
En las ciudades, el fenómeno de la isla de calor urbana representa un desafío ambiental creciente, sobre todo en áreas densamente pobladas. Este efecto, que describe el aumento de temperatura en zonas urbanas respecto a sus alrededores rurales, se asocia a la transformación de superficies naturales en materiales impermeables y a la concentración de actividades humanas.
Un estudio científico publicado en City and Environment Interactions aporta una perspectiva novedosa: el papel de los autos estacionados en la intensificación del calentamiento en estas áreas. Los resultados, obtenidos a partir de mediciones en la ciudad de Lisboa, sugieren que los vehículos modifican de forma significativa las propiedades térmicas de las superficies urbanas, especialmente en sectores densamente edificados.
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¿Cuál es el impacto de los autos estacionados en el calentamiento urbano?
El trabajo destaca que los autos estacionados alteran el balance térmico y radiativo de las calles. A diferencia de los edificios o el asfalto, los vehículos están compuestos por materiales como acero y aluminio, que presentan una alta conductividad térmica y una baja inercia térmica debido a su delgadez.
La conductividad térmica indica qué tan rápido un material transmite el calor, por lo que si es alta, como en este caso, significa que transfiere la energía fácilmente. Por su parte, la inercia térmica refleja la capacidad de un material para resistir cambios de temperatura. Si es baja, el material se calienta o enfría con rapidez. Esto provoca que los autos se calienten y enfríen rápidamente, lo que genera “puntos calientes” transitorios en el entorno urbano.
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Para evaluar este efecto, los investigadores realizaron mediciones el 23 de julio de 2024 en el campus de la Universidad de Lisboa. Se estacionaron dos autos, uno blanco y otro negro, sobre asfalto y se expusieron al sol durante más de cinco horas antes de las mediciones.
Las condiciones ambientales eran de alta radiación solar y una temperatura de 36 °C. Las mediciones mostraron que, sobre el techo del auto negro, la temperatura del aire superó en hasta 3,8 °C la registrada sobre el asfalto cercano, mientras que en el caso del auto blanco, la diferencia fue aproximadamente 1 °C menor. En algunos puntos alrededor del auto blanco, la temperatura incluso resultó inferior a la del entorno.
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Estos resultados confirman que el color del vehículo y su capacidad para reflejar o absorber radiación solar, conocida como albedo, influye directamente en el microclima urbano. El albedo es la fracción de radiación solar que una superficie refleja: los autos blancos presentan un albedo alto (entre 0,75 y 0,85), lo que significa que reflejan la mayor parte de la radiación, mientras que los autos negros tienen un albedo muy bajo (0,05 a 0,10), por lo que absorben casi toda la energía solar que reciben y se calientan.

A escala urbana, el estudio estima que en Lisboa circulan diariamente más de 700.000 vehículos, de los cuales más de 342.500 pertenecen a residentes. La ciudad cuenta con 91.000 plazas de estacionamiento, y en las zonas más densamente edificadas, los autos estacionados pueden ocupar hasta el 10% de la superficie vial. En estos sectores, el color de los vehículos puede modificar de manera significativa la cantidad de radiación solar absorbida por las calles e intensificar el efecto de isla de calor urbana.
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¿Cómo se llevó a cabo el estudio?
El equipo de investigación realizó mediciones de temperatura del aire en diferentes puntos alrededor de dos vehículos de colores opuestos, estacionados en condiciones controladas sobre asfalto. Se utilizó un termómetro portátil y una estación meteorológica móvil para registrar la radiación, el viento y la temperatura a distintas alturas y distancias respecto a los autos.
Además, el estudio analizó datos de tráfico y estacionamiento en Lisboa, obtenidos de fuentes municipales y de diversas plataformas, para estimar la distribución espacial y temporal de los vehículos en la ciudad. Se asumió que cada auto ocupa un área de 8 m² y se calculó el porcentaje de superficie vial cubierta por autos estacionados en diferentes sectores urbanos.
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Entre los tecnicismos empleados, el albedo se refiere a la fracción de radiación solar que una superficie refleja: un valor alto indica mayor reflexión y menor absorción de calor. Los autos, al estar compuestos por metales con alta conductividad y baja capacidad calorífica en capas delgadas, responden rápidamente a la radiación solar, a diferencia del asfalto, que almacena y libera calor de manera más gradual.

El análisis de los datos permitió identificar que la mayor parte del impacto térmico de los autos estacionados se concentra en las áreas de mayor densidad urbana, donde la cobertura de vehículos sobre la superficie vial es más significativa. Los autores reconocen que el estudio se basa en mediciones puntuales y que sería necesario ampliar la investigación para capturar la variabilidad estacional y diaria del fenómeno.
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Recomendaciones y estrategias para mitigar el efecto de los autos estacionados
A partir de los hallazgos, el estudio propone varias estrategias para reducir el impacto térmico de los autos estacionados en las ciudades. Entre las recomendaciones destacan la restricción del estacionamiento en zonas identificadas como puntos críticos de calor, la promoción de vehículos de colores claros y el uso de recubrimientos reflectantes en la fabricación de autos.
Desde la perspectiva de la gestión del calor, los vehículos de color claro son preferibles, ya que su impacto es menor. Además, la construcción de estructuras de sombra en estacionamientos abiertos puede ayudar a reducir la exposición solar y, por tanto, la acumulación de calor en las superficies urbanas. Otras medidas complementarias incluyen el uso de pavimentos de alta reflectancia, la plantación de árboles en calles y la incorporación de infraestructuras verdes, como techos vegetados y corredores urbanos, para aumentar la sombra y la ventilación.
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Los expertos también señalan que, aunque los vehículos eléctricos emiten menos calor residual que los de combustión, sus materiales y superficies siguen contribuyendo al efecto térmico urbano. Por ello, la transición hacia flotas de autos eléctricos representa una oportunidad para estandarizar recubrimientos de alto albedo y baja emisividad desde la etapa de diseño y fabricación.
Considerar el papel de los autos estacionados y sus características físicas en el diseño urbano resulta esencial para enfrentar el desafío del calentamiento en las ciudades. El estudio enfatiza la importancia de integrar regulaciones, innovaciones tecnológicas y la participación comunitaria para avanzar hacia entornos urbanos más sostenibles y resistentes al calor.
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