
Las playas del Mediterráneo comenzaron a mostrar con mayor frecuencia la presencia de pequeñas bolas esponjosas conocidas como “pelotas de Neptuno” o egagrópilas. Estas formaciones, compuestas por fibras de la planta marina posidonia oceánica, juegan un papel creciente en la captura y extracción de microplásticos, un problema ambiental de magnitud mundial. De acuerdo con investigaciones recientes, las praderas marinas no solo se destacan por su valor ecológico, sino también por su capacidad para atrapar residuos plásticos y expulsarlos fuera del mar.
Las pelotas de Neptuno surgen de las praderas de posidonia oceánica, una planta acuática que crece principalmente en el mar Mediterráneo hasta profundidades de 40 metros. De acuerdo con la explicación aportada por la Universidad de Barcelona, estas bolas esféricas se forman cuando las hojas de posidonia envejecen, se desprenden en otoño y, gracias a un alto contenido de lignina, se apelmazan hasta conformar estructuras compactas. A través de las corrientes marinas y las olas, estos aglomerados pueden desplazarse y acabar depositados en la costa.
De acuerdo a la profesora e investigadora Anna Sánchez-Vidal, de la Universidad de Barcelona, las praderas ralentizan la corriente del agua y atrapan tanto sedimentos como microplásticos. Este proceso natural contribuye a que los residuos plásticos queden retenidos dentro de las fibras de las pelotas de Neptuno, que posteriormente el mar arroja a las playas durante periodos de oleaje o tormentas.
Los microplásticos: un problema global
La amenaza del plástico en el mar aumentó a lo largo de las últimas décadas. Según los estudios citados por EFE, los microplásticos -partículas plásticas de menos de cinco milímetros- provienen de objetos cotidianos como bolsas, botellas y redes de pesca. Una parte importante de esta contaminación llega desde zonas terrestres a través de ríos y termina en los océanos.
Datos científicos estiman que cada año entre 1,15 y 2,41 millones de toneladas de plástico llegan a los mares por esta vía. El Mediterráneo es una de las cuencas más afectadas, siendo su fondo marino un sumidero importante de microplásticos. Conforme a los estudios dirigidos por Sánchez-Vidal, los herbazales de posidonia pueden capturar hasta 867 millones de fragmentos plásticos al año en aguas costeras de la región.
Entre 2018 y 2019, equipos científicos inspeccionaron las pelotas de posidonia oceánica recolectadas en cuatro playas de Mallorca, España: Sa Marina, Son Serra de Marina, Costa dels Pins y Es Peregons Petits. Según BBC, la mitad de las muestras contenían restos de plástico; algunas alcanzaron hasta 600 fragmentos por kilogramo, mientras que el 17% de las egagrópilas mostró concentraciones que llegaban a 1.470 piezas plásticas por kilogramo de fibras vegetales. Los expertos comprobaron que las bolas más compactas y pesadas eran más eficaces en la retención de residuos plásticos.

Impacto y límites de las pelotas de Neptuno
La función de las praderas de posidonia va más allá de la simple captura de plásticos. Estos ecosistemas marinos proporcionan servicios esenciales: mejoran la calidad del agua, absorben dióxido de carbono, brindan refugio y zona de cría para numerosas especies marinas, y protegen a las costas frente a la erosión. Según Ecomar, incluso las formaciones secas depositadas en la playa son vitales para la protección del litoral y el sostenimiento de la biodiversidad.
Sin embargo, tanto la Universidad de Barcelona como organizaciones ambientales subrayan que el fenómeno de las “pelotas de Neptuno” no puede considerarse una solución suficiente al problema del plástico marino. La acumulación de plástico en los océanos constituye un desafío de origen humano, relacionado con el uso masivo y desecho inadecuado de estos materiales. Conforme a las palabras de Sánchez-Vidal, las bolas de posidonia deben dejarse donde aparecen, pues aportan nutrientes y ayudan a estabilizar el ecosistema costero.
Pese al aporte ecológico de la posidonia, este hábitat enfrenta amenazas crecientes. De acuerdo a EFE, se documentó una pérdida global del 29% de la superficie ocupada por praderas marinas desde finales del siglo XIX. Entre los factores que explican el retroceso figuran la contaminación del agua, el desarrollo urbanístico costero, la proliferación de especies invasoras, el aumento del nivel del mar y el calentamiento oceánico.
El caso del Mediterráneo oriental es particularmente delicado, con elevadas presiones por contaminación industrial y olas de calor. Australia, donde habita la posidonia australis, enfrenta una situación parecida a pesar de los proyectos de conservación.

Esfuerzos de restauración y el papel de la prevención
Frente a este panorama, diversas iniciativas buscan restaurar las praderas en regiones críticas. En Baleares, España, el Bosque Marino de Red Eléctrica realiza labores para recuperar la posidonia en la bahía de Pollença. En Sicilia y Malta, el proyecto Posidonia Gardeners involucra a científicos y ciudadanos en la siembra de nuevas plantas submarinas. Sin embargo, los expertos advierten que replicar este ecosistema no es una vía directa para limpiar los océanos de plástico.
La verdadera solución, según científicos como Sánchez-Vidal, radica en reducir el vertido y la producción global de plásticos. Solo así será posible aliviar la presión sobre los sistemas marinos y garantizar la persistencia de la posidonia oceánica y su función protectora en los litorales.
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