Los hijos de parejas de lesbianas no se diferencian de los que crecieron con mamá y papá.

Lo dice un estudio iniciado en 1987 por la psiquiatra Nanette Gartrell, académica de la Escuela de Leyes de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), seguido desde entonces con un grupo de familias en las ciudades de Boston, San Francisco y Washington, y recién publicado en la revista New England Journal of Medicine.

Gartrell y su equipo reclutaron 84 parejas, y ahora 77 de aquellos bebés concebidos con donaciones de semen y criados en hogares con dos mamás rondan los 25 años.

Conclusión: los hijos de parejas de lesbianas no tienen más problemas emocionales ni de conducta que una muestra representativa de hombres y mujeres de su misma edad criados por parejas heterosexuales.

Las relaciones con sus respectivas esposas y esposos, familiares y amigos funcionan al mismo nivel. Y no han sido más propensos a que les diagnostiquen trastornos psiquiátricos que los adultos jóvenes criados por parejas heterosexuales.

La única diferencia es la preferencia sexual, no de sus padres, como suele decirse, sino de sus madres.

En dos fases anteriores de la investigación, cuando los niños tenían 10 y 17 años, los resultados habían sido semejantes: están bien. Pero faltaba la prueba de fuego, cuando remontaran la adolescencia, llegaran a la adultez y comenzaran a formar sus propias familias.

Cuando empezamos a reclutar madres potenciales para el estudio, le dijo Gartrell a Los Angeles Times, los pronósticos eran tan inciertos como la existencia misma de la investigación.

Según ella, entonces los tribunales estaban empezando, y ya desde los años 70, a lidiar con casos de parejas lesbianas que querían adoptar hijos.

Los jueces pedían hacer con urgencia estudios científicos sobre el desarrollo de niños que crecieran en esas condiciones, y a todo el mundo le parecía formidable la idea, pero nadie estaba dispuesto a meter la mano en el bolsillo para pagar las investigaciones.

Sobre todo, teniendo en cuenta que se trataba de años y décadas de estudio.

Los bancos de esperma flexibilizaron sus regulaciones y las parejas de lesbianas empezaron a tener hijos no sólo adoptados. Eran los años en que esas madres temían que se los quitaran, y por eso costaba trabajo convencerlas para que se expusieran a un medio científico y a hacer más visible su vida privada.

El 92% de las familias reclutadas inicialmente han seguido estando disponibles para cada fase de la investigación, incluyendo la más reciente, que ha dado estos resultados.

Andrew Cherlin, sociólogo de la Universidad Johns Hopkins y autor de investigaciones sobre el desarrollo de niños de padres divorciados, le dijo a Los Angeles Times que los resultados del estudio de Gartrell y su equipo coinciden con muchos de los que conoce, pero que, considerando que el 91% de las parejas que reclutó están formadas por personas de la raza blanca con alto nivel de educación, "necesitamos saber más" sobre niños criados por padres homosexuales de minorías y con bajo nivel escolar.