Nirmal Purja pasó en silencio por Argentina: la leyenda viviente del alpinismo que es éxito de Netflix y fanático de los asados

El nepalí regresó a Mendoza en estos días para una expedición en el Aconcagua. En 2019, en una proeza que quedó retratada en un documental, había estremecido al mundo del montañismo al hacer cumbre en tiempo récord en los 14 picos por encima de los 8 mil metros. Y tiene más objetivos para el futuro

Matías San Pedro, Víctor Herrera y Nirmal Purja, en el hotel en Mendoza
(Gentileza Mallku Expediciones)
Matías San Pedro, Víctor Herrera y Nirmal Purja, en el hotel en Mendoza (Gentileza Mallku Expediciones)

Detrás de la leyenda hay un hombre que parece común. Uno que se olvida por un buen rato de su profesionalismo y sus obsesiones y se prende en el canto con las guitarras, mientras percibe el olor del asado que está por comer con voracidad junto al resto del grupo. Algún desprevenido podría creer que esa persona de sonrisa permanente, que reparte abrazos en el campamento en plena montaña, es una más. Está muy lejos de serlo.

La gran estrella del alpinismo mundial estuvo en el presente enero en Argentina, sin tanto ruido como ocurriría si eso se diera en otros deportes de consumo más masivo. El nepalí Nirmal Purja, el mismo que hizo historia al escalar en tiempo récord los 14 picos por encima de los 8 mil metros que existen en el mundo (la hazaña que se cuenta en el exitoso documental de Netflix “14 Peaks”, traducida al español como “Los 14 ochomiles: No hay nada imposible”), escribió en Mendoza, adonde ya había viajado en otras oportunidades, un nuevo capítulo de su intensa vida.

Llegó al país al mando de un grupo con algunos turistas experimentados en el montañismo y otros que no, para escalar el Aconcagua, una de las Siete Cumbres y el pico más alto del mundo fuera de Asia. “Para él, desde lo deportivo no implica un desafío importante. Podría hacer de un tirón sin despeinarse el camino desde Plaza de Mulas hasta la cumbre, bajar y después andar de paseo. Pero ahora su desafío es que lleguen todos los que vienen con él, porque hay todo tipo de gente”, le cuenta a Infobae el mendocino Víctor Herrera, que trabaja en Mallku Expediciones, la empresa que aportó la logística del grupo.

“Me encanta Argentina, tiene una gran vibra”, comentó en uno de sus posteos en redes sociales Nims, tal como se lo conoce en el mundo del alpinismo. También subió fotos de asados suculentos a sus historias de Instagram, con el mensaje: “Por esto es que soy guía en Argentina”.

Más allá de su alegría de estos días, también dejó ver que la difícil situación económica del país no le era indiferente. “Acá no ganamos dinero, pero creamos amistades a largo plazo y oportunidades de trabajo, algo que es muy importante después de que aquí no hubiera actividad en 2020. Cuando uno de los trabajadores se me acercó y me dijo: ‘Nimsdai, gracias por darnos trabajo’, fue toda una satisfacción”, contó.

Nims no olvida sus orígenes humildes en Nepal, donde empezó desde muy chico a mostrar su vocación por cruzar los límites, algo que en esos momentos le daba más problemas que alegrías. “No había un solo día en que una maestra no me castigara”, comentaría ya adulto, entre risas.

Nirmal contó en las historias de Instagram una de las principales razones por las que viaja a Argentina: la carne
Nirmal contó en las historias de Instagram una de las principales razones por las que viaja a Argentina: la carne

Matías San Pedro, que estuvo codo a codo con Nims durante la expedición, vio con algo de sorpresa cómo le daba el gusto a cada uno de los muchos que le pedían una foto. Y al mismo tiempo cómo, con humildad, rechazaba las comparaciones con Diego Maradona que le dedicaban sus compañeros de ruta.

Matías y Víctor vivieron con alegría pero también con algo de estrés estos días en los que todo debía estar a la perfección para que el ilustre visitante supiera que no había fallado al elegirlos. Porque el mismo nivel de exigencia que se autoimpone para su vida, lo quiere para sus emprendimientos. “Él nos preguntaba cuánta carne se preveía por persona para un asado y, cuando le decíamos medio kilo, pedía que hubiera un kilo y medio. Que sobrara lo que tenía que sobrar”, comenta entre risas Matías.

A esta altura parece mentira que Nirmal haya escalado por primera vez una montaña recién en 2012. Una vez que comenzó, se dio cuenta de que había nacido para eso y no le importaron ni siquiera los ruegos de su hermano mayor para que siguiera unos años en las Fuerzas Especiales del Ejército de Gran Bretaña, hasta asegurarse una pensión vitalicia. El arduo entrenamiento militar fue uno de los grandes respaldos que tuvo en esos primeros momentos de dedicación al montañismo. Y también jugaban a su favor una historia y una geografía muy particulares.

Imaginemos por un momento que desde que nacemos estamos rodeados por las montañas. Que vivimos en un país que gira alrededor de ellas tanto que hasta su bandera, que tiene un diseño único en el mundo, está compuesta de dos triángulos que imitan las formas que dibuja el Himalaya en el paisaje. Que algunas de ellas son tratadas como personas, tanto que los alpinistas pueden llamarlas por ejemplo “la montaña asesina” o asegurar que se desatan tormentas o avalanchas porque el monte no quiere que se llegue a la cumbre ese día.

Nepal parece el lugar ideal para el surgimiento de una leyenda del alpinismo, aunque hasta la aparición de Nims la historia se contaba de una manera muy distinta y la amplia mayoría de los nombres que marcaban el pulso de ese deporte eran occidentales.

El propio Purja lo contó en “14 Peaks”: “En las grandes noticias sobre alpinismo se mencionaba al sherpa de este escalador o del otro, que siempre era un occidental. Ni siquiera tenía nombre: el sherpa de…”. Cuando le tocó escribir a él la historia, se encargó de que el trazo fuera distinto. Por eso cada uno de sus colaboradores (muchos de ellos, de la etnia que puebla el Himalaya) es mencionado con nombre y apellido, y siempre se encarga de remarcar la importancia que tienen en sus expediciones.

Una pregunta a la que suelen someter a los alpinistas, que no existe para otros deportes, es por qué una persona practica una disciplina en la que pone en juego su vida. A Nims no le es ajena esta situación: alguna vez sufrió durante un descenso de la cumbre síntomas de edema cerebral agudo y llegó a ver una figura que creía que era el yeti, pero en realidad era otro alpinista. Solo su gran entrenamiento le dio la posibilidad de mantener la cordura para poder contar la historia.

Él se encarga periódicamente de dar las razones por las que corre ese riesgo. A la hora de planear el que con algo de ironía llamó “Proyecto posible”, por el que escaló en seis meses y seis días los 14 picos más altos del mundo -la marca anterior era de siete años, diez meses y seis días-, explicó que buscaba demostrar a los seres humanos lo que podía lograrse con fuerza de voluntad. Pero también están presentes el orgullo nacional y la necesidad de darle al alpinismo nepalí el lugar que, según él, la historia hasta ahora le había escamoteado.

“Si esto lo hubiera hecho un occidental, habría tenido diez veces más repercusión”, aseveró sin dudas luego de su gran hazaña y rodeado de sus compañeros, todos nepalíes.

No está en la naturaleza de Nims conformarse con lo hecho. Por eso, después del récord que asombró al mundo decidió derribar más barreras y, entre otras cosas, se transformó en el primero en escalar en invierno el K2, de 8.611 metros de altura y el segundo monte más elevado del planeta.

Mantiene por ahora su rendimiento perfecto en intentos de hacer cumbre en los picos más altos del mundo: cada vez que inició una expedición, la culminó con éxito. Incluso cuando, como se contó en “14 Peaks”, subió al Kanchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo, en un solo día y con una importante resaca después de una fiesta que había tenido con su equipo en la víspera.

En su cabeza imagina cuáles serán las próximas barreras a derribar, mientras empieza a sentir nostalgia de una Argentina a la que volverá pronto. Siempre consciente de que, por más que él sea la cabeza, necesita el trabajo de su equipo para llegar a la cumbre. Así vive Nirmal Purja. Con los pies en la tierra, aunque a veces eso sea a más de 8 mil metros de altura.

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