
Decenas de equipos de investigación en todo el mundo trabajan para detener, tratar e incluso prevenir la enfermedad de Alzheimer, que se desarrolla silenciosamente en el cerebro durante más de una década antes de que aparezcan los síntomas.
Aunque en los últimos años se han producido avances importantes, los científicos siguen buscando terapias que puedan modificar de manera más efectiva el curso del Alzheimer y otras formas de demencia.
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La profesora Michal Schwartz, del Departamento de Ciencias del Cerebro del Instituto Weizmann de Ciencias, ha desarrollado una estrategia innovadora para tratar la enfermedad de Alzheimer.
Ganadora del Premio Israel en Ciencias de la Vida, Schwartz fue pionera en la investigación que demostró que el órgano más protegido del cuerpo, el cerebro, depende estrechamente del sistema inmunológico para su funcionamiento, mantenimiento y reparación a lo largo de la vida. Estos hallazgos derribaron el dogma de que el cerebro estaba completamente aislado de la actividad inmunológica y que cualquier actividad inmune dentro del cerebro era intrínsecamente perjudicial y debía suprimirse.
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Este hallazgo sugiere que eliminar las placas de amiloide, consideradas durante mucho tiempo un sello distintivo del Alzheimer, no es suficiente para detener la enfermedad. Sus descubrimientos abrieron un nuevo camino para el desarrollo de tratamientos para enfermedades neurodegenerativas mediante el enfoque en el sistema inmunológico.
Recientemente se completó un ensayo clínico de fase Ib de una inmunoterapia para el Alzheimer basada en el trabajo de Schwartz. Los resultados de esta primera etapa de desarrollo clínico, cuyo objetivo principal —como es habitual en la fase I— era evaluar la seguridad, se publican hoy en Nature Medicine.
Más allá de las placas de amiloide: el sistema inmunitario
En lugar de centrarse directamente en las placas de amiloide del Alzheimer, el equipo de Schwartz ha enfocado sus esfuerzos en comprender cómo la disfunción del sistema inmunológico impulsa la progresión de la enfermedad.
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Este enfoque novedoso refleja también el reconocimiento creciente de que el Alzheimer es un trastorno sistémico, más que únicamente una enfermedad cerebral.

Hace aproximadamente una década, utilizando modelos de ratón con enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia, el equipo demostró que la reducción transitoria e intermitente de la supresión impuesta al sistema inmunológico por los puntos de control inmunitarios inhibidores promueve la eliminación de células envejecidas del cerebro enfermo, reduce la inflamación cerebral y alivia los síntomas, ralentizando el avance de la enfermedad y mejorando la memoria.
Los investigadores se centraron en la vía de control inmunitario PD-1/PD-L1 como objetivo para el tratamiento. Basándose en estos descubrimientos, Schwartz cofundó ImmunoBrain, una empresa dedicada a traducir su investigación en terapias para enfermedades neurodegenerativas.
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La empresa obtuvo la licencia de la tecnología subyacente y la propiedad intelectual a través de Yeda, la compañía de transferencia tecnológica del Instituto Weizmann, y desarrolló IBC-Ab002, un anticuerpo anti-PD-L1 humanizado diseñado específicamente para aprovechar el nuevo mecanismo inmunológico descubierto para tratar el Alzheimer.
Aunque IBC-Ab002 apunta a la misma molécula de control inmunitario que los anticuerpos anti-PD-L1 empleados en inmunoterapia oncológica, presenta propiedades distintivas adaptadas al Alzheimer.
El tratamiento, orientado a revertir el envejecimiento inmunológico, también redujo biomarcadores de daño neuronal, así como biomarcadores asociados a la pérdida de función sináptica.
Estos hallazgos respaldan el desarrollo clínico adicional de esta estrategia terapéutica innovadora.

Aunque la enfermedad de Alzheimer sigue siendo incurable, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) ha aprobado siete tratamientos; tres de ellos, aprobados en los últimos cinco años, están dirigidos a las placas de amiloide características de la enfermedad. Las terapias más antiguas están destinadas principalmente a aliviar los síntomas.
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“El envejecimiento es el mayor factor de riesgo para el Alzheimer”, afirma Schwartz. “Nuestra investigación a lo largo de los años ha demostrado que uno de los principales contribuyentes a la progresión de la enfermedad es el envejecimiento del sistema inmunológico. El deterioro inmunológico asociado a la edad alimenta una inflamación crónica en el cerebro, uno de los motores principales de la progresión del Alzheimer y otros trastornos neurodegenerativos”.
“El objetivo de nuestra terapia biológica es restaurar la capacidad juvenil del sistema inmunológico para proteger el cerebro, ayudando así a detener la enfermedad o incluso revertir su curso. Creemos que este enfoque puede inaugurar una nueva era en el tratamiento de la demencia y otras enfermedades neurodegenerativas, cuya prevalencia sigue aumentando a medida que las poblaciones envejecen y la esperanza de vida se incrementa”.
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También participaron en el estudio la Dra. Noa Bregman del Centro Médico Universitario Sourasky de Tel Aviv (Ichilov) y la Universidad de Tel Aviv; Dalia Bracha, el Dr. Kuti Baruch, el Dr. Alexander Kertser y la Dra. Sharona Raveh de ImmunoBrain; y el Dr. Eliezer Shochat. La investigación de la profesora Michal Schwartz cuenta con el apoyo del Instituto Sagol para la Investigación de la Longevidad; el Fondo de Investigación sobre la Enfermedad de Alzheimer de la Familia Thompson; y la herencia de Daisy Pinchas.
*Este contenido fue producido por expertos del Instituto Weizmann de Ciencias, uno de los centros más importantes del mundo de investigación básica multidisciplinaria en el campo de las ciencias naturales y exactas, situado en la ciudad de Rejovot, Israel.
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