
Hace más de 5,3 millones de años, el océano Austral que rodea a la Antártida vivió un gran cambio cuando las cenizas volcánicas de los Andes de Sudamérica liberaron una lluvia de nutrientes sobre sus aguas.
Investigadores de los Estados Unidos, Argentina, Reino Unido, Alemania y Chile descubrieron un impacto inesperado de ese fenómeno.
El aporte de minerales esenciales sobre el océano podría haber favorecido el florecimiento de unas microalgas que forman parte del fitoplancton y el desarrollo de las ballenas gigantes, de acuerdo con el estudio que publicaron en la revista Communications Earth & Environment.

“Las cenizas volcánicas llevaron nutrientes al océano y así impulsaron el crecimiento de fitoplancton en el Océano Austral. Como ese alimento estaba lejos de las costas donde vivían las ballenas, se generó una presión evolutiva: para alcanzarlo, comenzaron a viajar más lejos”, explicó a Infobae uno de los autores del estudio, el científico argentino Pedro DiNezio, del Instituto ATLAS de la Universidad de Colorado en los Estados Unidos.
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En ese proceso, las ballenas “evolucionaron hacia tamaños más grandes, lo que les permitió recorrer largas distancias y aprovechar mejor esa abundancia de alimento”, resaltó.
De esta manera, el hallazgo abrió una ventana para comprender cómo los volcanes pueden transformar la vida marina y el clima global.

El estudio fue dirigido por Barbara Carrapa de la Universidad de Arizona con colegas de otras instituciones de los Estados Unidos. También participaron investigadores del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA), que depende del CONICET y la Universidad de Buenos Aires, y el Instituto Franco-Argentino de Estudios sobre el Clima y sus Impactos. Colaboraron investigadores de la Universidad de Bremen en Alemania y la Universidad Santo Tomás de Chile.
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Olas de ceniza y vida

Antes de hacer la investigación, los científicos sabían que los volcanes de los Andes lanzaban cenizas ricas en nutrientes al mar y que eso podía beneficiar zonas como la Corriente de Humboldt y el mar Austral.
Sin embargo, nadie había podido medir cuánto impactaba ese vulcanismo en la fertilidad del océano y en el clima global.

También conocían que grandes erupciones andinas coincidieron con épocas de más vida marina y con enfriamientos del planeta durante el Mioceno tardío, pero no se entendía bien cuál había sido el verdadero papel de las cenizas.
Faltaban pruebas claras de cómo y cuánto ayudaron esos nutrientes a transformar los ecosistemas. Por eso, la pregunta que motivó el estudio fue directa: ¿las cenizas de los Andes realmente fertilizaron el océano, cambiaron la vida marina y ayudaron a enfriar la Tierra en ese remoto pasado?
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Caminos de ceniza, mares de vida

Para resolver el misterio, los investigadores usaron modelos computacionales que mostraron cómo las cenizas volaban desde los Andes hasta el océano y qué pasaba cuando caían al agua. Así, pudieron seguir el recorrido de los nutrientes desde el volcán hasta el mar.
Sumaron datos de fósiles, registros de antiguas erupciones y análisis de sedimentos marinos para armar el rompecabezas.
“Toda esta información ayudó a reconstruir la historia y a unir piezas sueltas sobre el pasado del océano”, acotó el doctor en geología Nicolás Cosentino, quien también formó parte del estudio.
Los resultados de los modelos indicaron que, tras cada llegada de cenizas, el fitoplancton aumentó fuerte en el agua.
También descubrieron que, al crecer la población de organismos marinos, el océano podía sacar más dióxido de carbono del aire y guardarlo en el fondo marino.
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El dióxido de carbono atmosférico bajó hasta 15 partes por millón mientras este proceso seguía, lo que ayudó al enfriamiento global.
Al revisar fósiles en la costa de Chile, los investigadores también encontraron que las ballenas y otros animales marinos prosperaron justo cuando más cenizas caían al mar.
“Los registros fósiles muestran que ecosistemas marinos muy productivos, con muchas ballenas, coincidieron con períodos de fuerte volcanismo. Esto sugiere que las cenizas ayudaron a fertilizar el océano”, resaltó DiNezio.
Así, las pruebas confirmaron que las cenizas de los Andes llenaron el océano de vida y ayudaron a refrescar el planeta.

Para Cosentino, el objetivo del trabajo fue evaluar un proceso del pasado. Sin embargo, aclaró: “Nos deja un mensaje para la situación actual. Hay cambios en las interacciones en el planeta que son inesperadas y complejas. Un aumento de la actividad volcánica puede impactar en la química y la actividad biológica de los mares”.
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Hoy, entender cómo las cenizas de los Andes cambiaron el océano ayuda a explicar por qué el mar y sus criaturas pueden ser tan distintos cuando la naturaleza decide mezclar tierra y agua.
Cada hallazgo suma una pista más sobre el pasado y el futuro de la vida en la Tierra. “Se podría pensar que la desertificación en el planeta puede impactar con cambios en los mares, en el contexto del cambio climático actual”, concluyó.
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