
Durante generaciones, la biología estableció una frontera clara entre los animales acuáticos y los terrestres. Los peces, con branquias diseñadas para funcionar solo bajo el agua, parecían condenados a una supervivencia breve fuera de su entorno natural.
Sin embargo, en las costas tropicales del planeta, esa división se vuelve imprecisa. En zonas intermareales donde el agua desaparece dos veces al día, existen peces que toleran la exposición al aire y dependen de ella para desarrollar gran parte de su vida.
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En esos paisajes dominados por el barro y las mareas, los saltarines del fango (Periophthalmus) desafían una de las ideas más arraigadas de la fisiología de los vertebrados.
Se mueven, alimentan, defienden territorio y reproducen fuera del agua sin pulmones ni patas, manteniéndose como peces. Para la biología evolutiva, su existencia demuestra que la transición entre medios no requiere las estructuras consideradas indispensables durante décadas.
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Un análisis publicado en Forbes por el biólogo evolutivo Scott Travers destacó que los saltarines del fango pertenecen a la subfamilia Oxudercinae, dentro del grupo de los gobios. Entre las especies más conocidas se encuentran el saltarín del fango del Atlántico, el saltarín del fango barrado y el saltarín del fango gigante.
Estos peces habitan planicies fangosas intermareales, ecosistemas definidos por una inestabilidad constante. Con cada ciclo de mareas, el entorno alterna entre estar completamente sumergido y expuesto al aire.
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Mientras la mayoría de los peces se refugia en charcas cuando el nivel del agua desciende, los saltarines del fango convierten la tierra firme en su principal espacio de actividad diaria.
Durante la marea baja, muchas especies pasan más tiempo fuera del agua que dentro de ella. La tierra ofrece ventajas clave: menor presencia de depredadores acuáticos y alta disponibilidad de alimento.
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Respirar sin agua: piel, boca y branquias modificadas
La principal limitación de los peces en tierra es la función branquial. Las branquias dependen del agua para mantener su estructura y, al contacto con el aire, se colapsan y dejan de intercambiar oxígeno. Esta especie resuelven el problema mediante un sistema respiratorio combinado.

Uno de los mecanismos centrales es la respiración cutánea, que permite la absorción directa de oxígeno a través de la piel. Investigaciones citadas por el biólogo indicaron que este proceso puede representar hasta la mitad del oxígeno absorbido por algunos saltarines del fango en tierra, siempre que la piel se mantenga húmeda.
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Esta capacidad depende de una piel extremadamente fina, rica en vasos sanguíneos y recubierta de moco. Esa misma característica los vuelve sensibles a la desecación, por lo que requieren contacto constante con barro húmedo o aguas poco profundas.
A este sistema se suma la respiración bucofaríngea. Los saltarines del fango atrapan aire en la boca y la garganta, donde el oxígeno se difunde a través de tejidos vascularizados.
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Al cerrar la boca, mantienen una bolsa de aire húmedo que funciona como cámara temporal de intercambio gaseoso, comparable a pulmones primitivos. Las branquias, aunque limitadas, presentan una rigidez mayor que en otros peces, lo que les permite conservar cierta capacidad respiratoria en el aire.
Movimiento terrestre sin extremidades
La respiración no es el único obstáculo para la vida en tierra. El desplazamiento resulta igual de complejo. En este aspecto, los saltarines del fango muestran una adaptación notable: utilizan aletas pectorales agrandadas que funcionan como puntos de apoyo, elevando y estabilizando el cuerpo mientras se desplazan sobre el fango.
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Pueden avanzar lentamente al patrullar su territorio o ejecutar saltos potentes para escapar de amenazas. Un estudio publicado en la Revista de Biología Experimental analizó su locomoción y detectó que los movimientos de sus aletas se asemejan a patrones de marcha diagonal observados en los primeros vertebrados con cuatro extremidades.
Alimentación adaptada al entorno terrestre
La adaptación de los saltarines del fango también abarca la alimentación fuera del agua. Investigaciones publicadas en Biology Open señalaron que estas especies modifican su mecanismo de captura de presas para funcionar en presencia de aire.
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A diferencia de los peces estrictamente acuáticos, que dependen de la succión, esta especie retiene aire en la cavidad bucal y ajustan la cinemática de la boca para atrapar pequeños artrópodos y otras presas presentes en el entorno, sin necesidad de regresar de inmediato al agua.
Un modelo clave para entender la evolución de los vertebrados
De acuerdo con Travers, desde la biología evolutiva, los saltarines del fango muestran que la respiración y el movimiento en tierra pueden desarrollarse sin pulmones ni extremidades, a partir de adaptaciones de estructuras propias de la vida acuática.
En un escenario marcado por el cambio climático, con mayor estrés por falta de oxígeno, temperaturas extremas e inestabilidad en los ecosistemas costeros, estas especies ofrecen un ejemplo concreto de cómo los vertebrados pueden adaptarse a condiciones fluctuantes sin abandonar su identidad biológica como peces.
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