La semana de la moda de Nueva York consagró a una modelo embarazada como la nueva referente de las pasarelas, todo tras entrar en trabajo de parto mientras lucía las últimas creaciones de la todopoderosa Rihanna.

Slick Woods se autodefine en su perfil de Instagram, donde ya lleva acumulados casi 800.000 seguidores, como una "astronauta, chica mala y llorona" que, casi sin proponérselo, se ha convertido en un símbolo del empoderamiento femenino en la era post #MeToo, donde algo tan sagrado como el poder de concebir a otro ser humano dejó finalmente de ser un tema tabú en el mundo de la moda.

"Hiciste de la inclusión algo cool y eso es algo revolucionario" compartió Woods en un mensaje dirigido a la cantante convertida en diseñadora, gracias a sus exitosas colaboraciones con firmas como Puma, además de haber creado su propia línea de maquillajes Fenty Beauty.

La modelo afroamericana acaba de dar a luz a su primer hijo Saphir mientras atraviesa su mejor momento profesional, pero su pasado reciente cuenta una historia muy distinta.

Nacida como Simone Thompson en la ciudad de Minneapolis, Woods pasó gran parte de su infancia cambiando de hogar y tutores, luego de que su madre fuera puesta tras las rejas tras cometer homicidio involuntario cuando Slick tenía solo cuatro años.

A los 18 años, fue la propia Woods la que acabaría en prisión por llevar adelante una infinidad de estafas que involucraron cheques en blanco además de fraude bancario y con tarjetas de crédito.

Luego de ser puesta en libertad, Woods vivió en la calle hasta que fue descubierta por un modelo británico de nombre Ash Stymest, tras ofrecerle comprar marihuana en una parada de autobús.

Tiempo más tarde fue el propio Kanye West, el influyente rapero y diseñador de las zapatillas deportivas más deseadas del momento, quien la catapultó a la fama tras prácticamente obligarla a abrirse una cuenta de Instagram.

"¿Cómo que no tienes Instagram? Con razón todavía no eres modelo. Descárgalo y ponlo en tu teléfono ya" le rogó a Woods el marido de Kim Kardashian al momento de conocerla.

"Admito que odio mi trabajo, pero no estoy haciendo nada que no quiera. No voy a decirles que estar sentada en esta sala es agotador, no lo es. Lo que odio es la idea de mi trabajo, mucho. Pero mientras sea tratada como un ser humano, todo estará bien" compartió Woods sobre su oficio, en diálogo con la revista Elle.

"Cuando voy a París y veo las molduras en esos edificios, se me caen las lagrimas de los ojos. Otras chicas simplemente se sientan a ver sus teléfonos, es casi patético" agregó la influencer que fue nombrada por Mercedes-Benz como "visionaria cultural".

A pesar de ser la cara de Moschino, Marc Jacobs y Calvin Klein, Woods ha sido víctima esta semana de incontables ataques en redes sociales, muchos con claras alusiones racistas, que pusieron en tela de juicio su belleza no tradicional, en una industria que sigue valorando a los rasgos europeos como el ideal a seguir.

A los 21 años, Woods sigue demostrándole al mundo que no cambiará su esencia para ajustarse a los anticuados moldes que finalmente están comenzando a ser cuestionados por mujeres empoderadas de todo el mundo.

"Modelo para tener una plataforma y uso esta plataforma para hacer lo que se me antoje. Básicamente, soy quienquiera, soy todos y nadie a la vez" concluyó Woods.