
Sentir dolor durante meses no es solo una molestia. Un grupo de científicos del Reino Unido comprobó que el dolor crónico puede aumentar el riesgo de desarrollar presión arterial alta, un factor que puede impactar el corazón y las arterias de por vida.
El hallazgo llegó tras analizar los casos de más de 200.000 adultos. El equipo identificó que quienes sufren molestias duraderas en varias partes del cuerpo presentan una mayor probabilidad de padecer hipertensión.
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Además, la depresión y los signos de inflamación también aumentan ese riesgo. “El dolor más extendido eleva más el riesgo de desarrollar presión arterial alta”, dijo Jill Pell, profesora de la Universidad de Glasgow y una de las coautoras del estudio que fue publicado en la revista Hypertension de la Asociación Americana del Corazón.
Dolor crónico y presión alta

La presión arterial alta ocurre cuando la sangre presiona con más fuerza de lo normal las paredes de los vasos sanguíneos, lo que puede provocar infartos o accidentes cerebrovasculares.
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Muchos adultos sufren dolor musculoesquelético, que afecta zonas como la espalda, cuello o rodillas y se extiende por más de tres meses.
Aunque esta situación se da con frecuencia, la relación exacta entre dolor crónico, inflamación, depresión y presión alta todavía era incierta.
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El equipo de expertos quiso saber cómo afecta el dolor según su localización (en una o varias áreas) y cuánto tiempo dura.

También exploraron si síntomas de tristeza profunda o inflamación influyen en el riesgo de desarrollar hipertensión.
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La investigación planteó preguntas claras: ¿el dolor limitado a un área tiene un impacto diferente al dolor repartido por todo el cuerpo? ¿Influye el ánimo o la inflamación en ese vínculo?
El objetivo fue descubrir si atender el dolor y tratar la depresión puede ser útil para bajar los casos de hipertensión entre la población adulta.
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Así se hizo el estudio

El trabajo analizó a más de 206.000 adultos voluntarios, de entre 40 y 69 años, que respondieron un cuestionario sobre dolor reciente, su duración y las áreas afectadas del cuerpo.
Las respuestas incluyeron preguntas sobre síntomas depresivos, como sentirse desanimado o sin energía en las últimas semanas.
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Para medir la inflamación, los profesionales usaron un análisis de sangre que detecta la proteína C reactiva, un indicador que sube cuando el cuerpo reacciona ante infecciones o lesiones.
Durante un seguimiento que promedió 13,5 años, los científicos registraron, mediante historias clínicas y datos hospitalarios, cuándo las personas recibieron el diagnóstico de presión alta. De los participantes, casi el 10% desarrolló hipertensión durante ese lapso.
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El informe señaló que el dolor crónico distribuido en todo el cuerpo estuvo asociado a un riesgo un 75% mayor de presión alta frente a quienes no presentaron dolor. El dolor centrado en el abdomen elevó ese riesgo en un 43%.
Se encontraron porcentajes similares para cefaleas, molestias en cuello, caderas y espalda, aunque de forma menos pronunciada. La depresión jugó un papel importante en estos resultados.
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Los investigadores indicaron: “Parte de la explicación fue que el dolor crónico aumenta la posibilidad de depresión, y la depresión eleva el peligro de hipertensión. Esto sugiere que detectar y tratar a tiempo la depresión ayudaría a reducir el riesgo”. La inflamación también fue un factor de riesgo, aunque de menor impacto.

El análisis tuvo en cuenta variables como edad, sexo, hábitos de vida, alimentación, actividad física y otras enfermedades. Así, lograron que los resultados resultaran más precisos.
La mayoría de quienes reportaron dolor eran mujeres (61,7%) y casi todos, de origen británico. Personas con dolor presentaron mayor tendencia a estilos de vida menos saludables y a un índice de masa corporal más alto.
Recomendaciones para pacientes y médicos

Los investigadores recomendaron a los equipos de salud prestar mayor atención a pacientes con dolor crónico, dado que presentan un mayor riesgo de hipertensión.
Según la doctora Pell, “cuando se atiende a personas con dolor, los trabajadores de la salud necesitan saber que corren un riesgo más alto de tener presión arterial alta”.
Aunque reconocieron que los resultados pueden cambiar en personas jóvenes o en poblaciones de otros países, y recordaron que los datos se basaron en autoevaluaciones y registros médicos de un solo momento.

Daniel Jones, doctor en medicina y presidente de la Guía 2025 sobre Presión Arterial Alta de la Asociación Estadounidense del Corazón y el Colegio Estadounidense de Cardiología, afirmó: “Se sabe que sentir dolor puede elevar la presión arterial a corto plazo, pero hemos sabido menos sobre cómo el dolor crónico afecta la presión arterial. Este estudio agrega información a ese conocimiento, ya que encuentra una correlación entre la cantidad de sitios de dolor crónico y que la asociación puede estar mediada por la inflamación y la depresión”.
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