
Un grupo internacional de científicos sostiene que la Tierra podría albergar entre 14 y 20 millones de especies de insectos, una cantidad que multiplica por tres otras cifras. Este dato proviene de una investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
La investigación advierte que la mayoría de esos insectos permanece sin identificar, lo que representa un desafío para su protección y conservación.
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El equipo, liderado por Laura Melissa Guzman, profesora asistente de entomología en Cornell University, utilizó análisis genéticos y modelos estadísticos avanzados para estimar la verdadera magnitud de la diversidad de insectos.
Los científicos analizaron más de 1,6 millones de ejemplares recolectados en una región protegida de Costa Rica. Los resultados sugieren que la diversidad de estos animales ha sido subestimada de manera sistemática durante décadas.

El muestreo en Costa Rica: ADN y trampas para insectos
La investigación se centró en el Área de Conservación Guanacaste, una zona protegida del noroeste de Costa Rica que abarca 169.000 hectáreas (417.000 acres). En ese entorno, los científicos instalaron quince trampas Malaise, dispositivos similares a tiendas de campaña que capturan insectos voladores en diferentes hábitats: bosque seco, bosque nuboso y selva lluviosa.
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Durante casi siete décadas-trampa combinadas, estas trampas recolectaron 1.633.855 ejemplares. Tras analizar los códigos de barras de ADN, el equipo identificó 53.945 especies distintas usando el sistema BIN, que permite agrupar organismos con características genéticas similares.
Guzman subrayó la importancia de este hallazgo: “No podemos proteger especies si no sabemos que existen, y para entender la biodiversidad de nuestro planeta es importante saber cuántas hay”.

El equipo reconoció que ni siquiera ese enorme esfuerzo de muestreo reflejaba la totalidad de la diversidad local. Para corregir ese submuestreo, se enfocaron en un grupo específico: las avispas parasitoides del subgrupo Microgastrinae, que depositan sus huevos dentro de orugas.
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La combinación de tres métodos de recolección permitió identificar 1.414 especies de microgastrinas, pero el modelo estadístico elevó la estimación mínima real a 2.394 especies.
Usando la diferencia entre lo observado y lo estimado, los científicos calcularon una razón de submuestreo y la aplicaron a todos los insectos del área, lo que arrojó una riqueza estimada de 332.846 especies solo en Guanacaste, con un intervalo de confianza entre 306.847 y 364.963 especies.

Para trasladar estos datos locales a una escala global, el equipo utilizó referencias cruzadas con otros grupos animales, especialmente árboles, mamíferos y anfibios. Compararon la diversidad registrada en Guanacaste con las estimaciones mundiales de especies de árboles (alrededor de 73.000 especies), polillas satúrnidas y otros organismos.
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El resultado de estas extrapolaciones fue contundente: la cifra global más representativa alcanzó los 20,3 millones de especies de insectos. Cuando se aplicaron otros modelos, el rango osciló entre 14,2 millones y 20,3 millones, con una media de 17,3 millones.
El propio estudio aclara que este cálculo es conservador y podría estar por debajo de la realidad, ya que existen numerosos sesgos que tienden a subestimar la diversidad.
Entre los factores que podrían reducir la estimación se encuentran las limitaciones de las trampas Malaise, que no capturan todos los tipos de insectos, la imposibilidad de acceder a las copas de los árboles y las dificultades técnicas para obtener ADN de todos los ejemplares.
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Consecuencias para la conservación y advertencias de los autores

Laura Melissa Guzman señaló que los resultados del estudio muestran “una gran cantidad de insectos no descritos, los que no tienen nombre”. La investigadora advirtió: “Con los informes recientes sobre disminuciones de insectos, podría haber muchas especies en declive que ni siquiera hemos descubierto”.
Además, el trabajo contó con la colaboración de quince especialistas, entre ellos Robert Colwell, profesor de investigación distinguido de la University of Connecticut y entomólogo del Museo de Historia Natural de la University of Colorado, y Michael Sharkey, profesor emérito de la University of Kentucky.
La investigación subraya la urgencia de avanzar en la identificación de nuevas especies como paso fundamental para su protección, ya que la mayoría sigue sin nombre ni descripción científica.
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El desconocimiento de esa diversidad complica los esfuerzos para evaluar su estado y diseñar estrategias eficaces de conservación.
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