
Geovani Martins comenzó a forjarse como escritor el día que decidió dejar la escuela. Con 15 años recién cumplidos, Martins se aburría dentro del aula. Sentía que allí no le ofrecían nada interesante para aprender, pero para dar ese paso, precisaba un trabajo, y así fue como comenzó a ganar dinero como "hombre cartel" en la orla Copacabana.
El trabajo era tan tedioso como ir a la escuela. Martins le hacía publicidad a un político, candidato a diputado por Río de Janeiro. Pero en esas jornadas de ocho horas diarias, aprendió a curar el aburrimiento cultivando su curiosidad. En bicicleta, paseaba con la bandera del candidato en la espalda. Mientras pedaleaba, prestaba mucha atención a todo lo que pasaba a su alrededor. Al final del día, llegaba a su casa y escribía crónicas que luego terminaban publicadas en internet.
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Después de un tiempo, su jefe lo bajó de la bicicleta y le pidió que pasara las ocho horas sentado en la puerta de un local partidario: un trabajo más monótono al que le supo sacar provecho. "Era mucho menos interesante que la bicicleta, pero me daba tiempo para leer. Por suerte no había celular, entonces comencé a conocer clásicos que estaban en mi casa y ni sabía lo que eran", dice Martins a Infobae Cultura en su departamento, en el morro de Vidigal, una favela vecina a Rocinha, que ofrece las vistas más privilegiadas de Río de Janeiro.
El descubrimiento de los cuentos de Joaquín Machado de Assís y de El Quijote de la Mancha, en la edición traducida al portugués por Ferreira Goullar, alimentaron una pasión por la lectura que no se detuvo y lo motivó aun más a seguir escribiendo.
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A los 26 años, Martins empieza a cosechar los frutos de su trabajo. Acaba de publicar su primer libro, O sol na cabeça, que en poco tiempo se convirtió en un fenómeno literario de las favelas. El libro reúne 13 cuentos que tienen como hilo conductor las vivencias de distintos jóvenes que crecen en las favelas cariocas. Martins presenta con crudeza cómo es la vida y los entornos en los barrios más postergados de la Ciudad Maravillosa, marcados por la discriminación, la violencia, los abusos policiales y el narcotráfico.
"Fue un camino natural el que me llevó a escribir esas historias, me salieron con mucha espontaneidad porque hablo del universo que transito y vivo desde pequeño", dice Martins.
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La inspiración autobiográfica está manifiesta. Martins cuenta el mundo desde un lugar geográfico y social: el morro. Sabe bien de qué se trata porque nadie se lo contó. Antes de Vidigal, el escritor vivió en Bangú, en los suburbios de Río, y luego se mudó a Rocinha, la favela más grande de Río.
En la historia de Periquito y Macaco, se reconstruyen los cambios que vivió Rocinha luego de la llegada de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP), cuando buena parte de la clase media carioca veía esa iniciativa como una panacea. Y en Espiral, el escritor describe el desasosiego que produce en un morador de favela vivir bajo sospecha permanente, visto como un criminal, mientras se mezcla en la ciudad con gente de clase media.
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Publicado por la prestigiosa editorial Companhia Das Letras, O sol na cabeça ya fue vendido a nueve países, entre ellos España (Alfaguara), Italia (Mondadori) e Inglaterra (Faber & Faber). Martins ya tiene un contrato para publicar su segundo libro, con la misma editorial, en 2020.
—¿Cuánto de cada personaje de O sol na cabeça tiene que ver con vivencias de usted, sus amigos y sus conocidos?
—Es difícil hacer esa cuenta. No sabría medir eso porque está todo muy mezclado.. cuento historias que vi desde mi ventana, otras que escuché, imaginé, y otras son tienen cosas que pasaron conmigo.
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—Los cuentos pueden ser leídos como crónicas, se mueven en el campo de la ficción realista y tienen datos y referencias al pasado reciente brasileño. ¿Por qué eligió el formato de ficción y no un libro de crónicas?
—Fue una elección natural. Es verdad que mis cuentos tienen mucha influencia de la crónica, en el tipo de registro de los acontecimientos y en cómo está reconstruido el día a día. Creo que la influencia de la crónica en mi breve trayectoria como escritor me llevó para el realismo en la ficción.
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—Uno de los temas principales del libro es la discriminación, con el contrapunto entre quienes viven en el morro (la favela) y en el asfalto. ¿Cómo cree que cambió esa práctica después del proceso de pacificación de las favelas en Río de Janeiro?
—Creo que no cambió en nada. Quien está fuera de la favela continúa sin saber nada sobre lo que pasa dentro de las comunidades. Y con las UPP o sin ellas, las tensiones siguen siendo las mismas.
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—¿Cree que la intervención federal en Río podría dar pie a una segunda parte del libro?
—Sin dudas va a influenciar mucho, va a generar nuevas historias. Pero independientemente de la presencia o no de la intervención, en el universo de las favelas las historias nuevas no van a faltar nunca.
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—En algunos cuentos eligió el lenguaje coloquial de un adolescente de favela para contar las historias. ¿Qué efecto buscó?
—El libro pasa prácticamente todo el tiempo en el universo de las favelas. No quería poner en el libro que todo el mundo en la favela habla igual, quería mostrar la pluralidad de formas de hablar y cómo esas formas están contaminadas por las girias (modismos). Quería que el libro transitara por las muchas formas de hablar de la lengua portuguesa y que todas pudieran encontrarse en algún momento.

—¿Cómo fue recibido el libro en las favelas?
—La identificación de los vecinos fue inmediata. Muchos me dijeron 'esa historia es algo que yo vi' o que 'eso pasó con fulano'. Hice el libro con la preocupación de que fuera leído también en las favelas, que no quedara preso solamente en el universo de los lectores de literatura contemporánea. Y mantengo esa preocupación hasta hoy, pero por suerte me consta por mensajes que recibo que el libro se está leyendo mucho en varias comunidades. Eso me pone muy feliz.
—Recibió elogios de, entre otros, Chico Buarque, y del documentalista João Moreira Salles ¿Cómo toma esos comentarios y el hecho de ser considerado 'un fenómeno literario'?
—Recibí críticas muy buenas de gente que admiro, y eso me pone muy feliz por la sensación de que un trabajo que me costó tanto, tantos años de esfuerzo, está empezando a ser reconocido. El mote de fenómeno no lo comparto mucho, creo que quienes hablan de fenómeno se refieren al libro, que por suerte está siendo muy leído, y no a mí. No quiero ese tipo de títulos. Fenómeno es solamente Ronaldo. (Ríe).
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