
Una nueva generación en Inglaterra está inmersa en un entorno dominado por dispositivos electrónicos, expuesta a niveles de tecnología sin precedentes desde los primeros años de vida. A los dos años, los niños pasan frente a pantallas el doble del tiempo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según un estudio reciente citado por The Independent.
Esta sobreexposición digital, ya visible en la primera infancia, impacta de forma directa el desarrollo del lenguaje y el equilibrio emocional de miles de menores, encendiendo una señal de alerta entre especialistas y familias.
Uso excesivo de pantallas y consecuencias en el desarrollo infantil
El estudio, realizado por el University College de Londres y dirigido por Laurel Fish, analizó el comportamiento de más de 4.700 cuidadores de niños ingleses de dos años. Aunque la OMS recomienda limitar el uso de pantallas a una hora diaria en menores de cuatro años, los datos recogidos revelan que los niños pasan un promedio de dos horas al día frente a dispositivos, superando ampliamente la sugerencia internacional.
No se trata solo de tiempo frente a la pantalla. Los resultados muestran que quienes pasan más horas —algunos hasta cinco diarias— presentan un desempeño menor en pruebas de vocabulario, en comparación con quienes reducen su exposición a solo 44 minutos diarios.

Este uso excesivo no solo afecta el desarrollo del lenguaje, sino que también duplica la probabilidad de experimentar problemas emocionales y de comportamiento. El equipo consultado por The Independent señaló que esta tendencia se mantiene incluso al considerar factores como el nivel educativo y los ingresos familiares, confirmando la profundidad del fenómeno.
Influencia del entorno familiar y brecha económica
El contexto familiar y la salud mental de los cuidadores juegan un papel determinante en los hábitos digitales de los niños. Los menores cuyos cuidadores presentan síntomas de depresión dedican más tiempo a la televisión y otros contenidos digitales, en comparación con aquellos cuyos cuidadores no muestran tales síntomas.
Fish afirmó a The Independent: “Los niños de dos años de familias con mayores desventajas económicas o cuyo cuidador principal presenta síntomas de depresión usan las pantallas más que los de otras familias”.

Los investigadores subrayan que el entorno doméstico, la disponibilidad de recursos y el bienestar emocional de los adultos responsables influyen directamente en la cantidad y calidad del tiempo que los niños dedican a los dispositivos electrónicos.
Alternativas no digitales y su impacto positivo
En contraste, las actividades no digitales —como la lectura de cuentos, el juego libre, la pintura y el dibujo— se asocian a un mejor desarrollo lingüístico y social.
Estas opciones no solo fomentan la creatividad y la interacción, sino que también se relacionan con una menor incidencia de dificultades emocionales y conductuales. Los especialistas destacan que el contacto directo con adultos, la estimulación verbal y la participación en juegos colaborativos resultan fundamentales para un desarrollo temprano saludable.

Diversas investigaciones coinciden en que los niños que dedican más tiempo a actividades no digitales muestran mejores habilidades de comunicación, mayor empatía y mayor capacidad para gestionar emociones.
El estudio del University College de Londres refuerza la importancia de ofrecer oportunidades variadas y enriquecedoras fuera de las pantallas, especialmente en los primeros años de vida.
Pantallas: entre la necesidad y el desafío cotidiano de las familias
A pesar de las recomendaciones, muchas familias ven el uso de pantallas como una herramienta práctica para gestionar la rutina diaria. En momentos de cansancio, estrés o cuando se requiere concentración en otras tareas, los dispositivos electrónicos se convierten en aliados para mantener a los niños entretenidos o acercarles contenidos educativos.
Según recoge The Independent, la realidad social y laboral de los hogares actuales dificulta, en muchos casos, reducir el tiempo de exposición digital de los menores.

Los especialistas insisten en la importancia de un asesoramiento responsable, que ayude a padres y cuidadores a encontrar un equilibrio entre las exigencias de la vida cotidiana y las necesidades de desarrollo infantil. Proponen establecer límites claros, promover alternativas no digitales y procurar que el uso de pantallas sea siempre supervisado y adaptado a la edad.
El desafío para familias, educadores y sistemas de salud es acompañar a las nuevas generaciones en la construcción de una relación saludable con la tecnología, donde el mundo digital no sustituya, sino complemente, las experiencias fundamentales para el crecimiento emocional, social y cognitivo.
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