
Durante más de un siglo, el Everest ocupó un lugar central en la imaginación colectiva como el punto más alto y emblemático del planeta. Su nombre se vinculó al límite físico de la Tierra, al desafío humano extremo y a la grandeza natural. Esta visión, arraigada desde mediados del siglo XIX, surgió de una forma precisa de medir el mundo: la altitud sobre el nivel del mar.
Aunque dominante, esa manera de entender la altura nunca fue la única posible. Una propuesta científica reciente difundida en un análisis de National Geographic reavivó una pregunta persistente: qué significa realmente que una montaña sea “la más alta”.
Este debate, impulsado por un nuevo sistema de medición, altera jerarquías conocidas y ofrece una interpretación diferente sobre cuáles cumbres resultan verdaderamente más imponentes.
El Everest y el origen del “techo del mundo”
El Everest, conocido como Sagarmatha en Nepal y Chomolungma en el Tíbet, ya despertaba admiración antes de que los topógrafos británicos lo identificaran en 1856 como el pico más alto del planeta.

Esta determinación surgió del Gran Levantamiento Trigonométrico de la India, iniciado en 1802 y extendido durante siete décadas, que sentó las bases de la cartografía moderna bajo la dirección de George Everest. El trabajo reveló que el Himalaya superaba a cualquier otra cordillera conocida.
El cálculo definitivo de su altura se atribuye al matemático indio Radhanath Sikdar, quien determinó que el entonces llamado Pico XV superaba al Kangchenjunga. Con el tiempo, esa cifra consolidó la idea del Everest como referencia absoluta de altura, una percepción reforzada en 1953, cuando Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron su cima.
Medir desde el nivel del mar: un criterio discutido
La altitud del Everest, 8.849 metros sobre el nivel del mar, sigue siendo el valor más alto registrado con ese parámetro. El cuestionamiento apunta al criterio, no a la cifra. El nivel del mar se toma como referencia global, aunque no necesariamente refleja la base real de muchas montañas, especialmente aquellas situadas en mesetas elevadas o alejadas de las costas.

El Chimborazo, en Ecuador, ejemplifica esta ambigüedad. Su cima se ubica cientos de metros por debajo de la del Everest en términos de altitud tradicional. Sin embargo, debido al abombamiento ecuatorial de la Tierra, su punto más alto es el más alejado del centro del planeta. Según este enfoque, el Chimborazo sería la montaña más cercana al espacio.
La base, prominencia y otras variables
A lo largo del tiempo, científicos y exploradores propusieron diferentes métodos para definir la grandeza de una montaña. Algunos plantearon medir desde la base hasta la cima, aunque la mayoría carece de una base claramente delimitada, ya que se elevan desde terrenos irregulares.
Otro criterio relevante de acuerdo al informe de National Geographic es la prominencia, que evalúa cuánto se eleva una cumbre respecto al terreno circundante. Desde esta perspectiva, montañas aisladas y de pendientes abruptas adquieren mayor relevancia visual y topográfica.

El Aconcagua, en los Andes argentinos, destaca por su prominencia, ya que la cima más cercana de altura comparable se encuentra a unos 16.000 kilómetros.
El surgimiento del “jut” como nueva medida
En este contexto surge el jut, un sistema ideado por el matemático Kai Xu. Durante una excursión por la vertiente oriental de la Sierra Nevada en California, Xu observó que la impresión de grandeza de una montaña no dependía solo de su altitud. Según su planteo, lo determinante es cuánto se eleva una cima respecto al punto de observación y cuán abrupta es su pendiente.
El método combina la altura vertical con el ángulo de visión, lo que Xu denominó “altura corregida por el ángulo”. Utilizando Google Earth Engine, el sistema identificó el punto desde el cual una montaña resulta más impactante visualmente. Ese valor máximo recibe el nombre de jut.
Un ranking inesperado de montañas imponentes
Los resultados compartidos por National Geographic modificaron de manera significativa las jerarquías tradicionales. El Everest, pese a su altitud récord, presenta un jut de 2.223 metros, ubicándose en el puesto 46 entre los picos más impresionantes bajo este criterio. La razón se vincula a su ubicación sobre la elevada meseta tibetana, lo que reduce el contraste con el entorno inmediato.

En cambio, el Annapurna Fang, una cumbre secundaria del macizo del Annapurna en Nepal, alcanza un jut de 3.412 metros. Aunque su altitud es unos 1.200 metros menor que la del Everest, su pendiente y su elevación respecto al valle generan un impacto visual superior. Según este sistema, se trata de la pared montañosa con mayor relevancia topográfica del planeta.
El Annapurna I, la cima principal del macizo y décima más alta del mundo sobre el nivel del mar, comparte la misma base que el Annapurna Fang. Su menor inclinación disminuye su jut, lo que demuestra que la pendiente puede ser tan determinante como la altura absoluta.
Un debate que atraviesa siglos
El jut se suma a una larga tradición de intentos por redefinir la medición del relieve. Desde los cálculos de Dicearco en la Grecia clásica, pasando por los métodos trigonométricos de Al-Biruni en el siglo XI, hasta los debates del siglo XX sobre medir desde el centro de la Tierra, la pregunta sobre qué hace grande a una montaña nunca encontró una única respuesta.
Según National Geographic, el método de Xu no sustituye los sistemas tradicionales de medición, sino que suma un criterio complementario centrado en el impacto visual y topográfico. Aunque no modifica la altitud del Everest, sí redefine su posición relativa entre las montañas más imponentes del planeta.
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