauración de manglares y pastos marinos, ecosistemas capaces de almacenar grandes volúmenes de carbono.
El objetivo fue determinar si esas propuestas realmente pueden funcionar junto con las soluciones en tierra firme y ayudar a combatir el cambio climático.
Experimentos en el océano

Para obtener resultados concretos, el equipo realizó experimentos en el mar del Norte, junto a la isla alemana de Helgoland, en la primavera de 2023.
Usaron doce mesocosmos, tubos gigantes de agua marina, de cuatro metros de profundidad, que recrean el ambiente natural.
Estos dispositivos permitieron observar los efectos de aumentar la alcalinidad y sumar nutrientes, controlando cada detalle físico, químico y biológico. Así analizaron la capacidad del océano para atrapar carbono con diferentes técnicas.
Los resultados mostraron que ninguna estrategia funciona como una solución mágica. El éxito depende del método y de condiciones ambientales muy variables.
También identificaron el riesgo de que surjan gases secundarios, como el metano, que pueden generar impactos ambientales.

El hallazgo principal es que aún no existen sistemas fiables para saber cuánta cantidad de dióxido de carbono queda fuera de la atmósfera, ni si todos los métodos son seguros para los ecosistemas marinos.
El informe lo resumió así: “Ningún método está maduro para usarse si no puedes verificar sus impactos ni el destino del carbono capturado o cuánto tiempo permanecerá fuera de la atmósfera”.
Desafíos, aprendizajes y el camino a seguir

Los investigadores recomendaron mantener como prioridad la reducción de emisiones directas y señalaron que, aunque el océano tiene potencial, aún quedan muchas pruebas por hacer.
Pidieron más experimentos y mejores sistemas de medición antes de aplicar estas técnicas a gran escala.
Advirtieron: “No sabemos todas las amenazas de estos métodos aún inmaduros, pero resulta difícil descartarlos solo porque son incómodos de analizar”.
El océano podría ser un aliado clave contra el cambio climático, pero solo la ciencia rigurosa, los controles sólidos y las reglas globales garantizarán que las tecnologías marinas sean verdaderamente útiles y seguras.
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