Consumo de insectos en Colombia: ¿Placer o necesidad?

Aunque para algunos podría resultar impensable incluir cucarachas o grillos en su dieta, expertos señalan que son alta fuente de proteína y lípidos

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Foto: Pixabay
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La entomofagia o consumo de insectos, es una práctica muy común en regiones de Asia, África y en algunos países de Latinoamérica. Y aunque en Colombia no sea un hábito frecuente, departamentos como Santander y Amazonas ofrecen diversas clases de insectos con altos valores nutricionales en proteínas, lípidos, calcio e incluso, son bajos en colesterol, los cuales, algunos hacen parte de variados y exóticos platos que resaltan la gastronomía nacional.

Frente a este escenario y con el ánimo de dar a conocer el trabajo y consumo de algunos insectos como importante fuente de nutrientes y apropiación de patrimonios gastronómicos, el programa de Gastronomía y Culinaria de la Universidad del Areandina realizó el II Foro Iberoamericano Desarrollo y Panoramas Gastronómicos: Oportunidades y perspectivas de la entomofagia para la seguridad y soberanía alimentaria.

Hambre y seguridad alimentaria

La disponibilidad de alimentos, el acceso de las personas a ellos y el consumo nutricionalmente adecuado, son tres pilares sobre los que se asienta el concepto de seguridad alimentaria. De acuerdo con la gastrónoma Carolina Romero, este concepto, nacido en la década de los años 70, ha incorporado diferentes variables económicas y socioculturales que hoy ha sido planteado por la Organización de las Naciones Unidas con el objetivo de erradicar la hambruna global.

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Para la investigadora, los insectos hacen parte de esa cultura material e inmaterial de los pueblos, así como evitar el uso de productos agrotóxicos que pueden tener consecuencias en los sistemas hídricos.

Oportunidades de la entomofagia

En Colombia, el Atta Laevigata u hormiga culona y la larva mojojoy, son especies que se han convertido en referentes culturales de mayor exportación y, aunque tienen alta calidad de proteínas y nutrientes y su producción es bastante exótica por su temporalidad, estas especies no se pueden replicar en un laboratorio.

Para el zootecnista, además de las hormigas y larvas, existen otros tipos de insectos que ofrecen riqueza nutritiva como el Tenebrio Molitor, un escarabajo que habita en diferentes regiones como el altiplano cundiboyacense que se alimenta de materia orgánica o residuos de cultivos, el Elodes Obscura, una cucaracha con 60% de proteína y 30% de lípidos lo cual lo favorece temas alimentarios o el Acheta Domesticus o grillo doméstico, insecto de gran consumo por su alto nivel de proteínas y lípidos.

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Comer insectos: ¿necesidad o placer?

La práctica de comer insectos se ha convertido en un verdadero desafío para muchas personas, por lo que aquellos que los consumen, podrían estar relacionados por la zona en la que viven. En regiones tropicales cálidas donde hay abundancia de insectos, las personas tienen el hábito de comerlos a lo largo de su vida, además de su facilidad para atraparlos y usarlos como ingredientes en sus platos.

Retos y desafíos como país

Es innegable la necesidad de tener sistemas productivos que concilien la soberanía y la seguridad alimentaria con las nuevas tecnologías e innovaciones que permitan garantizar fuentes limpias sustentables y eco sostenibles de alimentos alternativos, lo que para el docente Marín, “los insectos tienen grandes capacidades nutricionales, de resistencia y facilidad de crianza. Por lo tanto, son una opción muy viable para el desarrollo de fuentes alimentarias en tiempos de crisis global como los que vivimos”.

Para la directora Nariño Bernal, se hace necesario y urgente reflexionar sobre los productos silvestres, dado que éstos se dan en ecosistemas altamente vulnerables en términos medio ambientales y, por tanto, hacen parte de la subsistencia y de sus alternativas alimentarias.

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