
Ecuador cuenta desde el 31 de julio de 2025 con un nuevo Corredor de Conectividad, el Palora–Pastaza, que se extiende por más de 316 mil hectáreas entre las provincias de Morona Santiago y Pastaza. Este corredor se integra al sistema nacional de conectividad ecológica, con el fin de preservar ecosistemas estratégicos de la Amazonía y garantizar la supervivencia de especies emblemáticas como el jaguar, el tapir de montaña y el oso andino. La medida fue adoptada por el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE), como parte de una política orientada a reducir la fragmentación del paisaje, promover el desarrollo sostenible y enfrentar los impactos del cambio climático.
El Corredor Palora–Pastaza conecta el Parque Nacional Sangay con territorios de pueblos indígenas Shuar, Achuar y Kichwa, abarcando altitudes entre los 358 y 1.700 metros sobre el nivel del mar. De acuerdo con el boletín oficial del MAATE, este espacio permitirá beneficiar directamente a más de 2.000 personas mediante la implementación de proyectos de bioeconomía, producción sostenible y fortalecimiento de prácticas ancestrales de manejo del territorio.
El proceso de reconocimiento del corredor fue precedido por una consulta libre, previa e informada, llevada a cabo desde 2023, que involucró a los gobiernos provinciales de Pastaza y Morona Santiago, seis municipios amazónicos, organizaciones indígenas locales y entidades de cooperación internacional como CI-Ecuador, World Wildlife Fund (WWF), Fundación EcoCiencia, Kolibria y Re:wild. Estas organizaciones participaron en la identificación técnica de las rutas de conectividad, considerando variables ecológicas como la cobertura boscosa, la topografía y las presiones antrópicas derivadas de la infraestructura vial.

A diferencia de un área protegida tradicional, un corredor de conectividad no implica restricciones absolutas al uso del suelo. Se trata de una figura que busca integrar la conservación de la biodiversidad con el uso sostenible del territorio, en coordinación con las comunidades locales. En el caso del Corredor Palora–Pastaza, el 84 % de su superficie corresponde a territorios indígenas, lo que convierte al proyecto en una apuesta por el fortalecimiento de los derechos colectivos, el reconocimiento de los saberes ancestrales y la defensa de los modos de vida sostenibles de las nacionalidades amazónicas.
El corredor permitirá conservar el hábitat de al menos 1.910 especies de animales y 2.600 de plantas, muchas de ellas amenazadas o endémicas. Entre las especies de fauna más destacadas se encuentran el jaguar (Panthera onca), el tapir de montaña (Tapirus pinchaque), el oso andino (Tremarctos ornatus), el oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla), el mono lanudo (Lagothrix lagothricha), el tucán pico canalizado y el águila andina (Spizaetus isidori), considerada una de las aves rapaces más vulnerables de América del Sur.
Este corredor forma parte del proyecto Corredores de Conectividad Amazónica, impulsado por el MAATE y CI-Ecuador, con el respaldo del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés), en el marco del Programa Paisajes Sostenibles de la Amazonía. Esta iniciativa regional busca conservar al menos 73 millones de hectáreas de bosque amazónico a través de modelos de gobernanza participativa, conectividad ecológica, manejo sostenible de recursos y reducción de emisiones por deforestación y degradación forestal (REDD+).

Con el reconocimiento del Corredor Palora–Pastaza, Ecuador suma ya cinco corredores de conectividad formalmente establecidos en su territorio. Esta política se alinea con los compromisos internacionales del país en materia ambiental, incluidos el Convenio sobre la Diversidad Biológica, el Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente los vinculados con la acción climática, la vida terrestre y la reducción de desigualdades.
El Gobierno Nacional ha resaltado que estos mecanismos no solo permiten proteger la riqueza natural del país, sino que también son una herramienta para consolidar modelos de desarrollo sustentables e interculturales, en los que los pueblos indígenas desempeñan un rol central como guardianes del territorio. Las acciones de conservación lideradas por las comunidades buscan, además, preservar el equilibrio ecológico de los ecosistemas amazónicos, vitales para la regulación del ciclo hidrológico, la captura de carbono y la estabilidad climática regional y global.
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