
Joe Biden ganó el año pasado las elecciones en el crucial estado de Virginia por más de 10% de ventaja. Pero el entusiasmo de los demócratas en esta tierra conservadora a las puertas de Washington D.C. duró muy poco. Este miércoles, los republicanos se hicieron con la gobernación de Virginia por primera vez en más de una década. Eligieron al empresario Glenn Youngkin y lo hicieron con una fórmula que explotó las vulnerabilidades de Biden y evadió la sombra de Donald Trump en los estados de tendencia demócrata.
Otra noticia agridulce para los demócratas vino de New Jersey. Allí, Biden ganó por 16 puntos de ventaja, pero este año el gobernador Philip Murphy obtuvo la reelección por menso de 20 mil votos frente a una muy buena oposición del aspirante republicano poco conocido, Jack Ciattarelli. En porcentajes, un 50.03% contra el 49,22%.
Youngkin, de 54 años, un millonario ex ejecutivo de capital privado que se presentó por primera vez a un cargo público, basó su campaña en la participación de los padres en la educación y la baja de los impuestos. También se presentó como un hombre de familia suburbano y de esta manera se diferenció de la figura de Trump sin decirlo abiertamente. Derrotó al ex gobernador Terry McAuliffe, un demócrata que intentó generar entusiasmo entre los liberales en un momento en que los conservadores están energizados en la oposición a Biden.

Precisamente, el presidente regresó de su viaje a las cumbres del G-20 y la COP26 con una recepción amarga ante la inestable situación política de su partido. Con sus índices de aprobación a la baja y los republicanos ansiosos por recuperar el control del Congreso, el presidente se enfrenta a un panorama incierto ante sus ambiciosos proyectos de un plan social integral y otro de infraestructura que podrían definir sus primeros cuatro años en la Casa Blanca. Se encuentra con una férrea oposición dentro de su propio partido. Dos senadores, Kristen Sinema de Arizona y Joe Manchin de Virginia Occidental, ambos muy comprometidos con las industrias del carbón y el petróleo, se niegan a aprobar las leyes como fueron enviadas al Capitolio y ya rebajaron la financiación de las mismas de 3,5 billones de dólares a 1,85 billones de dólares.
“Las circunstancias en las dos elecciones a gobernador prácticamente confirmaron el colapso de la coalición que impulsó a los demócratas al poder durante la administración de Donald Trump y a Joe Biden a la presidencia en 2020. Tras las elecciones, surgieron nuevas dudas en el partido sobre la capacidad de Biden para impulsar su agenda doméstica y repeler los nuevos ataques que los republicanos han abierto en los frentes de la cultura, especialmente sobre las escuelas. Parecía necesaria una nueva estrategia sobre las prioridades y estrategias del partido”, escribió Sean Sullivan en el Washington Post.
Se estima que 3,3 millones de personas acudieron a votar en Virginia, superando fácilmente a los votantes de las dos últimas elecciones a gobernador. A los ojos de los demócratas, eso reflejó un entusiasmo alarmantemente alto en los bastiones conservadores y un cambio preocupante en el tipo de áreas suburbanas que impulsaron sus victorias en 2018 y 2020. “Una gran participación republicana y los suburbios vuelven a donde estaban antes de Trump”, dijo Jared Leopold, un ex portavoz de la Asociación de Gobernadores Demócratas. “Creo que el tema de la educación más conservadora contribuyó en gran parte a que esto suceda.”

Youngkin hizo suyo un reclamo de los sectores más conservadores y religiosos que exigen tener el control de lo que sus hijos aprenden en las escuelas y muchos propician directamente la educación en sus propias casas. Aunque no va a ser tan fácil para el nuevo gobernador introducir un cambio inmediato para los estudiantes de Virginia. Para conceder a los padres una mayor capacidad de decisión sobre lo que enseñan los profesores o cómo lo hacen, Youngkin tendría que reformar toda la estructura de la educación pública de su estado, que ahora está determinada por normas estatales y consejos escolares elegidos que representan a todos los residentes de un distrito, no sólo a los padres. Además, el gobernador electo Youngkin se enfrentará a un Senado estatal donde los demócratas siguen teniendo el control.
De todos modos, Youngkin -cuyos hijos asisten a escuelas privadas muy onerosas o se graduaron en ellas- utilizó el tema de la educación pública, explotando la ira entre muchos padres conservadores que insisten en que sus hijos están siendo adoctrinados con la teoría de la evolución o del racismo sistemático y no les imparten religión. Lo curioso es que ninguna de esas teorías se enseñan en las escuelas públicas de Virginia. Sin embargo, las discusiones sobre qué y cómo deben enseñar los educadores sobre la raza, el racismo y la historia de Estados Unidos llegaron a dominar la campaña.
Varios estrategas demócratas que participaron de paneles de discusión en las cadenas de noticias estadounidenses coincidieron en que para contrarrestar lo ocurrido en Virginia -la fuerte energía antidemocrática y anti-Biden que lleva a la base conservadora y a los independientes de los suburbios a votar por los republicanos- el partido necesita mejorar significativamente su discurso económico, comprometerse con los votantes jóvenes, los negros e hispanos y las mujeres menores de 50 años de forma más efectiva de lo que lo han hecho este año y renovar los esfuerzos para presentar una lista de candidatos más diversa. “Si no hay una razón económica para votarnos, no hay razón para votar a los demócratas”, dijo el encuestador demócrata Josh Ulibarri a la CNBC. Otros apuntan a que el candidato demócrata no fue el adecuado para este momento. “Siguen pensando como si estuviéramos en los años 50 donde un desarrollista blanco de mediana edad y conexiones con los sindicatos puede representar a los demócratas. Si no piensan en las minorías, en las mujeres, en la diversidad y en los temas que preocupan hoy a los más jóvenes, no van a poder consolidarse en el poder”, dijo una votante independiente al diario Richmond Times Dispatch.
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