La COP26 adoptó un tímido acuerdo para acelerar la lucha contra el cambio climático

El “Pacto de Glasgow”, de todas formas, no alcanza el objetivo más ambicioso del acuerdo de París de 2015: limitar el calentamiento de la Tierra a 1,5 grados centígrados. Los organizadores reconocieron que el acuerdo, muy disputado, no es suficiente

El presidente de la COP26, Alok Sharma, habla en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow, Escocia, Gran Bretaña, el 13 de noviembre de 2021. REUTERS/Yves Herman
El presidente de la COP26, Alok Sharma, habla en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow, Escocia, Gran Bretaña, el 13 de noviembre de 2021. REUTERS/Yves Herman

Los agotados negociadores de casi 200 países alcanzaron el sábado un acuerdo destinado a impulsar al mundo hacia una acción climática más urgente, pero sin ofrecer el avance transformador que, según los científicos, debe producirse si la humanidad quiere evitar el desastroso calentamiento del planeta. Así, casi 200 países aprobaron este sábado en la COP26 acelerar la lucha contra el cambio climático y esbozar las bases de una futura financiación, sin garantizar sin embargo el objetivo de limitar el aumento de la temperatura mundial a +1,5ºC.

El “Pacto de Glasgow “por el Clima propone que los Estados miembros presenten a finales de 2022 nuevos compromisos nacionales de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero, tres años antes de lo previsto, aunque “teniendo en cuenta las diferentes circunstancias nacionales”.

La aprobación del acuerdo quedó deslucida por la oposición de último minuto de India y China a un párrafo sobre la necesidad de eliminar la dependencia del carbón, y para acabar con los subsidios a los combustibles fósiles.

Con 24 horas de retraso sobre la agenda, la COP26 aprobó un texto que obliga a los países a reforzar los objetivos climáticos a corto plazo y a abandonar los combustibles fósiles con mayor rapidez. Insiste en que los países ricos cumplan una promesa incumplida de ayudar a las naciones vulnerables a hacer frente a los crecientes costes del cambio climático. Y abre la puerta a futuros pagos de los países desarrollados por los daños ya causados. abre el paso a consultas formales para crear fondos de financiación y para estudiar posteriormente los daños y pérdidas de los países más vulnerables.

El documento no contiene fechas exactas, ni montos. “Lo que este texto está intentando hacer es tapar agujeros y echar a andar un proceso”, en especial en el tema de las finanzas para adaptación a los efectos del cambio climático, es decir para prepararse ante lo que viene, explicó Helen Mountford, del World Resources Institute.

“Es tímido, es débil y el objetivo de 1,5ºC apenas sigue vivo, pero se manda una señal de que la era del carbón está acabando. Y eso es importante”, reaccionó por su parte Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace.

“La diferencia entre 1,5 y 2 grados es una sentencia de muerte para nosotros”, dijo en la cumbre Aminath Shauna, ministro de Medio Ambiente, Cambio Climático y Tecnología de Maldivas. “Lo que es equilibrado y pragmático para otras partes no ayudará a Maldivas a adaptarse a tiempo. Será demasiado tarde”.

Los países en vías de desarrollo, los más afectados por el calentamiento del planeta, pelearon hasta el final con uñas y dientes para lograr avances en materia de dinero, con un resultado discreto.

Las decisiones de la COP se logran por consenso, y Glasgow no fue una excepción, con exhaustivas negociaciones hasta el último minuto en la misma sala de la asamblea plenaria, con los delegados de pie, documento en mano.

El enviado especial de Estados Unidos, John Kerry, su homólogo chino, Xie Zhenhua, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, iban y venían, saltaban de un grupo a otro, sobre un texto que finalmente fue aceptado a regañadientes, aunque con duras críticas de parte de India.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, el enviado de Estados Unidos para el clima, John Kerry, y el negociador jefe de China para el clima, Xie Zhenhua, caminan durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow, Escocia, Gran Bretaña, el 13 de noviembre de 2021. REUTERS/Phil Noble
El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, el enviado de Estados Unidos para el clima, John Kerry, y el negociador jefe de China para el clima, Xie Zhenhua, caminan durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow, Escocia, Gran Bretaña, el 13 de noviembre de 2021. REUTERS/Phil Noble

Los organizadores reconocieron que el acuerdo, muy disputado, no es suficiente. Pero argumentaron que los avances logrados aquí, combinados con los nuevos compromisos para detener la deforestación y reducir las emisiones de metano, un potente gas de efecto invernadero, crean una hoja de ruta hacia un futuro más seguro y “mantienen vivo el 1,5″.

“Todos somos muy conscientes de que, colectivamente, nuestra ambición y acción climática hasta la fecha se han quedado cortas respecto a las promesas hechas en París”, dijo el sábado a los delegados Alok Sharma, ministro de Estado británico y presidente de las conversaciones de Glasgow.

Aspectos controvertidos

El pacto “urge a los países desarrollados a duplicar como mínimo sus contribuciones colectivas para la adaptación de los países en desarrollo, en base a los niveles de 2019, de aquí a 2025″.

Los bancos multilaterales deberán colaborar en la tarea, y el texto también pide “políticas innovadoras” para atraer los capitales privados.

Pero los países ricos no han podido regularizar los 100.000 millones de dólares anuales que supuestamente tenían que recibir los países vulnerables desde 2020. Y esa cifra era tan solo una base. El texto reconoce y “lamenta profundamente” esa situación, que urge remediar de aquí a 2025.

Los países en desarrollo quieren que el dinero que vayan a recibir a partir de ahora sea, en líneas generales, repartido a partes iguales en mitigar el cambio climático (reducir las emisiones de gases de efecto invernadero) y en adaptarse a lo que se viene (por ejemplo, mediante presas, diques en las costas, etc).

“Por primera vez se acordó un objetivo de financiación para la adaptación”, se felicitó Gabriela Bucher, de Oxfam.

Alarmismo de los científicos

Las compensaciones por daños y pérdidas es un capítulo especialmente controvertido, puesto que concierne a Estados, grandes multinacionales (como las petroleras) y aseguradoras.

El pacto “decide establecer el Diálogo de Glasgow (...) para discutir los preparativos para financiar las actividades con el fin de evitar, minimizar y remediar los daños y pérdidas”. Ese diálogo debe culminar en 2024.

Finalmente, en los debates sobre los combustibles de origen fósil, que nunca han sido denunciados de forma explícita en los documentos oficiales de estas conferencias, el final fue controvertido.

El ministro de Medio Ambiente indio, Bhupender Yadav, defendió que las naciones menos industrializadas, con poca responsabilidad histórica en el calentamiento global, tienen “derecho a su parte justa del presupuesto global de carbono y tienen derecho al uso responsable de los combustibles fósiles”.

“¿Cómo se puede esperar que los países en desarrollo hagan promesas de eliminar el carbón y las subvenciones a los combustibles fósiles?”, clamó.

A propuesta de India, el texto menciona finalmente la necesidad de acabar con los “subsidios ineficientes para los combustibles fósiles”, pero de nuevo, prestando atención a “circunstancias nacionales particulares”.

Desde el Acuerdo de París de 2015, el alarmismo ha crecido y el mundo se dirige a una situación “catastrófica” si no se toman medidas drásticas, insisten los científicos.

El objetivo fijado en París hace seis años era que el aumento de la temperatura media global no llegue a +2 ºC, e idealmente se sitúe en un máximo de 1,5 ºC.

Las conversaciones de Glasgow se desarrollaron en un mundo ya irremediablemente alterado por las emisiones humanas. Un informe histórico de la ONU publicado en agosto reveló que las temperaturas globales están aumentando a un ritmo sin precedentes desde la caída del Imperio Romano. La última vez que el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera aumentó tanto y tan rápido fue hace 66 millones de años, cuando un meteorito destruyó a los dinosaurios.

“Las campanas de alarma son ensordecedoras”, dijo el secretario general de la ONU, António Guterres, calificando los hallazgos como “un código rojo para la humanidad”.

Las advertencias científicas parecían casi superfluas en medio de un año de huracanes monstruosos, incendios forestales furiosos y olas de calor mortales. Estas crisis han costado a los países cientos de miles de millones de dólares y miles de vidas.

La reunión también tuvo como telón de fondo la pandemia de coronavirus, que ya la había retrasado un año. Los delegados de la “zona azul” enclaustrada se sometieron a pruebas diarias. Los miles de asistentes llevaban máscaras. El acceso a las salas de reuniones estaba restringido, lo que enfureció a los activistas que normalmente pueden observar estos procedimientos. Y la tensión latente sobre el impacto desigual de la pandemia en el mundo alimentó la presión de los países en desarrollo para obtener más ayuda de las partes más ricas del mundo.

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