La exótica historia del “fútbol rápido” de Estados Unidos: un torneo con reglas de hockey sobre hielo que fichó a figuras argentinas y estrellas mundiales

En los 80, un torneo indoor con seis jugadores por lado se transformó en furor en Norteamérica y marcó una era. Hasta allá llegaron reconocidos jugadores argentinos como el Indio Gómez, Cacho Córdoba y el Gato Anhielo. Pero también pasaron glorias como Chinaglia, Eusebio o el holandés Suurbier

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Las figuritas de los argentinos: el Indio Gómez, Luis Alberto Geréz y Cacho Córdoba durante su estadía en el indoor soccer
Las figuritas de los argentinos: el Indio Gómez, Luis Alberto Geréz y Cacho Córdoba durante su estadía en el indoor soccer

Cacho Córdoba había sido el actor clave para que la obra de arte de Diego Armando Maradona ante River sea completa. Había cortado en la puerta de su área y recorrido en vertical casi todo el césped jabonoso de la Bombonera a pura potencia para llegar hasta el arco del rival. Alzó la cabeza y dejó solo al 10. La mayoría de los videos editados arrancan desde ahí: Diego recibe, hace gatear a Fillol con un enganche corto, define y su emocionada corrida hace rebotar en su omnipresente aura el flash de un fotógrafo que termina en el pasto. Sin embargo, aquella llama de esplendor sobre Cacho se había evaporado por el extintor que fue la crisis de Boca en los 80. Córdoba, de repente, estaba en el medio de un show entre hamburguesas, cervezas y norteamericanos gritando tan fuerte por patadas como por goles.

Esta es la historia de un universo paralelo. Una tierra rocambolesca e inexplorada. El objeto no identificado que captó a algunas estrellas del fútbol argentino –y mundial– en los 80 para jugar un exitoso torneo que osciló entre las reglas del hockey sobre hielo y el fútbol sala. Cacho Córdoba se vio obligado a abandonar su carrera en cancha de once para jugar durante más de media década en el indoor norteamericano. En un 6 vs. 6 con paredes y cambios ilimitados. No fue el único: allí pasaron parte de sus años dorados el Indio Gómez tras ser la figura del Quilmes campeón, el Gato Anhielo tiempo después de obtener el título con San Lorenzo o el ex Independiente Pedro Magallanes. También estuvieron astros globales de la talla del italiano Giorgio Chinaglia, el brasileño Carlos Alberto, la Pantera Eusebio de Portugal, el símbolo del Benfica António Simões, el polaco Kazimierz Deyna que jugó los mundiales del 74 y 78 o el lateral de la Naranja Mecánica Wim Suurbier.

La Major Indoor Soccer League (MISL) tuvo su explosión en los 80, cuando Estados unidos decidió explorar definitivamente esa gran pasión del soccer, el único imperio deportivo que no habían logrado comprender en su totalidad. La North American Soccer League (NASL) tuvo su momento de esplendor con el famoso Cosmos de Pelé y Franz Beckenbauer, pero los organizadores entendieron algo: los norteamericanos necesitaban mayor acción. Por entonces, el fútbol indoor comenzó a ganar terreno propulsado por los dólares de los magnates y amparado en marcadores abultados, fútbol dinámico y show, mucho show.

La MISL, la liga exclusiva del certamen indoor, ofrecía un fútbol rápido que decantaba en estadios repletos. Osciló entre 10.000 y 20.000 personas en promedio en las gradas durante su época dorada. Los carteles de sold out se colgaban en los recintos multiuso donde las arenas de hockey sobre hielo se convertían en estadios de fútbol. La carpeta –de parquet o césped sintético– era montada por encima del hielo y seis futbolistas se enfrentaban contra otros seis en una cancha con paredes y vidrio. La pelota se iba sólo cuando traspasaba esos límites, los penales eran en movimiento y los cambios se realizaban de manera incesante por una puerta tal cual en el hockey de hielo. La NASL entendió que muchos de sus espectadores preferían la vibración de marcadores abultados y desdobló su propuesta para competirle: tenía una temporada en cancha de 11 y otra en indoor de 6 vs. 6. Entre esas dos competencias, futbolistas argentinos destacados y estrellas internacionales terminaron jugando un extravagante show casi desconocido en otras partes del mundo.

“La NASL comenzó en 1967. Fueron pioneros en tomar al futbol como “espectáculo”, firmando contratos con la TV (CBS, etc.) para transmitir en vivo partidos a principios de la década del 80. Comercialmente fueron precursores, por ejemplo firmaron en 1979 un contrato con Adidas para desarrollar la linea “stars and stripes” (estrellas y rallas) con botines, pelotas, camisetas y demás diseñadas exclusivamente para la NASL”, explica Andrés Miranda, investigador del tema, en diálogo con Infobae, sobre el carácter precursor que tuvo el soccer norteamericano en relación al aspecto marketinero del deporte. La liga indoor de la NASL fue obviamente para pisar un poco la expansión y el crecimiento de la MISL. Por eso nace la liga NASL indoor en 79/80”, agrega.

El Indio Gómez en los Wichita Wings durante 1985


“Fui a Dallas Tornado el primer año a jugar el campeonato outdoor y unos ingleses que habían jugado conmigo en Dallas armaron un equipo en Wichita, Kansas. Me ofrecieron ir a jugar indoor. Faltaban 18 partidos: hice 40 goles. Quedaron enamorados. Era raro porque podías jugar unos minutos, porque era ida y vuelta. La pelota no paraba. Tenías dos equipos armados y el que cambiaba con vos tenía que estar atento para cuando salías”, revive ante este medio el Indio Gómez que estuvo en Estados Unidos jugando indoor durante varios años entre Wichita Wings y New York Arrows. La historia de la máxima gloria de Quilmes tiene un detalle: en el 79 abandonó el país, pero regresó para mediados de 1986 donde defendió los colores de Defensa y Justicia y el Cervecero en el ascenso. En los 90 otra vez emigró: se retiró jugando un año en Wichita de la liga indoor. “Había un fanatismo tranquilo. Ellos estaban con su hamburguesa y su cerveza, aplaudían con un caño mío o cuando trababa Pedro Gaño que volteaba a dos”, detalla.

Entre los argentinos que desembarcaron allí, el caso más sorpresivo fue el de Cacho Córdoba, que había sido campeón con Boca en 1981 e integró la estructura de la selección argentina. A los 26 años, su vida deportiva se modificó drásticamente: “Fue después de la huelga. Quedamos ocho jugadores libres de Boca. Habíamos pasado por Estados Unidos y me habían hablado para jugar en esa liga. En ese momento, lógico, les dije que no. Pero después de la huelga tuvimos un par de impedimentos y no me quedó otra que venirme acá. La verdad que al principio no me gustaba, el fútbol era otra cosa y decidí volverme”. Pasó unos meses por Huracán y Unión de Santa Fe, hasta que finalmente optó por afincarse en la liga indoor de Estados Unidos ante las dificultades en el fútbol local: “En Milwaukee había 18.000 personas por partido. Acá no existe ese fanatismo que es allá. Perdías un partido, terminaba y la gente del club te ponía mesas y sillas para firmar autógrafos. Una vez que venís acá, ves el nivel de vida, cómo son las cosas, cómo puede ser el futuro de tus hijos, las cosas van cambiando. La mentalidad que agarrás es diferente”.

Allá fue una estrella. Pasó por Los Angeles Lazers, Kansas City Comets, San Diego Sockers y Milwaukee Wave: “Acá te hacían presentaciones diferentes. Cuando fui a Kansas, el club me dio una camioneta, me presentaron y me hicieron entrar a la cancha de indoor con la camioneta y mi familia. En San Diego tenía compañeros de equipo que vivían en La Joya, un lugar pegado al mar espectacular. ¡Lo que vale ahí comprar un departamento! Y teníamos jugadores que vivían ahí. Algunos venían en limusina...".

Algo que se repite en todos los relatos que recolectó Infobae: los contratos en el indoor soccer triplicaban o cuadruplicaban cualquier salario que podían obtener en el fútbol argentino durante una época en la que las transferencias al exterior no eran moneda corriente. A tal punto que ante cada venta de contrato (las transferencias eran de ese modo), alguno de los entrevistados aseguró que volvía al país para invertir en ladrillos gracias a la diferencia que hacía con su sueldo. Esto no era nada comparado a los salarios exorbitantes de las estrellas europeas: “Steve Zungul era el rey del indoor. Ganaba como un millón de dólares por año... ¿sabés lo que eran ese momento?”, dice Córdoba.

El certamen tenía sus propias figuras. El yugoslavo Zungul, que se inició en el Hajduk Split y llegó a disputar la Eurocopa 1976 con su país, reconvirtió su carrera para ser el Lord del indoor soccer y es señalado como el máximo anotador histórico con más de 600 goles en la época de oro de la MISL. Un argentino también peleó por ese trono: el Pato Margetic, con un breve paso por San Telmo y Temperley en el país, desembarcó a comienzos de los 80 en el certamen outdoor, pero los caminos lo guiaron a ser una de las glorias del indoor con sus estadías por Chicago Stings, Kansas City Comets o Detroit Express. Hay una perlita en este hombre que aun hoy es una celebridad en esas tierras: en 1988, tras cinco años seguidos brillando en el indoor, lo contrató el Borussia Dortmund y fue uno de los primeros argentinos en pasar por la Bundesliga aunque esa experiencia fue muy breve.

“El Pato Margetic fue uno de los mejores que jugó indoor. Tenías muchos jugadores europeos, muy conocidos acá en el indoor. El Pato era uno de esos conocidos. Vino de pibe acá. Jugó también en la liga de afuera, donde estaba el Cosmos de Pelé", comenta Magallanes, que surgió de Independiente, pero también pasó por Rosario Central y estuvo en la época dorada de Loma Negra. “Era un juego diferente, muy divertido. Era rápido, de contacto, de presión. La cancha era la superficie de una de hockey, grande para cinco personas. Yo estaba en Talleres y Cacho Córdoba me dijo por qué no te venís a jugar indoor a Estados Unidos. Vine en el 87 y estuve ocho meses en Kansas City Comets, pero no me entró la visa y jugaba muchos partidos de exhibición nada más. Desconocía esta liga, pero mi idea era venir a vivir a Estados Unidos. Los estadios eran cerrados para 20.000 o 25.000 mil personas y siempre estaban llenos. En invierno acá el americano no podía ver fútbol por la nieve y lo único que hacía era ver conciertos de música y torneos indoor, hockey y básquet”. Si bien no llegó a jugar oficialmente, Magallanes permaneció una temporada en el plantel: “Me sorprendió la buena organización. El jugador de fútbol ganaba, para que te des una ida, mucho más que el de fútbol normal en Argentina. El sueldo de indoor era más que el que cobraba en Talleres, por ejemplo”.

Alfredo Anhielo enfrenta al holandés Wim Suurbier: Golden Bay Earthquakes vs Phoenix Inferno en 1982


El Gato Anhielo fue uno de los pocos arqueros argentinos en ese torneo. Tras ser campeón con San Lorenzo en 1974 y luego de jugar en Banfield, lo contrataron del América de México. Los dueños le propusieron irse a Los Ángeles Aztecs, una franquicia de la NASL (la semilla previa a la MLS) que tenía equipo outdoor e indoor. “Fue novedoso. Arreglé para jugar outdoor, pero allá por el clima sólo se juegan 4 meses y lo demás es indoor. Al principio era un poco peligroso porque te trababas mucho la rodilla, los tobillos. Jugué y era bastante duro como arquero. Jamás lo había visto el torneo: la pelota no salía, era un desastre. Difícil de atajar. Si salías, te la tiraban por un costado y te hacían la pared con la misma pared. Los córners no eran derechos, sino ovalados. Entonces le pegaban y te la clavaban en el primer palo”, recuerda su paso ante Infobae.

“Fue novedoso y una odisea para mí. Al principio no me gustó para nada, pero había dado mi palabra. Tuve que jugar y sufrirlo. No sabés lo que era, todo raspado. Los estadios de indoor eran de 20 mil personas. La gente iba, pero el americano es distinto. Da lo mismo jugar bien que mal, nadie te va a criticar”, revive sobre ese paso entre 1980 y 1981 por los Aztecs tanto en indoor como en outdoor. Tras un breve regreso a préstamo por Defensores de Belgrano, retornó a Estados Unidos pero esta vez para desempeñarse únicamente en la MISL con los Phoenix Inferno: “Había un ex compañero que jugaba ahí y hacía falta un arquero. Yo sacaba diferencia porque jugaba muy afuera del área. Eran 4 tiempos de 20 minutos. El primer año jugaba dos tiempos de 20 minutos en el arco y otros dos tiempos afuera, en el campo. ¡Era un ritmo infernal! Te pagaban bien porque era una cosa para imponerla".

Hasta allá llegaron argentinos consagrados en el torneo local, jóvenes promesas de las inferiores y otros que hicieron fuerte su carrera fuera de los límites nacionales. Ese último grupo es el que integró Jorge Berrio, quien surgió de River en los 70, pero tras unos pocos partidos en primera hizo pie del otro lado de la cordillera. Hacia fines de esa década, se marchó de la Universidad Católica chilena y se encontró en un callejón sin salida. No tenía club y el mercado de pases estaba cerrado. La NASL había absorbido a Oscar Fabbiani, tío del Ogro y símbolo del fútbol chileno que se retiró jugando en Dallas Sidekicks de la MISL. Berrio buscó probar suerte allí: “Fui a Memphis. En verano jugaba cancha de once y en invierno, indoor. En Memphis se jugaba al hockey sobre hielo y después se ponía la alfombra para el indoor. Era muy divertido, cansador. En realidad no había ido a jugar indoor, pero cuando estaba en Memphis se abre la temporada de indoor. A mí me contrataban por ese año para jugar en el club, si estaba indoor, jugaba indoor”. Pasó por Memphis Rogues, Jacksonville Tea Men y Tulsa Roughnecks alternando el outdoor y el indoor que proponía la NASL a sus jugadores con la idea de arrebatarle público a la MISL: “En esa época en cancha grande un 0-0 los aburría. Querían golpes, que te tiren contra la pared. Entonces los partidos indoor de 8-9 o 12-11 eran más emocionantes para ellos. Llegamos a la final de conferencia con Memphis contra Tampa y fueron 15.000 personas, se llenaban los coliseos. Llevábamos casi la misma cantidad de gente en outdoor que en indoor”.

“Te pagaban bien. Además te daban casa, auto, se vivía muy bien. Allá era todo show. La rareza es que entrabas como si fuera un recital. Apagaban las luces, prendían los reflectores con el humo y te anunciaban uno a uno, que era lo que le gustaba a los americanos. Todo cerradito, tomaban cerveza y les encantaba. Todos tenían un apodo. Entraba yo y decían: ¡The Bull, George Berrio!, y la gente agitaba. Era muy lindo. En indoor tuve de compañero, por ejemplo, a Charlie Cooke, uno de los escoceses top a nivel mundial”. Cooke, que jugó durante una década en Chelsea y fue titular en la final de la Recopa europea que le ganaron a Real Madrid en 1971, se retiró jugando en la MISL con los Cleveland Force y Dallas Sidekicks ya cerca de los 40 años.

Cacho Córdoba (16°) y Steve Zungul en la final entre San Diego Sockers y Baltimore Blast de 1989


El histórico preparador físico Enrique Gabriel Macaya también tuvo su paso por la MISL norteamericana. El hijo del mítico comentarista deportivo se inició como jugador en Boca, donde no alcanzó a debutar oficialmente. Tras un paso por Platense, le sonó el teléfono: “Pachamé me llamó y me dijo la semana que viene te vuelvo a contactar y me decís por sí o por no si querés ir a jugar a Estados Unidos”, recrea cómo desembarcó en los New York Express durante la temporada 86/87. “Era un equipo desprendimiento del Cosmos que había jugado Pelé. Había un muchacho que se dedicaba a tomar las estadísticas a lápiz: bloqueos, quién pateaba, todo lo que se hace ahora. Jugabas de local dos o tres partidos y después viajabas a jugar otros tres o cuatro partidos por el país como la NBA. Teníamos 15.000 o 20.000 personas de local. Por decir un ejemplo: se ganaba seis veces lo que podías ganar acá. En mi equipo atajaba Hubert Birkenmeier, que había jugado en la selección alemana”.

Justo para esa época, la selección argentina obtenía el título en el Mundial de México viviendo en una sencilla concentración en el club América. Un interesante contraste para entender el lujo que emanaba este mundo casi de ficción del indoor: “Imaginate que nosotros veníamos de lo que era acá y allá parábamos en los hoteles Marriott’s, dormíamos en piezas individuales con camas de dos plazas ya en esa época. El médico tenía un maletín que parecía un hospital. Era irreal, una fantasía. Era un fútbol súper rápido. Reglamentariamente una cosa extraordinaria: entrabas y salías por una puerta como en el hockey sobre hielo”, recuerda de aquel paso el reconocido preparador físico que tiene un nutrido CV en ese cargo con sus pasos por River, Boca, Vélez, Valencia y una decena de clubes de alto nivel. “A nosotros nos recibió un muchacho llamado Billy Goglas que después nos llevaba a la ligas menores donde había latinos para entregar unos premios con la idea de tratar que la mayor cantidad de latinos se hagan hinchas de New York Express”.

Parte del plantel de los Express en 1985 con los argentinos Macaya, Luis Alberto Geréz, los ex Independiente Crnko y Carrera, y el arquero alemán Birkenmeier. Allí estaba también, entre otros, el ex River Daniel Constantino
Parte del plantel de los Express en 1985 con los argentinos Macaya, Luis Alberto Geréz, los ex Independiente Crnko y Carrera, y el arquero alemán Birkenmeier. Allí estaba también, entre otros, el ex River Daniel Constantino

Si bien la bandera argentina tuvo en su punto más alto el apellido de Margetic, otro de los que supo brillar en esas tierras y es casi un desconocido en su país es Luis Alberto Gérez. Surgió de Boca en 1975, disputó algunos partidos del Metropolitano y se encontró sorpresivamente siendo figura de la Major Indoor Soccer League años más tarde. “Me había ido a jugar a Canadá hasta 1978. No pasaba nada y me iba a volver a Argentina. Alguien me dijo que habían empezado una liga nueva en New York y me preguntaron si tenía intenciones. Me quedé 40 años acá...”, explica. “Fui de los primeros. Había unas pruebas, recién empezaba, se estaba armando todo. Me acomodé enseguida. El primer partido que jugamos fue en Long Island, los New York Arrows contra Cincinnati Kids en el 78”, agrega.

“Era tirar una moneda al aire que no sabías cómo iba a caer. Trataron de traer gente para darle un envión. Estuve cuatro años en New York y ganamos cuatro campeonatos. El DT, un yugoslavo, trajo a Zungul y la rompió. Él era buenísimo para esto. En 1981 jugué con el Indio Gómez. Muy buen jugador, se acostumbró. Algunos dicen que cualquiera podía jugar y no era cierto". Geréz, conocido allá simplemente como Luis Alberto, pasó por los New York Arrows, Cleveland Force, Pittsburgh Spirit, New York Cosmos y Wichita Wings todos en indoor. “Acá se maneja mucho con las propagandas. En cualquier momento había alguna cosa, paraban y te metían comerciales en el medio. Creo que en el fútbol profesional serio no pasa, pero esto acá en el fútbol americano, en el béisbol, se manejan con eso. A cada rato paran y van a comerciales. Te tenés que acostumbrar, no queda otra. Nosotros hemos jugado una final contra St. Louis con 20.000 personas, todas las que entraban en el estadio. Para entrar te apagaban todas las luces y entrabas”. Para los fanáticos de este fútbol, el sitio Nasljerseys es una referencia obligada que mantiene vivos los detalles de esta extravagante pero exitosa historia.

“Teníamos de promedio 8.000 personas por partido. Pero en las ciudades más chicas por ahí te metían más porque quizás no había un equipo de NBA. Era un deporte nuevo y había mucha gente que se entusiasmaba. Yo ahora estoy dirigiendo chicos acá y algunos a veces me preguntan: ‘¿Vos sos Luis Alberto? ¡Me acuerdo cuando jugabas!’. Nosotros ganamos cuatro años seguidos la Liga porque teníamos al mejor equipo”, explica Gérez obre su experiencia.

La estrategia que usó la liga exclusiva de indoor fue la misma que aplicó la NASL en el outdoor. Las figuras de distintas partes del planeta que arribaron para retirarse o pasar unos años allí eran una manera de darle difusión a un torneo que, en realidad, tenía como verdaderas estrellas a los Zungul, los Margetic u otros, como el ecuatoriano Chico Borja, el yugoslavo Branko Segota o el uruguayo Fernando Clavijo, que se nacionalizó norteamericano y vivió la extraña situación de jugar el Mundial 94 para ese país a pesar de ser un futbolista de indoor. Ellos convivieron con las glorias mundiales de la época que desembarcaron en ese experimento.

Clavijo con la selección de Estados Unidos en el Mundial 94 y en San Diego del indoor (Foto: Reuters)
Clavijo con la selección de Estados Unidos en el Mundial 94 y en San Diego del indoor (Foto: Reuters)

Los argentinos, que desplegaron su fútbol allí de a decenas, tuvieron historias singulares. Aquellos que abandonaron su incipiente carrera en cancha de once para probar suerte en el indoor, los que optaron por retirarse en esas exóticas tierras o los que prefirieron pausar su trayectoria profesional en once en pleno esplendor para sentirse amados en el ya casi extinto fútbol indoor. El formato todavía se juega en norteamérica con escaso éxito tras perder contra la MSL o el futsal el terreno que alguna vez ganó. Por estas partes del mundo, tuvo un renacer singular años atrás cuando Diego Maradona protagonizó diversas exhibiciones de showbol, aunque el estilo fue sensiblemente diferente.

Casi desconocido fuera de Estados Unidos, el indoor tuvo una década de gloria. Brillante. A tal punto que el outdoor de 11 que regenteaba la NASL debió salir a la cancha con una liga complementaria de fútbol rápido para competir mano a mano con la Major Indoor Soccer League. El público elegía la acción de esa mezcla entre el futsal y el hockey sobre hielo. “Una de las cuestiones que perjudicó a la NASL de campo fue que en el 78-79 surgió la MISL. Ya para principios de los 80, la MISL tenía un promedio de 8.000 espectadores por partido. Para una liga interna de fútbol indoor es impresionante. Una de las cuestiones fue que tuvieron una serie de problemas entre la MISL y la NASL por el tema de los jugadores americanos y pusieron mucha más presión sobre los salarios porque había competencia”, grafica Miranda el nivel de desarrollo que llegó a alcanzar el fútbol rápido durante esa década.

El furor se apagó. El formato se diluyó con poco años de vida en el mismo lugar donde se creó. Nunca lograron expandir sus tentáculos por el mundo. Sin embargo, allí están todavía los recuerdos de un universo alterno, tan extravagante como glorioso.

Steve Zungul, el "lord" del fútbol indoor
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