
Una herramienta científica permite descubrir con exactitud todos los medicamentos que circulan en el organismo de una persona. Se trata de una biblioteca digital pública que identifica de manera precisa los medicamentos y compuestos presentes en muestras biológicas o ambientales.
La investigadores fue liderada por investigadores de la Universidad de California en San Diego, en los Estados Unidos, quienes publicaron los resultados en la revista Nature Communications.
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También colaboraron científicos de otras instituciones de los Estados Unidos, Noruega, República Checa, Austria, Bélgica, Finlandia, España, Canadá, Brasil y Suiza.
Por qué hay medicamentos en el cuerpo

Las personas pueden tener medicamentos en sus organismos por muchas causas. Algunos toman remedios recetados, otros usan pastillas sin receta, y hay quienes guardan productos en casa y los consumen sin contarlo al médico. Muchas sustancias llegan por accidente, como antibióticos que quedan en la carne, verduras con restos de plaguicidas o agua contaminada.
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Está también la automedicación y el consumo de productos comprados por internet.
Mucha gente ni siquiera recuerda qué tomó, y algunas medicinas pueden quedar en sangre, piel, orina o leche materna sin que se den cuenta.
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El equipo internacional quiso resolver este problema: cómo saber de verdad qué medicamentos hay en el cuerpo si esa información siempre resulta parcial.
Son expertos en el campo de la metabolómica, que es la especialidad que estudia los pequeños compuestos presentes en los seres vivos.
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Hasta hoy, solo se reconocía una pequeña parte del total y no se lograba decir qué fármacos distintos circulan en el cuerpo de cada persona.
Por eso, se propusieron crear una herramienta que ayude a detectar esos medicamentos ocultos para entender mejor la salud individual y cuidar mejor a cada paciente.
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Así funciona la biblioteca de medicamentos
El proyecto creó la GNPS Drug Library, una biblioteca digital abierta con las “huellas químicas” de miles de medicamentos y sus productos relacionados.

Médicos o investigadores pueden cargar datos de una muestra de sangre, orina, saliva, piel o alimentos y, al comparar, ver qué medicamentos aparecen y de dónde pueden haber llegado. El sistema utiliza la espectrometría de masas, una técnica que separa moléculas según su peso para identificar cada sustancia.
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Con mucha tecnología y modelos de procesamiento de datos, la biblioteca permite saber si una persona usó un medicamento, lo recibió en la comida, el ambiente, o si estuvo expuesto a productos de uso externo.
La información de cada medicamento incluye su origen, para qué se usa, de qué clase es y cómo actúa. Así, se obtienen resultados rápidos y útiles para quienes no necesariamente saben de farmacia o bioquímica.
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Qué hallazgos mostró la prueba

Para comprobar su eficacia, los investigadores analizaron muestras reales de fluidos biológicos y ambientales. Corroboraron que el método permite detectar todos los químicos que hay en la muestra.
Por ejemplo, personas tratadas por enfermedades intestinales, caries o la inflamación de Kawasaki tenían antibióticos detectados, justo lo que correspondía a sus tratamientos.
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En la piel de personas con psoriasis se encontraron antifúngicos, lo habitual en esos pacientes. La herramienta fue probada en casi 2.000 personas de Estados Unidos, Europa y Australia.

Detectó 75 medicamentos distintos, la mayoría de los más recetados en cada región, y halló diferencias. En los Estados Unidos, las personas analizadas tenían más medicamentos en promedio. Había más analgésicos en mujeres y medicamentos para la disfunción eréctil en hombres.
En pacientes con Alzheimer se detectaron fármacos del corazón y del ánimo, como suele recomendarse. En personas con VIH hallaron antivirales y tratamientos para otros problemas frecuentes en ese grupo.
Además, la aplicación identificó antibióticos en carne y plaguicidad en vegetales, lo que ayuda a revelar exposiciones ocultas en la dieta.
Para qué sirve en la vida real

Esta nueva herramienta puede ayudar a saber con exactitud si los pacientes cumplen sus tratamientos o si conviven con sustancias que nadie anotó en los sistemas médicos.
Permite encontrar interacciones entre fármacos, adaptar mejor los medicamentos y descubrir si alguien está expuesto a compuestos peligrosos por comida, ambiente o productos de higiene personal.
Sirve tanto en hospitales como en investigaciones o estudios sobre ambiente y alimentación. Resulta útil también para pensar la medicina personalizada del futuro y para evitar riesgos inesperados por mezclas de medicamentos o sustancias químicas.

Si bien reconoce muchísimos compuestos, el sistema todavía puede fallar con medicinas muy poco comunes o inestables.
Por eso, los próximos pasos serán investigar cómo sumar nuevos datos con inteligencia artificial y ampliar la biblioteca. Mientras tanto, insisten que cualquiera puede cargar datos y usar la herramienta para mejorar la salud y la investigación científica.
La científica Nina Zhao, una de las coautoras, afirmó: “Basta con subir el conjunto de datos y con un solo clic se obtiene toda la información sobre qué drogas están presentes”, lo que abre posibilidades para entender y cuidar mejor a las personas.
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