El Real Madrid acumulaba más de tres décadas sin ganar la Champions League. La conquista de 1966 frente al Partizan de Belgrado y la final perdida contra el Liverpool en 1981 marcaban los antecedentes lejanos de un gigante que quería renacer en Europa. Por lo tanto, para la temporada 1997/98 el equipo liderado por Jupp Heynckes logró despertar la ilusión de un pueblo madridista que soñaba con la Séptima gracias al talento de figuras de la talla de Fernando Redondo, Roberto Carlos, Clarence Seedorf, Fernando Morientes, Raúl, Hierro y Mijatovic, entre otros.

Tras adjudicarse la cima del Grupo D, el elenco español eliminó en los cuartos de final al Bayer Leverkusen y para las semifinales tuvo que enfrentar al Borussia Dortmund, el campeón defensor.

La expectativa que se generó en el Santiago Bernabéu representó un fenómeno social que paralizó al mundo del fútbol. El partido de la vergüenza se vivió bajo un clima entusiasta no apto para la cordura.

Como si se tratara de un cuento de Fontanarrosa, a la cancha donde se debía disputar la semifinal de la Liga de Campeones le faltaba un arco. "Recuerdo que estaba calentando y Roberto Carlos me pidió que mire para atrás. Cuando me di vuelta, vi que faltaba la portería. Tuvimos que volver al vestuario y esa espera fue terrible", rememoró a la distancia Fernando Sanz, uno de los defensores del combinado de la Casa Blanca, en diálogo con Infobae.

Fernando Sanz fue titular en las dos semifinales ante el Borussia Dortmund
Fernando Sanz fue titular en las dos semifinales ante el Borussia Dortmund

Tras haber realizado todos los protocolos exigidos por la UEFA, como la entonación del himno de la competición y el sorteo de los capitanes, el árbitro holandés Mario Van der Ende recién se percató del incidente cuando recibió la notificación de su asistente Marc Van den Broeck, en los instantes previos al inicio del espectáculo.

Los improvisados métodos del personal de la entidad española para intentar reparar el arco generó mayor tensión entre los protagonistas. "Nosotros queríamos jugar, pero los alemanes querían suspenderlo", deslizó el ex central del Merengue.

Como la red de la valla estaba atada al alambrado donde se encontraban trepados los ultras, los caños no resistieron el peso de los fanáticos y cedieron su resistencia para que se produzca el caos.

Sin ideas concretas que puedan solucionar el problema, la iniciativa de un colaborador fue la que permitió que se dispute el encuentro. "Cogí una furgoneta y le pedí al jefe de la policía que me deje a los mejores motoristas disponibles para ir a la Ciudad Deportiva. Fuimos a 100 kilómetros por hora", explicó en Teledeporte el delegado del campo del Real Madrid, Agustín Herrerín, quien se convirtió en el héroe de la jornada al recorrer los 11 km por el Paseo de la Castellana para regresar con un arco del predio donde habitualmente entrena el Real Madrid.

El arco destruido del Santiago Bernabéu que generó un caos en la semifinal de la Champions League
El arco destruido del Santiago Bernabéu que generó un caos en la semifinal de la Champions League

"Primero nos dijeron que lo iban a resolver en media hora, pero pasaron 45 minutos y continuábamos con la ansiedad de jugar. Al final pasó como una hora y pico cuando salimos de nuevo al césped. Fue muy complicado, pero lo pudimos sacar adelante y en la revancha sentimos que nos consagramos por eliminar al último campeón", detalló Fernando Sanz.

Los goles de Morientes y Karembeu concretaron la victoria del Real Madrid, pero la institución alemana reclamó que "la portería era un centímetro más grande que la reglamentaria". Sin embargo, la UEFA desestimó la denuncia del Borussia Dortmund, que en la revancha no pudo quebrar la solidez de su rival en un 0 a 0 que depositó al Merengue a un paso de la gloria.

"Se generó una mística increíble después de lo que sucedió en el Bernabéu. Para la final concentramos donde se hospedaba la selección de Holanda, que es un paraje perdido en un bosque. Era muy aburrido. No teníamos nada que hacer, pero tuvimos unas charlas increíbles que nos hicieron dar cuenta del momento histórico que estábamos viviendo", recordó el ex central con la nostalgia que le despierta revivir aquellos días previos al enfrentamiento con la Juventus.

En Ámsterdam aguardaba el combinado plagado de estrellas que llegaba por tercera vez consecutiva a la final de la Champions League. La Juve de Marcello Lippi tenía entre sus titulares a leyendas como Zinedine Zidane, Alessandro Del Piero, Didier Deschamps o Edgard Davis y los pronósticos posicionaban al elenco de Turín como máximo candidato al título.

"Mijatovic no había convertido en toda la competición y antes del partido le dije que íbamos a ganar con un gol suyo. Todos lo recuerdan porque en el momento que metió la pelota, me señaló para dedicármelo. Fue el gol más importante de su vida y me lo regaló. Fue muy emocionante", relató el ex defensor que mantiene una amistad con el ex delantero montenegrino: "Hoy tenemos una relación muy estrecha porque somos vecinos hace más de 20 años. Luego se contaron historias falsas en las que decían que yo me había levantado a la madrugada y que había soñado con ese gol… me hubiera encantado que fuese así, pero la realidad es que fue tan simple como decírselo en una comida".

El solitario grito del atacante oriundo de Podgorica sirvió para que el Real Madrid se quede con la Séptima Orejona, pero el éxito se dio gracias a la unión del plantel. "Fuimos campeones de Europa porque se formó en gran grupo. En Ámsterdam nosotros no éramos los favoritos", sintetizó Sanz, quien argumentó su idea con el noble gesto de unidad que demostraron Mijatovic y Suker cuando Yugoslavia atravesó el conflicto bélico que concluyó con la disolución del Estado: "La situación de la Guerra de los Balcanes los unió más. Me acuerdo que ambos fueron juntos a la Embajada de Estados Unidos para pedir que dejen de bombardear a la región. Fue muy complicado y desagradable para todos".

La hazaña en Holanda forjó los lazos de amistad que se iniciaron en el vestuario del Santiago Bernabéu. A pesar de haber transcurrido 21 años de la conquista internacional, los protagonistas mantienen un vínculo familiar. "El otro día nos juntamos en la comunión de mi hija y Pujol me envió un mensaje diciéndome que podríamos haber jugado un partidito. Estábamos Mijatovic, Julio Baptista, Raúl y Morientes", confesó Sanz. Probablemente, en cada reunión de los ex reyes de Europa se recuerda el gol del montenegrino que le devolvió la mística al club de la Casa Blanca.

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