Marjorie Pourchet
Marjorie Pourchet

Marjorie Pourchet, autora e ilustradora francesa, apoya un neceser sobre la mesa. Retira la tapa y aperecen sellos y sellitos rústicos. Sus manos ligeras y gráciles se mueven precisas en la búsqueda. Sonríe, ante todo, sonríe. Comienza así, en cuestión de segundos, a recrear un paisaje de árboles en flor, como los que la recibieron en Buenos Aires.

Una caja de sellos viajera
Una caja de sellos viajera

Pourchet visitó Argentina en el marco del Filbita, el festival de literatura infantil. Llegó desde la pequeña ciudad de Besanzón, reconocida tanto por su gran vida silvestre que abrazan a fortificaciones históricas, algunas de cinco siglos de antigüedad, que le otorgan ese carácter especial, y que despiertan la fantasía, la imaginación.

Y es allí, en un viaje imaginario a Besanzón desde un sillón de un hotel palermitano, donde comienza este diálogo con Infobae Cultura, que también incluyó la inspiración, la búsqueda del estilo, lo poético en su arte, la paleta de colores, lo digital versus lo artesanal y el prestigio de los ilustradores en Europa, entre otros temas.

Marjorie Pourchet (Juan Batalla)
Marjorie Pourchet (Juan Batalla)

Es que en ese rincón del este galo, se encuentra el Museo de Bellas Artes y Arqueología -el primero creado en Francia en 1694, casi un siglo antes que su hermano famoso de París, el Louvre. En el museo Marjorie acaba de terminar uno de sus últimos trabajos, que la "llenan de orgullo", debido a que pudo mixturar su "amor por la ilustración y relacionar a los niños con el arte".

"El museo fue renovado hace poco tiempo y buscaron una manera de que llegara al público de manera diferente. Entonces, armamos un libro con un personaje que en cada página se relaciona de alguna manera con una obra del acervo y te invitaba a recorrerlo jugando. Fue una gran experiencia poder unir la ilustración con el arte del museo a través de los niños".

El cerdo y el paraguas: a la izquierda, la ilustración de Pourchet; a la derecha, “Los agricultores de Flagey regresan del mercado”, obra de Courbet de 1850
El cerdo y el paraguas: a la izquierda, la ilustración de Pourchet; a la derecha, “Los agricultores de Flagey regresan del mercado”, obra de Courbet de 1850

De una pila de ilustraciones saca un par de originales, realizados especialmente para esa actividad. Y explica: "Este cerdito, por ejemplo, con el paraguas aparecen en una obra de Gustave Courbet del museo. Entonces los niños iban y buscaban pintura por pintura hasta descubrir dónde aparecían".

Luego de recibirse en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, Pourchet escribió e ilustró su primera obra, La cabeza en la bolsa, que fue traducido a varios idiomas.

"La cabeza en la bolsa fue muy importante. Allí se habla de una nena bastante tímida, que tiende a esconderse. y la única manera que tiene el lector para ver su rostro es una mancha roja. Ese concepto, el hecho de elegir un color para mostrar qué es lo que se quiere esconder es algo que me acompaña en otras obras de manera diferente".

“La cabeza en la bolsa” (Fondo de Cultura Económica), de Marjorie Pourchet
“La cabeza en la bolsa” (Fondo de Cultura Económica), de Marjorie Pourchet

En muchos de tus trabajos se nota una paleta de colores acotada, pero de fuertes contrastes. ¿Cómo es ese proceso de selección?, ¿comienzas con una idea o experimentas hasta encontrar las tonalidades?

-Un poco de las dos cosas. En el fondo siempre tengo una idea de cuáles son los colores con los que quiero trabajar, pero siempre me tomo el tiempo para experimentar. En general, todo lo que es experimentación de colores prefiero hacerlo por computadora, por una cuestión de rapidez, ya que de esa manera puedo, por ejemplo, cambiar el ambiente rápido y darme una idea de que si me interesa o no. Siempre elijo dos o tres colores y a partir de ahí empiezo a jugar. Me siento muy cómoda con el rojo y el azul, pero estoy empezando a usar el negro, que antes me daba miedo, no sé porqué, pero empecé a integrarlo lentamente.

En ese sentido, cada vez más ilustradores se vuelcan hacia la producción con herramientas digitales, ¿cómo es tu relación?, ¿la utilizas para retocar la obra al final?

-Utilizo la computadora es solo para experimentar. Me gusta el trabajo manual, la relación artesanal con cada proyecto y tampoco hago retoques finales una vez que finalicé un trabajo. Siempre hay una diferencia patente entre lo que se realiza en una pantalla y lo que se genera en el papel, el resultado nunca es el mismo. La pantalla me puede servir como guía, como idea, pero de ninguna manera me interesa reproducir eso.

“Mi Jardín” y “A mi lado” (Pípala), de Marjorie Pourchet
“Mi Jardín” y “A mi lado” (Pípala), de Marjorie Pourchet

Prefieres el resultado final que da lo artesanal, lo manual.

-Sí, claro. Creo que hay grandes ilustradores que trabajan en digital y realizan trabajos muy, muy lindos. Pero yo me inclino por la parte artesanal sin dudas. Por ejemplo, en mis primeros libros como Mi Jardín o A mi lado trabajé con telas porque tenía la necesidad de tocarlas telas, de sentir las texturas. Lo veo como parte del proceso creativo también. Para mi lo táctil también despierta a la creatividad. Yo necesito el papel, sé usar todas las técnicas digitales porque las utilizo cuando hago trabajos comerciales, para publicidad, y no descarto que en un futuro me termine por volcar hacia lo digital, pero por ahora sigo amando lo analógico.

(Lihue Althabe)
(Lihue Althabe)

Tienes un estilo que ya se identificable, que quizá es lo más importante para un artista. ¿Cómo fue esa búsqueda?

-Durante mi primera etapa, como en mi primer libro, Kitty Crowther (NdR: ilustradora belga, ganadora del premio Astrid Lindgren) tuvo una presencia muy importante. Ya en mis trabajos más actuales miro mucho a Wolf Erlbruch, a quien admiro y que tiene una técnica de collage increíble. Recuerdo que en mis primeros trabajos fotocopiaba grabados para luego dibujar sobre ellos, copiando esos grabados. Eso me ayudó a mejorar mi técnica. Hoy, me gusta además trabajar con sellos, que yo produzco, para usar en mis dibujos. El grabado me encanta, y atraviesa a todos los que amamos el arte gráfico. Para mi trabajar con los sellos, con el grabado, fue una manera de reconectarme con mi infancia, volver al juego. Una se presiona mucho, estaba tan obsesionada con realizar todo bien y eso era muy cansador. Podía pasarme dos días con una ilustración y estaba siempre el temor de que podía fallar. De esa manera siento que si fallo, lo puedo solucionar. Me da mucha más alegría, lo hago feliz.

De “A mi lado”
De “A mi lado”

-Además de ilustradora, eres autora de poesía, ¿cuál es la relación entre una y otra?

-Sí, tengo un proyecto personal, pero que aún no tiene editor, para ilustrar poesía propia. Como no es una narración, los editores no encuentran la manera de llevarlo adelante. Es un bestiario. Hay mucho juego de palabras, mucha metáfora, por otra parte es un género en sí mismo. Como pienso en niños, un texto está hecho para estar dicho y debe sonar melódico. Creo que la conexión puntal entre una y otra es la metáfora, la imagen puede llamar a las palabras, pero a la vez dice cosas que no se pueden escribir, y la poesía a su vez dice imágenes. Entonces, la ilustración es una manera de crear poesía.

-¿Cuál es el espacio para libro álbum hoy en Europa?

-Hace 20 ó 30 años el panorama para los lectores de 12 a 16 años cambió muchísimo. Se multiplicó la oferta editorial, ya que el público receptor no solo involucra a los jóvenes, sino también a muchos adultos, que recurren a estos libros para ellos mismos. Sin embargo, si pensamos en libros álbum hechos especialmente para el público adulto hoy sigue siendo algo más bien marginal, es más amateur, la casas editoriales no se animan a apostar a ese mercado. Son pocos los artistas que se animan a ingresar a ese mundo, aunque se juntan y sacan ediciones preciosas en editoriales quizá muy pequeñas.

Ilustraciones actuales. “Cuando comencé no me salía dibujar ningún animal. Creo que hice un progreso”, dijo
Ilustraciones actuales. “Cuando comencé no me salía dibujar ningún animal. Creo que hice un progreso”, dijo

-Pero ese crecimiento se dio en los últimos años, el estatus del ilustrador no es hoy el que era hace una década.

-Cuando estudié Bellas Artes, por cinco años, el director de la carrera de entonces era una persona que estaba muy relacionada con el mundo del arte contemporáneo. Y lo que se sentía entonces, porque había una bajada de línea en ese sentido, es que todo lo que era ilustración era un arte menor. De hecho los que hacíamos ilustración nos llamaban los "dibujadores de Mickey". Sin embargo, creo que hubo un cambio rotundo y hoy nuestro trabajo no solo es respetado, sino que también se lo considera arte, con A mayúscula. Hoy, hay una galería en París que se dedica solo a la ilustración. Hoy hay una mirada totalmente distinta.

Originales del libro “En la azotea”
Originales del libro “En la azotea”

-Entonces, consideras que en la actualidad el reconocimiento para los ilustradores es mucho mayor, ¿en qué lo notas?

-Para empezar, a diferencia de otros países, no existe no poner el nombre del ilustrador en la tapa de un libro, hay una protección por ley. Sé que en Francia somos muy privilegiados con respecto a los derechos de autor. Por otro, hace muy poco años está sucediendo que algunos editores, no todos, comenzaron a valorizar el trabajo del ilustrador de otra manera con respecto al autor y eso se refleja en la paga. Entendieron que nuestro oficio presupone mucho más tiempo de trabajo. Con respecto a la paga, se puede ganar un porcentaje más grande que el que se llevan los autores. Además, a priori, muchos compran el libro por las ilustraciones que por el texto, este tipo de libros conquista por los ojos. Sin embargo, en Francia a un texto que fue aprobado por un editor no le cambias una coma. Eso no se hace, el texto es sagrado. En España, por ejemplo, sentí que podía sugerir algunas cosas y se pueden hacer algunos cambios, sin que sea nada rotundo.

Ilustraciones para el museo (Juan Batalla)
Ilustraciones para el museo (Juan Batalla)

-¿Cómo es tu relación con los talleres?, ¿encuentras un feedback para tu obra?

-Para mí es una manera de salir de la soledad del trabajo. Es conocer al lector, ver su vida, intercambiar. También me permite ver cómo el lector ve mis dibujos, hay una búsqueda precisa para ver si la ilustración cumplió con lo que yo quería, si toca al lector de la manera que yo quería generar.

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