Por qué la NBA se equivocó al no incluir a Manu Ginóbili en la lista de los mejores 75 jugadores de la historia

El bahiense debió tener un reconocimiento a su trayectoria en la mejor liga del mundo. Los motivos que tuvieron mucho más que ver que con estadísticas y premios individuales

La NBA marginó a Manu de los 75 mejores de la historia de la competencia (USA TODAY Sports)
La NBA marginó a Manu de los 75 mejores de la historia de la competencia (USA TODAY Sports)

-Cuatro anillos de campeón (2003, 2005, 2007 y 2013).

-Dos selecciones para el All Star (2005 y 2011).

-Un premio al Mejor Sexto Hombre de la temporada (2008).

-Estuvo a un voto de ser co-MVP de una final.

-Dos veces elegido al tercer mejor quinteto de la temporada.

-Su récord de 762 victorias y 295 derrotas arroja el mejor % de triunfos (72.1%) en la historia para un jugador que haya disputado más de 1000 partidos en la fase regular (suma 1057).

-Integrante de unos de los Big 3 –junto a Tim Duncan y Tony Parker- más ganadores y recordados en la historia de la competencia.

-Promedios de 13.3 puntos, 50% dobles, 37% triples, 3.8 asistencias, 3.5 rebotes y 1.3 robo en apenas 25 minutos durante 1057 juegos.

-Mayor robador de pelotas (1392) y anotador de triples (1495) en la historia de los Spurs.

-Permanencia en la liga hasta los 40 años.

-Su N° 20 retirado en San Antonio.

El CV de Ginóbili, en sus 16 temporadas y 1275 partidos -contando playoffs-, dice mucho, es suficientemente impactante, pero no alcanza para reflejar su real dimensión, lo que significó para la NBA y el básquet mundial. Manu fue mucho más que números, incluso que estos números, que son la envidia de millones de jugadores en el mundo. Pero, claro, a diferencia de otras estrellas, el bahiense no puede medirse por sólo ellos.

Sin embargo, la competencia más importante del mundo, tras un amplio y polémico debate, decidió marginar al argentino de la lista de los 75 mejores de la historia. La huella que dejó nuestro embajador es mucho más profunda, el legado es largamente más impactante que sus estadísticas e incluso sus trofeos y premios porque todos ellos se quedaron cortos para ilustrar quién fue y qué hizo. Acá, para que no queden dudas de lo que debió ser su selección, detallaremos los méritos que debieron entender para que Manu tenga un reconocimiento acorde a su trayectoria. Porque Ginóbili es más que una leyenda, algo que terminará de inmortalizarse cuando ingrese al Salón de la Fama, muy posiblemente el año que viene –primera chance que tendrá, según la regla que deja claro que se puede ingresar luego de que hayan pasado cuatro campañas desde su retiro efectivo-.

Para comenzar a entender quién fue realmente Ginóbili en la historia tenemos que comprender el contexto. En 2002, cuando llegó, todavía se miraba de reojo a los jugadores extranjeros. De hecho, Duncan admitió no conocer nada de Manu, no sólo cuando se enteró que lo habían elegido en el draft sino cuando cayó en San Antonio, pese a que MG venía de ser la estrella de la Argentina subcampeona mundial.

El bahiense llegó a un equipo superestructurado, que se basaba en las llamadas Torres Gemelas que conformaban Duncan y David Robinson. En esa época, Pop se regía por su esquematizada formación militar que, con el tiempo, Manu ayudaría a hacer volar en pedazos: pelota a los pivotes y el resto, a esperar… El argentino tenía 25 años y venía de ser el mejor de Europa, un escolta potente –”un negro en el físico de un blanco”, como describió el Huevo Sánchez, primer DT de MG en el profesionalismo-, dominante, con mucho gol en la mano y la pelota, justamente, mucho en sus manos. Y en San Antonio se encontró con una realidad opuesta: sin la pelota, debía esperar en una esquina, generalmente descargar cuando no salía la jugada. Era una especie de Plan D del equipo. Si a eso, que siempre requiere una gran adaptación, sobre todo mental, le sumamos una lesión rebelde en el tobillo –aquella de la semi del Mundial, que recién se curaría en enero-, el panorama fue negro en los primeros meses.

Incluso Manu admitió que pensó que lo cortarían del equipo… Pero, a de poco, se hizo un lugar, a base de defensa, intensidad y, sobre todo, inteligencia. Supo qué necesitaba el conjunto de él y lo hizo, transformándose en un revulsivo clave desde el banco. Al punto que, tras el título en junio, varios compañeros aseguraron que sin él, no hubiese sido posible. Se empezaba a ver la punta de iceberg…

Manu llegó a la NBA tras ser la estrella de la Argentina subcampeona mundial (AFP PHOTO/Donald)
Manu llegó a la NBA tras ser la estrella de la Argentina subcampeona mundial (AFP PHOTO/Donald)

Y, de a poco, la vieron todos. Sus compañeros y Popovich, quien rápidamente empezó a entender que, entre manos, tenía una joya que, si se pulía aún más, podía ser mucho más que un obrero. Pero que, para eso, debía aceptarlo como era. No podía cambiarse la esencia de Manu, ese juego desfachatado, casi de potrero, que lo hacía distinto. Al principio, es verdad, fue impredecible para todos, rivales y compañeros. Y lo hacía enojar, como en aquella anécdota en la que tiró una faja que terminó en primera fila, Pop se lo recriminó y Gino le dijo una frase que resumía todo: “Yo juego así”...

Se lo dijo como es él, con determinación y respeto a la vez. Porque, en esa época, también se empezaba a ver otra cosa absolutamente distinta, que ha profundizado su huella en la NBA: lo excelente compañero y dirigido que fue Manu. Incapaz de tener una pelea con alguien, siempre buscando sumar, con consejos justos, con buenas formas y, sobre todo, con hechos.

Brent Barry, su compañero, lo destacó sobre todo a la persona, cuando le pidieron dar su opinión para un homenaje al 20. “Le quiero agradecer por hacerme mejor persona, no es nada común en un deporte profesional”, dijo. No es casualidad, entonces, que no se le conozca una pelea con un DT o un compañero. No sólo en la NBA sino en sus 23 años de carrera profesional… Nunca se lo vio envuelto en una polémica, en un problema de conducta o legal, ni afuera ni dentro de la cancha, pese a todas las tentaciones y cuestiones que rodean a la NBA. Logró la insólita marca de 0 faltas técnicas cobradas en su contra. Ni siquiera tuvo una confrontación verbal o mediática con alguien, a partir de una conducta intachable que nacía de su autocontrol y educación –desde la cuna-.

Pop nunca tuvo un molde para vos”, le dijo Duncan, entre risas, cuando la NBA juntó a las tres estrellas de los Spurs y al coach para repasar cómo se construyó este famoso Big 3. “Aprendí que no debía discutir con él por un tiro que había tomado, una jugada defensiva que intentó por un robo o por lo que fuera. Hace esas cosas con el fin de ganar el partido, cada pequeña cosa necesaria... Me enseñó a admirar un poco más las cosas y no a controlarlo todo. Fue duro para mí, lo dejé hacer lo que hacía, salí de mi caja”, admitió Gregg. No hay duda que el técnico lo hizo mejor jugador, pero tampoco que Ginóbili lo hizo mejor entrenador.

Hablamos de virtudes que le permitieron “comprarse” a todos. Como hizo con los hinchas de los Spurs desde el día 1. Fue impactante ver, desde la temporada inicial, cómo la 20 de los Spurs era la camiseta más vendida, sobre todo porque en el equipo estaban Duncan y Robinson, incluso Parker, quien había llegado una temporada antes y era titular en aquella 2002/2003. Pero Manu siempre tuvo ese no-se-qué… Latino, claro, dentro de una comunidad con el 57% de esa extracción, que lo adoptó como su hijo. Porque básicamente se vieron a ellos mismos, en el comienzo del proceso de la inmigración a USA. Muchos mexicanos que se motivaban viendo a Manu. “Lo veo a él tirándose al piso y soy yo levantándome cada mañana para mantener a mi familia, en un país que no es el mío. Manu es nuestra inspiración”, resumió Eric Ramirez, de 42 años, cuando caminaba por el River Walk, lugar donde nuestro embajador se llevó grandes ovaciones tras hablar en castellano durante los festejos de cada título.

Claro, también Manu cautivaba en la cancha. Porque fue dueño de un juego con estilo y fundamentos pero a la vez arrojado y sacrificado. Un juego que tuvo una mezcla de obrero y estrella. Porque él era capaz de tirarse al piso en búsqueda de una pelota, motivando a un latino que debe también hacer el “trabajo sucio” en su día a día, pero a la vez con la capacidad de hacer la jugada más lucida, alguien lleno de potrero, un maestro del engaño que tenía todo el arsenal en sus manos. Y en su cabeza. Estamos hablando de un escolta lujoso, tal vez sin el tiro excelso de otros, pero capaz de crear, de hacer magia… Por eso el apodo Manu Cañóbili surgió, porque patentó el tirar un túnel a un rival, siempre como recurso para hacer una asistencia. Sus fajas levantaron al estadio, en realidad una gran variedad de pases, algunos inverosímiles, que lo convirtieron casi en un mago. Hasta el punto que Pepe Sánchez, un maestro de pase, dijera que Manu la pasaba tan bien como él o Prigioni. O hasta el punto de no saber hoy si MG fuera mejor anotador o pasador…

Gino fue, por años, el verdadero base de SA, siendo el mejor creador por su conocimiento de juego, lucidez, inteligencia y gran capacidad de pase. Hablamos de alguien capaz de patentar mundialmente una jugada, una de las más famosas de la historia, como el Eurostep, que incluso hace unos años ganó un concurso popular –y virtual- en el que compitió hasta el gancho cielo de Kareem Abdul-Jabbar. Se podrá decir que ese movimiento vino de antes, tal vez del lituano Marciulonis, pero quien lo pulió, llevó a otro nivel e hizo famoso fue el 20. Y ahí, al ver que se convirtió en el movimiento más difícil de defender de los últimos tiempos, lo adoptaron muchísimos jugadores de la NBA, incluidas estrellas como James Harden y Giannis Antetokounmpo, el actual mejor jugador del campeón ¿No podemos ahora renombrarlo como el Argentina Step? Por todo no es casualidad que muchos lo hayan copiado o tomado como ídolo o referente. Hay jugadores importantes que admitieron que Manu fue su espejo, como Gordon Hayward, entre otros.

Hay jugadores importantes que admitieron que Manu fue su espejo, como Gordon Hayward (REUTERS/Jeff Topping)
Hay jugadores importantes que admitieron que Manu fue su espejo, como Gordon Hayward (REUTERS/Jeff Topping)

Ojo que el impacto del bahiense no sólo tuvo que ver con el juego. Los intangibles son los que lo hicieron realmente distinto, como su extrema competitividad que hizo que Pop lo comparara, en ese apartado, con Jordan y Kobe. Por años, esa voracidad fue el motor de los Spurs, empujando en el día a día sin permitir que nadie se relajara. Compitió de igual a igual con estrellas, sin tener tanta capacidad física o talento innato de ellas. Y por esta capacidad se potenció en momentos decisivos, cuando impactó por su dureza mental. Porque no puede soslayarse esa cabeza prodigiosa que le permitió ser decisivo, en los momentos de mayor presión, sin necesidad de anotar siempre 40 puntos, sino haciendo pequeñas grandes cosas para ganar. Manu siempre supo cómo y lo ejecutó, un combo realmente para los elegidos. Porque, además, no hay que olvidar que MG jugaba con sangre caliente y la mente fría. No tenía desbordes y gobernaba su propio carácter, incluso en los momentos de mayor presión. ¿En cuántas ocasiones vimos a Ginóbili penetrar y caer al piso tras una falta fuerte? Cientos de veces. Pero él, lejos de enojarse, protestar o buscar al agresor, se iba calladito a la línea para tirar los libres.

Un autocontrol pocas veces visto en un jugador tan pasional. Un atributo más de una figura que rompió el molde. También deslumbró con su liderazgo, alguien que fue más del hacer que del decir. Nada de grandes discursos, gritos, golpes o enojos. Supo ubicarse y ocupar su lugar. Educado, humilde, inteligente, lúcido, con las mejores formas al hablar. Siempre preparado para competir y actuar con pasión y profesionalismo. Cautivó, además, por la lucidez, dentro (para entender el juego y potenciar a todos) y fuera del campo (para tomar decisiones y llevar brillantemente su carrera). Y por su extremo compromiso con la franquicia y el equipo que lo llevó a resignar minutos, tiros, protagonismo y hasta millones de dólares.

Y justamente, si nos detenemos en su compromiso, tal vez encontremos su legado más grande. A ver si lo entendemos: Manu aceptó ser suplente cuando era una superestrella de la competencia. Cuando ninguna otra figura de su calibre lo hacía. Es más, aceptarlo era mala palabra, era una afrenta al talento, un desprestigio para la trayectoria. ¿Cómo resignar salir en la presentación del equipo antes del juego, cuando se apagan las luces, cómo arrancar mirando desde el banco cuando podías tener un impacto rápido en el juego, cómo aceptar que alguien peor que vos tenga esos privilegios, cómo aceptar jugar menos minutos y, por ende, tener menos tiros y números en general, cómo entender que, por todo eso, podían ofrecerle contratos con menos millones? Nadie lo hizo, hay ejemplos de enojos y negativas de aquella época (Iverson, Baron Davis, entre otros).

Pero, claro, Manu es Manu. Y Pop, que lo convenció, es Pop. Gino aceptó, sabiendo que jugaría los minutos que más contaban –los últimos- y que este sacrificio era en beneficio del conjunto. “Si vos crees que el equipo será mejor, está bien”, le dijo al coach. Nunca sabremos en qué medida fue así, pero es verdad que Manu fue el líder del mejor banco de suplentes de la NBA y que su aporte fue igual de decisivo.

Y no lo hizo un año, lo hizo varios. Con solo mirar la estadística queda claro: fue titular en apenas 349 de los 1057 partidos que disputó en fase regular con los Spurs. Por eso también todos lo aman. Y por eso fue el Mejor Sexto Hombre de una temporada, la 07/08, cuando promedió la friolera de 19.5 puntos –máxima anotación-, 40% triples, 4.8 rebotes y 4.5 asistencias en 31 minutos, su mejor campaña en números. Y por eso, también, en otras temporadas volvió a pelear ese premio. Un premio que ganó relevancia e importancia justamente por él. En una NBA llena de egos, enfocada en vender figuras por el mundo –más que en lo colectivo-, nadie quería ese galardón. Pero, desde que Manu demostró que se podía ser determinante aceptando ser suplente, todo cambió. Por eso el premio debería llamarse Manu Ginóbili, pese a que hoy se denomina John Havlicek, quien fue otro epitome de ese rol. Pero, claro, lo MG fue a otra escala Y eso lo reflejó Kevin Durant. “Cuando ves a Manu Ginóbili no ves a un sexto hombre. Ves como un sexto jugador titular. El cambió lo que significa el premio porque, en realidad, Manu significa para el juego mucho más de lo que la gente piensa”. Pavada de elogio por parte de uno de los mejores jugadores ofensivos de la historia del deporte.

También nos enteramos, con los años, que nuestro jugador resignó dinero para que San Antonio, siempre acuciado por el tope salarial, armara los mejores equipos posibles. En 16 años cobró 127.540.000 dólares, mucho menos de lo que mereció, sobre entre 2013 y 2016. Nunca quiso irse, ni cuando lo buscaron Denver o Philadelphia. Siempre jugó con 20 de los Spurs y allí se retiró… También supimos que varias veces le tuvo que decir que no a la Selección para cuidar su físico –siempre desgastado, por es su forma de juego, proclive a la lesión y que alguna vez Brent Barry resumió llamándolo El Contusion- y descansar para luego pelear el título tras larguísimas y agotadoras temporadas con los Spurs. También conocimos historia de cómo hizo mejores a sus compañeros y, en especial, cómo hizo mejor al equipo y al Big 3 que integró. Bueno, no cualquier Big 3. Uno de los mejores de la historia y tal vez el más ganador.

Duncan, Parker y Ginóbili son parte ya de la memoria colectiva de la historia del básquet. Tres extranjeros, aunque uno (Duncan, nacido en Islas Vírgenes) se formó en USA. Los otros dos, un francés y un argentino, formando una mediacancha picante y complementaria. Y si hablamos de complementaria, mucho mérito hay que darle a Manu ¿Recuerdan cuando se decía que Tony no le pasaba la pelota? Está claro que la presunción salía del estilo del francés, muy controlador de pelota y cuyo desequilibrio era más individual que colectivo. Un base velocísimo, con muchos puntos en la mano, que miraba poco para el costado. Lo fue aprendiendo de a poco y Manu, siempre altruista, nunca generó un problema. Ni en público ni en privado, incluso siendo capaz de retar a su hermano, cuando enarbolaba la teoría de que “Parker no se la pasa”.

El argentino jugaba con sangre caliente y la mente fría (Foto NA)
El argentino jugaba con sangre caliente y la mente fría (Foto NA)

Así fue Manu. Único e irrepetible. Porque, claro, el relato incluye todo lo que lo hizo grande y distinto, aunque nunca olvidaremos sus destrezas en la cancha, mágicos y creativos movimientos, fueran pases, penetraciones o tiros, y tampoco a sus apariciones decisivas en los momentos más difíciles y calientes. Un maestro bajo presión. A tal punto que, cuando se retiró, estaba cuarto entre los jugadores que más anotador tiros para empatar o sacar ventaja en los últimos minutos de juegos de playoffs, contando las últimas 24 temporadas. LeBron era el líder con 21, lo seguían Kobe (12) y Ray Allen (11), y el argentino estaba después con nueve anotaciones.

También quedó arriba en la eficacia de ese segmento, con 39.1% de campo en al menos 15 tiros ejecutados, sólo con LeBron, Allen y Reggie Miller por delante suyo. Ocho veces ganó partidos con sus tiros. Sin mencionar cuando los ganó haciendo otras cosas…

No era casualidad que, pese al status –y recursos ofensivos- de Duncan y Parker, muchas veces la pelota quedaba en manos de Gino. Como pasó en los Playoffs 2005, en especial la final, el punto más alto de la carrera del argentino. Manu, a los 27 años, estaba en el pico de su rendimiento físico y desequilibrio individual. El 21 de enero de ese año, por caso, tuvo su máxima en puntos en la NBA: 48 en Phoenix en una noche épica. En febrero apareció en su primer All Star, lo que equivale a ser uno de los mejores 24 jugadores de la temporada. Los Playoffs le llegaron en su pico de nivel. A Denver le hizo 22.8 puntos de promedio –con una noche de 32- para el 4-1 final, a Seattle le anotó 18.8 –llegando a 39- para el 4-2 y en la definición del Oeste, contra Phoenix, alcanzó los 22.2 para el 4-1 que lo depositó en la final ante el durísimo Detroit. Y, justamente, contra uno de los mejores equipos defensivos de la historia mostró su versión ofensiva más impactante. Fue el único de los jugadores de los Spurs que pudo, con consistencia, superar esa marca física y áspera que proponían Ben Wallace y compañía. Manu sorprendió a todos en los primeros dos juegos en San Antonio: 26 puntos y nueve rebotes para el 84-69 en el Juego 1 y luego trepó a 27, con siete asistencias, para el 97-76 del Partido 2.

El MVP era suyo hasta ahí, sin dudas. El cambio de ciudad y de localía comenzó a modificar la serie. Los Pistons, con su ruidoso público, se pusieron 2-2 con defensa top y recuperando ofensiva: 96-79 y 102-71. Manu sufrió el 3° (siete puntos y seis pérdidas) y apenas sumó 12 en el 4°. Pero resurgió en el quinto. Lo tuvo Detroit: ganaba 95-91 a 1m43 del final. Pero apareció el gran Robert Horry y Manu terminó siendo decisivo: 15 tantos, nueve rebotes y seis pases gol para poner el 3-2 en el regreso a casa.

El Juego 6 fue devastador para los Spurs. Estaba todo preparado para el festejo. Pero cayeron 95-86 pese a que Manu, con 21 puntos y 10 rebotes, fue figura otra vez. Con la presión arreciando se disputó el Juego 7, nuevamente en Texas. Un partido épico, para la historia. Detroit llegó a ganar 52-46 a 15m del final. Estadio en silencio, momento de los Pistons porque desde el 0-2 se jugaba como querían ellos. Ahí fue cuando apareció Manu: 13 puntos, tres rebotes y una asistencia en los últimos 14m para terminar con 23-5-4. Una auténtica exhibición de carácter y calidad. Una imagen se recuerda: MG20 tomando la pelota en el eje de campo y desafiando a la defensa entera de los Pistons, con penetraciones zigzagueantes y tiros imposibles.

Parecía entonces, que el mítico premio MVP podía ser para un argentino, algo impensado dentro del sueño que el básquet argentino estaba viviendo, teniendo a Manu en ese escenario. Pero, claro, el “rival” era Duncan, la estrella NBA del momento, el que hacía todo bien, el que nadie no podía elegir. Y así fue. La votación terminó 6-4 y generó el comentario de Mike Monroe, periodista del San Antonio Express-News.Todavía aquel voto me persigue. Creía que lo merecía Tim, pero también Manu y si hubiese votado a Gino, habrían compartido el MVP, que tal vez era lo más justo”, admitió en el libro El Señor de los Talentos que narra carrera de Manu a través de 10 capítulos que son más mandamientos y talentos que una recopilación de su carrera.

Manu, entonces, lo hizo en el máximo escenario, en el más difícil, en juego y presión. Y eso no pueden decirlos muchos... Como tantas otras cosas que dejó en el camino. Porque Manu ayudó a cambiar el juego con su estilo, movimientos y compromiso colectivo. Porque dominó su ego para hacer mejores a quienes tuvo al lado. Porque avasalló con su competitividad, sin escándalos, polémicas o desbordes emocionales. Porque gobernó con su mentalidad a prueba de presiones. Porque inspiró por su compañerismo, porque impactó con su liderazgo –de hechos y no palabras-, porque sacrificó dinero en un mundo de millonarios, porque trabajó cada talento –los que nacieron con él y los que no- y, además, porque predicó con su coherencia –dijo pero también hizo, sin contradicciones, atajos, trampas o sanata llena de humo-.

En la cancha, fue un distinto sin parecer un extraterrestre. Un blanquito sin tanto músculo, sin tanto salto ni velocidad. Un hombre común, incluso con calvicie y nariz prominente, que se cambiaba y parecía un superhéroe en las noches de Argentina. Y que lo hizo, entre los mejores, hasta los 40 años. Nada más y nada menos. Pero, claro, volviendo a quid de la cuestión: más allá que el debate sea deportivo –sobre los 75 mejores de siempre de la NBA-, no siempre las respuestas están en los números, en las opiniones subjetivas de si este fue mejor o peor que otro o en los premios.

Ni siquiera, diría, en los títulos, pese a que apenas 26 basquetbolistas ganaron más que en MG en la historia... O, al menos, no están sólo ahí. Hay intangibles, hay formas que te hacen más grande, que te elevan a otro nivel, que te hacen referente, ejemplo, leyenda, o como lo quieren llamar. Y Manu llegó a ese status. Por eso merecía estar entre los 75 de la historia. La NBA y su panel de expertos creyeron lo contrario. Pero no hay dudas que argumentos sobraban. Motivos que tuvieron mucho más que ver que con estadísticas y premios individuales…

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