
Los días del glaciar de las Oulettes de Gaube, antaño una inmensa masa de hielo en los Pirineos (suroeste de Francia), están contados y su ineluctable desaparición alterará para siempre el paisaje local.
Los derrumbes debido al calentamiento global son cada vez más frecuentes. En 2050 no habrá más glaciares en las montañas de los Pirineos.
Como de costumbre, el glaciólogo Pierre René asciende hasta el refugio de las Oulettes situado a 2.150 m de altitud. Acompañado por Mathieu Crépel, campeón del mundo de snowboard y originario de la región, atraviesa parajes verdes y se cruza con rebecos y marmotas, cuya tranquilidad es apenas perturbada por los excursionistas.
El día anterior, un grupo de catorce jóvenes se asustó cuando algunas piedras cayeron en su camino.
“Los glaciares en los Pirineos desaparecerán por completo. No tenemos la fecha exacta, pero es una certeza porque el aumento global de las temperaturas es muy rápido”, asegura Pierre René, después de dar un vistazo a una cueva de hielo natural.

¿Qué pasará con esta montaña cuando los glaciares se derritan completamente bajo la presión del calentamiento global?
“Una de las primeras consecuencias es una transformación irreversible del paisaje”, explica, añadiendo que los derretimientos son un “reflejo de lo que ocurre a nivel climático”.

A solo 2.400 m de altitud -cuando los glaciares no aparecen generalmente por debajo de los 3.000 m-, el glaciar de los Oulettes sobrevive en el macizo de Vignemale, protegido del sol. Pero se derrite incansablemente.
Deber de memoria
“Desde 1850 perdió casi 600 metros de longitud, que es más de la mitad de su tamaño. Y desde 1980, su disminución de longitud se aceleró debido al aumento global de la temperatura”, constata el glaciólogo.

“Durante los últimos veinte años observé la división por dos del número de glaciares en los Pirineos. Pero también la división a la mitad de la superficie total de estos hielos pirenaicos”, añade.
Según el experto, alrededor de la mitad del siglo XIX había un centenar de glaciares en los Pirineos. Hoy, unos veinte desaparecieron, llevándose consigo una parte de la biodiversidad.
“En invierno, el glaciar se hace más grueso por la acumulación de nieve que, al compactarse, con los años se convierte en hielo. En verano, las temperaturas positivas derriten el glaciar. Si el cúmulo de nieve del invierno se derrite, la reserva comienza a fundirse y entramos en un déficit anual del glaciar, que ‘vive a crédito’ y disminuye de volumen”, analiza Pierre René.

En 2022, la fundición alcanzó un nivel récord, completando el desprendimiento de dos placas bajas iniciadas 15 años antes.
Amante de la montaña, Mathieu Crépel siente una gran tristeza al observar la disminución de los glaciares. Invoca un “deber de memoria para las generaciones futuras” y sobre todo incita a no desertar la montaña.
“Hay que intentar conectar con nuestro entorno, aprender a amarlo y respetarlo al máximo. Es importante comprender lo que está en juego para adaptarse mejor”, subraya.
El año pasado realizó la ascensión de Vinhamala, una vía de montañismo de 900 metros cerca del glaciar de Oulettes, del que hizo una película para dar testimonio de “un paisaje que cambia”.
(Con información de AFP)
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