Hace casi 60.000 años, en una cueva de Siberia, un individuo soportó un dolor punzante mientras otro, o quizás él mismo, introducía una punta de piedra en su diente para extraer la zona dañada. Esa escena, reconstruida a partir del hallazgo de un molar, revela un hecho insólito: los neandertales ya practicaban tratamientos dentales para combatir las caries. El procedimiento, realizado mucho antes de la odontología moderna, acaba de ser documentado por un equipo internacional y publicado en la revista PLOS One.
El hallazgo se centra en un molar de neandertal de unos 59.000 años de antigüedad, recuperado en la región del Altái, al sur de Siberia. La pieza dental presenta una cavidad profunda, con paredes pulidas y surcos microscópicos alineados, signos de una intervención deliberada. Los investigadores, liderados por Alisa Zubova del Museo de Antropología y Etnografía de la Academia de Ciencias de Rusia, reprodujeron experimentalmente la perforación en dientes humanos modernos usando herramientas líticas similares a las halladas en la cueva. El resultado fue concluyente: “Perforar una lesión de caries usando una herramienta de piedra afilada y delgada resulta completamente eficaz, permitiendo retirar rápidamente el tejido dental dañado”, afirmó Zubova.
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Un tratamiento avanzado y doloroso
El análisis del diente, identificado como “Chagyrskaya 64”, mostró signos de caries severa y alteraciones en la mineralización de la dentina. La forma y el patrón de los agujeros no corresponden a lesiones naturales ni a fracturas post mortem, sino que muestran rastros de manipulación manual con un instrumento de piedra. “Nos intrigó la forma inusual de la concavidad en la superficie de masticación del diente. Difería de la morfología normal de la cámara pulpar y no coincidía con el patrón típico de las lesiones de caries que vemos en Homo sapiens”, explicó Zubova.
El procedimiento habría sido extremadamente doloroso, pero permitió aliviar la presión causada por la infección. “Si haces un agujero grande en el diente, como lo hizo este ‘dentista’ neandertal, se alivia la presión”, señaló Justin Durham, profesor de dolor orofacial en la Universidad de Newcastle y asesor científico de la British Dental Association. Los bordes suavizados y el desgaste en el interior del diente indican que el individuo siguió usando el molar para masticar después de la intervención.
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La intervención documentada representa la evidencia más antigua de tratamiento dental exitoso de la que se tiene registro, superando por unos 40.000 años los primeros casos conocidos en humanos modernos. Este hallazgo cambia la perspectiva tradicional sobre los neandertales. “Una intervención tan compleja, realizada en condiciones de dolor intenso, sugiere fuertemente que los neandertales entendían que sus acciones llevarían a la curación o al menos a un alivio significativo”, sostuvo Kseniya Kolobova, arqueóloga que participó en el estudio.
El contexto arqueológico de la cueva Chagyrskaya también aporta información sobre la vida de estos grupos. Los neandertales del Altái fabricaban herramientas de piedra sofisticadas y cazaban grandes mamíferos como bisontes y caballos. El descubrimiento de la intervención dental se suma a otras pruebas de cuidado mutuo y conocimientos avanzados en medicina, como el uso de plantas medicinales y la atención a miembros del grupo con discapacidades.
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Más allá del impacto en la salud individual, este hallazgo plantea preguntas sobre las capacidades cognitivas y sociales de los neandertales. “Descubrimientos como este sepultan la vieja caricatura de los neandertales como seres toscos. Esto va más allá de la simple higiene y entra en el terreno del tratamiento médico activo”, afirmó Andrey Krivoshapkin, paleoarqueólogo de la Academia de Ciencias de Rusia.
El procedimiento realizado hace casi 60.000 años en Siberia demuestra que la historia de la odontología y el cuidado sanitario comenzó mucho antes de lo que se pensaba. Los neandertales, lejos de la imagen de seres primitivos, muestran una gran disposición a soportar el dolor y aplicar conocimientos prácticos complejos para aliviar el sufrimiento. “Eso no es instinto, es fuerza de voluntad”, concluyó Krivoshapkin.
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