
Aquel 2016 parecía que sería el año soñado para Novak Djokovic. Había ganado por primera vez Roland Garros y soñaba con completar un Grand Slam. Lideraba el ránking ATP desde hacía dos temporadas. Entre julio de 2014 y junio de 2016, cuando alzó el trofeo del Abierto de Francia por primera vez, había ganado 158 partidos y sólo había perdido 13 (92% de efectividad). Era una máquina ganadora. Se avecinaban los Juegos Olímpicos de Río 2016, donde tenía la esperanza de lograr una medalla dorada para su país.
Pero todo empezó a derrumbarse. Fue derrotado en la tercera ronda de Wimbledon ante el estadounidense Sam Querrey y tocó fondo al enfrentarse en la primera ronda del certamen olímpico al argentino Juan Martín del Potro, quien lo eliminó por doble 7-6. Era su primera caída en un debut desde 2009 y el inicio del peor momento en su carrera.
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Pese a que fue finalista del Abierto de los Estados Unidos, Djokovic terminó aquel 2016 fuera del trono de la clasificación mundial y con dudas sobre su rumbo tenístico. "Mi tanque emocional para competir estaba vacío. Me preguntaba si podría volver al nivel que había jugado durante tantos años", reconoció recientemente a ESPN. En los siguientes 23 meses, Djokovic solo ganaría dos torneos.
Al iniciar la temporada 2017, al tenista serbio lo atacaron las lesiones. Un problema en el codo empezó a atentar contra sus ambiciones. Se perdió cinco de los nueve Masters 1000 y se bajó del Abierto de los Estados Unidos, lo que despedazó su lugar de privilegio en el ránking. Su caída libre lo hizo abandonar el Top Ten por primera vez en los últimos 10 años en noviembre del 2017.
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Para colmo, también tuvo que lidiar con los rumores de separación de su esposa Jelena, madre de sus hijos Stefan (3 años) y Tara (11 meses). Empezó a tomar algunas decisiones contundentes para volver a lo más alto. Primero, decidió cortar la relación con su entrenador de toda la vida, el polaco Marian Vajda. También despidió de su equipo de trabajo a Boris Becker, quien lo había acompañado durante tres años. Lo intentó con Andre Agassi y con Radek Stepanek, aunque no tuvo buenas experiencias.
Pero más allá de los cambios superficiales que hubo en estos dos años, donde empezó a usar una raqueta más ligera y también cambió los patrocinadores de ropa y calzado, Djokovic tuvo una transformación profunda en lo personal: la paternidad transformó su cabeza y le dio un nuevo aire.
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Este año llenó su combustible emocional y se decidió a salir adelante. Volvió a trabajar bajo las órdenes de Vajda, su coach desde la adolescencia, y se sometió a una cirugía en el codo en febrero. Pese a algunas eliminaciones en primera ronda en su regreso no bajó los brazos.
Su vuelta triunfal se decretó en la última edición de Wimbledon, donde logró el título y se impuso en una gran batalla de semifinales de cinco hora a Rafael Nadal. Regresó al Top 10 y se mostró fuerte, recuperado de sus lesiones y enfocado en volver a ganar. Después se consagró campeón por primera vez en el Masters 1000 de Cincinnati venciendo a en la final Federer de manera categórica y encaró el US Open con la responsabilidad de demostrar que estos triunfos no eran casualidad, sino una renovación profunda de su carrera deportiva.
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Estuvo muy sólido sus semanas en Nueva York. Eliminó en su camino a la final al húngaro Márton Fucsovics, al estadounidense Tennys Sandgren, al francés Richard Gasquet, al portugués João Sousa, al australiano John Millman (verdugo de Federer) y al japonés Kei Nishikori para llegar a la final, donde lo esperaba Juan Martín del Potro, aquel que lo sorprendió en Río 2016 y que dio inicio a los peores años de su carrera.
Pero este Djokovic, mucho más sensible y enfocado en disfrutar del tenis, no dio lugar a los fantasmas del pasado ni se dejó intimidar por el eufórico aliento del Estadio Arthur Ashe a su rival. El serbio se impuso con un contundente 6-3, 7-6 y 6-3 para lograr su 14° título de Grand Slam e igualar a Pete Sampras. Atrás quedaron las lesiones y los problemas anímicos, algo que también afectó a Del Potro y que a 'Nole' le generó empatía. "Cuando fui operado de mi codo comprendí perfectamente lo que le pasó a Juan Martín", dijo el serbio al recibir el trofeo.
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Los últimos meses de Novak Djokovic han sido fantásticos. Entre julio y septiembre, ganó dos títulos de Grand Slam. Su resurrección es un hecho, le ha quitado el tercer escalón del ránking al argentino y va nuevamente a camino a disputar la cima con Federer y Nadal.
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