Una vez más los fallos arbitrales favorecieron al Real Madrid en un momento clave. Con el antecedente de la clasificación polémica ante la Juventus y aquel penal agónico que todavía se está discutiendo, en el Santiago Bernabéu la Casa Blanca tuvo el privilegio de avanzar a la final de la Champions League con otra dudosa tarea del juez turco Cakir.

Como en la ida el Merengue había cosechado una victoria por 2 a 1, la revancha frente al Bayern Múnich en España parecía un compromiso más holgado, pero la actitud de los bávaros sorprendió al elenco que lidera Zidane.

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El choque estaba 1 a 1 por los goles de Kimmich y Benzemá. Todavía faltaba más de un tiempo por disputa. El destino de la serie se mantenía en suspenso. Y la mano que cometió Marcelo adentro del área fue un factor determinante ignorado por el árbitro ya que el espectáculo se desnaturalizó.

"Me pega en la mano. Creo que fue penal, pero yo no hablo de los árbitros. Muchas veces han fallado en contra de nosotros, porque cuando nos favorecen yo no hablo. Fue difícil porque el árbitro tenía a muchos jugadores por delante, pero sería un mentiroso si digo que la pelota no pegó en mi mano", dijo con una sonrisa burlona el brasileño en un acto de honestidad brutal.

Como el encuentro finalizó 2 a 2, el Real Madrid logró llegar a una nueva final continental con polémica. Su rival saldrá del cruce que animarán la Roma y Liverpool en Italia. Como en el primer enfrentamiento los británicos se impusieron 5 a 2, los de Klopp se perfilan como serios candidatos a viajar a Kiev para hacer justicia y destruir el sueño de la decimotercera Orejona madridista.

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