Amores que matan: la increíble historia de Attilio Romero, el hombre que destruyó al Torino

Un ferviente fanático al que todo le salió mal. En su juventud atropelló y mató al mejor jugador del "Toro". Años después, como presidente, llevó al club a la bancarrota

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Tener un amor no correspondido es sinónimo de corazones destrozados. En este caso, no fue un órgano vital, sino un club: el Torino, considerado uno de los equipos más desafortunados del mundo.

Attilio Romero es el otro protagonista de esta historia romántica, quien en su lucha por conquistar al equipo de Turín se cargó al mejor jugador del plantel y, posteriormente, tras redoblar su apuesta, dejó al Toro al borde de su extinción.

Habían pasado 15 años del trágico accidente de Superga, en el que 18 jugadores perdieron la vida a bordo de un avión. El equipo estaba en pleno ascenso y una contratación lo haría volver a la élite del fútbol europeo.

Luigi Meroni iba a ser el nuevo referente del club italiano. Con 20 años llegó a Turín, procedente del Genoa y, con su talento en tres temporadas, se convirtió en ídolo. Un jugador rápido, regateador y demasiado pícaro: "El George Best de Italia".

Del otro lado, el joven Attilio Romero disfrutaba de su fútbol y cubría las paredes de su habitación con fotos de su amado delantero. El "Meroniano", formó parte del grupo de fanáticos que se opusieron a la venta del jugador a la Juventus bajo el lema "Meroni es el Toro. No puede marcharse".

El jugador tenía el mismo
El jugador tenía el mismo nombre que el piloto del avión que se estrelló en la Basílica de Superga

El equipo italiano, con Luigi Meroni a la cabeza, comenzó la temporada 1967-1968 con el pie derecho, perdiendo sólo uno de sus primeros cuatro partidos. Fue en el último de ellos, cuando vencieron a la Sampdoria por 4-2, donde inició la trágica historia de amor.

Con la aplastante derrota, volvieron al hotel donde solían concentrarse, pero "La mariposa Grana", como solían apodar a su delantero estrella, optó por salir junto con su compañero Fabrizio Poletti, sin saber que sería lo último que haría.

Por su parte, el fanático de 19 años, conducía a bordo de su Fiat 124 Coupe muy alegre tras la victoria, cuando se topó con los futbolistas. Aquel 15 de octubre de 1967, Attilio Romero fracturó la pelvis y las dos piernas de su máximo ídolo. La grave hemorragia interna, producto del accidente, acabó con la vida del jugador sobre la calle Corso Re Umberto.

Recuerda Romero: "Meroni estaba en medio de la calle, yo veo un automóvil que se le acerca en sentido opuesto, él se asusta, hace un paso hacia atrás, paso yo, lo embisto, luego lo vuelve a embestir otro auto; es decir, fue un accidente que para él fue fatal"

Al hacer realidad su peor pesadilla, acudió rápidamente a la policía, se declaró culpable y se sumió en una gran depresión. Era hijo de un reconocido médico, y los abogados contratados por su padre, lograron absolverlo de los cargos.

A pesar de terminar con la vida de Meroni y de volver a sumergir al Torino en una nueva tragedia, su amor por el club italiano no iba a detenerse.

El nuevo presidente es presentado
El nuevo presidente es presentado en el club 33 años después de haber matado a Meroni

33 años más tarde, y después de haber superado aquel terrible episodio, el empresario Francesco Ciminelli, propietario del Torino, decidió ofrecerle la presidencia como una forma de consuelo y revancha personal: debía devolverle la gloria que le había quitado al equipo de sus amores.

Era el año 2000 cuando tomó las riendas. Dispuesto a reconstruir su historia romántica, gastó hasta lo que no tenía para hacer que el Torino vuelva a la Serie A.

Un año más tarde logró subir a los granates a la máxima categoría pero, cegado por intentar que el club al que amaba sea el mejor de la historia, comenzó su mala gestión económica.

En la temporada 2001-2002 ascendió
En la temporada 2001-2002 ascendió y terminó en el puesto 11°

En 2002 recayó nuevamente en la Serie B, sin embargo, su codicia y el exceso de contrataciones, lejos de conseguir buenos resultados, lo llevaron a la ruina.

Una vez más, Attilio Romero falló y el "Toro" terminó siendo la víctima. El club, que estaba cerca de cumplir sus 100 años y había conseguido el ascenso en 2004, fue declarado en bancarrota por deudas con la Federación Italiana de Fútbol y se le negó su próxima participación en la Serie A.

Después de destruir lo que más amaba, por segunda vez, el presidente del Torino fue condenado a dos años y medio de prisión por los tribunales de la ciudad, producto de manejos fraudulentos de dinero y malversación de fondos.

 

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