Jon Landaburu, el francés que trabaja por la preservación de las lenguas nativas en Colombia

Realizó su pregrado y maestría en filosofía y, posteriormente, hizo un doctorado en lingüística.

Jon Landaburu: “Soy vasco, hijo de vascos refugiados republicanos que se fueron a Francia durante la Guerra Civil Española”. Foto: Instituto Caro y Cuervo
Jon Landaburu: “Soy vasco, hijo de vascos refugiados republicanos que se fueron a Francia durante la Guerra Civil Española”. Foto: Instituto Caro y Cuervo

Jon Landaburu es hijo de padres vascos, pero nació en Francia luego de que ellos tuvieran que exiliarse como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Llegó a Colombia de 23 años porque le tocó prestar servicio militar en un país del “tercer mundo”. Estudió filosofía en la Sorbona de París. También realizó una maestría en filosofía y, finalmente, estudió lingüística por medio de un doctorado.

Estando en Colombia fue contratado en la Universidad de los Andes para dictar una cátedra de lingüística. Además, fue director del Centro Colombiano de Estudios en Lenguas Aborígenes en esta universidad, tradujo la Constitución de 1991 a siete lenguas indígenas y ayudó a crear la Ley 1381 de 2010 para la protección de dialectos ancestrales.

Landaburu es considerado uno de los pioneros en llevar a la academia el estudio de las lenguas indígenas de Colombia. Para los años 80, de la mano del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, el ICANH, fundó un centro para formar lingüistas colombianos que estuvieran interesados en estudiaran a las comunidades indígenas y sus lenguas.

Con el Centro Colombiano de Estudios en Lenguas Aborígenes, CCELA, llegaron a estudiar casi cuarenta lenguas nativas, formaron cincuenta lingüistas, de este grupo de lingüistas doce eran indígenas que estudiaron su propio idioma. Por la crisis económica que atravesó Colombia en los noventa, el CCELA tuvo que cerrar sus puertas.

Al primer territorio indígena que llegó el filósofo francés fue al pueblo andoque, ubicado en el sur de la Amazonia, luego de haber cumplido cuatro años en Colombia. Llegó hasta los raudales del Araracuara en la Amazonia en en los años setenta. El objetivo de este viaje fue conocer la lengua de los pueblos nonuyas, uitotos y muinanes.

En esta zona del sur del país estuvo durante cinco años. Todo este tiempo estuvo internado en la Amazonia conociendo las tradiciones y los rituales sagrados de estas comunidades indígenas. Luego de conocer la historia de estos pueblos, los cuales, en su gran mayoría, fueron exterminados por el comercio de las caucheras, Landaburu recordó su pasado y la semejanza que habitaba en estos relatos con su vida y el exilio de sus padres por la dictadura de Franco en España y su Guerra Civil al tiempo que se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial.

En su estudio encontró 65 lenguas nativas. A esta investigación le dedicó casi cincuenta años, quince libros y casi sesenta artículos, más todas sus horas de enseñanza. Para Landaburu es esencial el conocimiento cultural y espiritual de los pueblos nativos, “Se debe conocer mucho más la riqueza cultural y espiritual de los indígenas y usar ese reconocimiento para impulsar los derechos políticos de pueblos que son mucho más sofisticados y refinados de lo que se cree desde la arrogancia occidental”, ha dicho en varias entrevistas.

Para el académico, luego de vivir cincuenta y cuatro años en el país, Colombia a avanzado en temas de de reconocimiento e investigación en lenguas indígenas. Pero aún así con el paso del tiempo los indígenas hablan menos sus lenguas. De las 65 lenguas nativas que hay en Colombia solo tres de esas son habladas por 100.000 personas, y el resto de las lenguas, actualmente, son habladas por menos de mil personas.

De acuerdo con una entrevista en El Espectador, Landaburu volvió a su Amazonia y acompaña a los jóvenes de Andoque, un corregimiento de Puerto Santander, donde sigue trabajando en la preservación de las lenguas ancestrales por medio de la creación de un diccionario.