
En una mañana soleada en Funafuti, capital de Tuvalu, un pescador local revisa la captura del día. Lo que no puede ver a simple vista es que, en el interior de muchos de esos peces, se esconden diminutas partículas de plástico que han viajado miles de kilómetros guiadas por las corrientes del océano. Un nuevo análisis científico revela que uno de cada tres peces en las aguas costeras de las islas más remotas del Pacífico contiene microplásticos, según publica la revista PLOS One.
El estudio, liderado por Jasha Dehm, de la Universidad del Pacífico Sur, abarcó 878 peces de 138 especies, capturados por comunidades pesqueras de Fiyi, Tonga, Tuvalu y Vanuatu. Los resultados arrojan una realidad contundente: aproximadamente el 33% de los peces analizados presentaba al menos una partícula de microplástico. Llama la atención el caso de Fiyi, donde cerca del 75% de los peces estudiados mostraron contaminación por microplásticos, superando con creces el promedio global del 49%.
La investigación detalló que, aunque la cantidad de plástico por pez suele ser baja, la frecuencia de aparición es preocupante, especialmente en Fiyi. En contraste, solo el 5% de los peces muestreados en Vanuatu contenían microplásticos.

¿Por qué algunos peces tienen más plástico que otros?
El equipo científico fue más allá de los números. Utilizó una base de datos internacional de especies de peces para analizar qué factores ecológicos aumentan el riesgo de ingerir microplásticos. Descubrieron que los peces de arrecife y los peces de fondo presentan tasas más altas de contaminación, mientras que las especies de laguna o mar abierto muestran niveles menores.
Los peces que se alimentan de invertebrados o buscan comida en el fondo marino resultan especialmente vulnerables. “El patrón constante de alta contaminación en especies asociadas a los arrecifes a través de las fronteras confirma que los rasgos ecológicos son predictores clave de la exposición”, afirmó Jasha Dehm.
En los cuatro países estudiados, dos especies —el emperador de huellas dactilares (Lethrinus harak) y el pez cabra de rayas y puntos (Parupeneus barberinus)— estuvieron presentes en todas las capturas y mostraron los mayores niveles de contaminación en Fiyi.

Impacto en la seguridad alimentaria y desafíos para la región
La presencia de microplásticos en peces destinados al consumo humano genera inquietud en comunidades donde el pescado es fuente fundamental de proteínas y sustento. La Dra. Amanda Ford destacó: “Las comunidades del Pacífico dependen mucho más del pescado como fuente principal de proteínas. Esto, sumado a la importante falta de datos en toda la región, hace que la evidencia generada localmente sea esencial”.
El estudio sugiere que el alto nivel de contaminación en Fiyi podría estar relacionado con factores como la densidad de población, el desarrollo costero y la gestión deficiente de residuos y aguas residuales. Para los Países y Territorios Insulares del Pacífico (PICT), el informe representa una advertencia sobre la vulnerabilidad de sus sistemas alimentarios frente a la contaminación global.
El origen invisible de la contaminación
Uno de los hallazgos más relevantes del análisis es la predominancia de fibras plásticas en las muestras, señalando a los residuos textiles y los aparejos de pesca como fuentes principales. El Dr. Rufino Varea explicó: “Descubrimos que los peces asociados a los arrecifes y que se alimentan en el fondo, más accesibles para nuestros pescadores de subsistencia, actúan como reservorios de contaminación sintética, especialmente en Fiyi, donde casi tres cuartas partes de los individuos muestreados contenían microplásticos”.

Esta situación desafía la idea de que la basura marina solo es un problema visible en la costa, ya que los contaminantes han penetrado profundamente en la cadena alimentaria. El equipo investigador advierte que la lejanía geográfica de estos países no garantiza ninguna protección frente al avance del plástico.
Las conclusiones obtenidas por Jasha Dehm y su equipo, publicadas por PLOS One, subrayan la necesidad de políticas internacionales más estrictas. Los autores sostienen que las soluciones tradicionales, como los programas de reciclaje, resultan insuficientes ante la magnitud del desafío. Proponen impulsar un Tratado Global sobre Plásticos que limite la producción primaria de plásticos y los aditivos tóxicos, con el fin de proteger la salud y la seguridad alimentaria de los pueblos del Pacífico.
“Estos datos rompen la ilusión de que nuestra lejanía ofrece protección y proporcionan la base empírica que necesitamos para rechazar las soluciones posteriores, como los programas de reciclaje”, afirmó Varea.
Los resultados de este estudio se suman a la creciente evidencia sobre la presencia de microplásticos en los océanos y su impacto sobre los ecosistemas y la salud humana.
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