
Un bloque de piedra, tallado hace más de un milenio en Copán, Honduras, podría contener un mensaje oculto que desafía la visión tradicional sobre la escritura maya.
Un reciente estudio citado por National Geographic sostiene que los gestos manuales representados en el altar Q, uno de los monumentos más emblemáticos de la civilización maya, podrían codificar fechas clave del calendario de Cuenta Larga, lo cual sugiere la existencia de una forma adicional de escritura basada en señas.
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El altar Q, esculpido en el año 776 bajo el gobierno del rey Yax Pac, exhibe en sus cuatro lados a 16 gobernantes de Copán junto a inscripciones glíficas. Esta escultura es considerada fundamental para comprender la historia política y ritual de la ciudad.
Las inscripciones glíficas permitieron a los especialistas identificar eventos y fechas relevantes, pero el nuevo estudio propone que los signos manuales de los personajes aportan una perspectiva inédita en la interpretación del monumento.

La investigación, publicada en la revista Transactions of the Philological Society, fue dirigida por Richard Sandoval, antropólogo lingüístico de la Universidad Estatal Metropolitana de Denver.
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Sandoval afirma que los gestos de las manos tallados en el altar Q no son simples elementos decorativos, sino códigos que representan fechas específicas del calendario maya. Indica que estos signos manuales conforman una forma de escritura bien establecida mediante señas, comparable a otros sistemas históricos.
“Este es el texto más antiguo en el que, que yo sepa, se pudo demostrar la existencia de una escritura real y bien definida mediante señas, comparable a la de otros tipos de escritura. Otros investigadores y yo estamos bastante seguros cuando afirmamos que las convenciones de estos signos tienen sus raíces en el lenguaje de señas”, explicó Sandoval a National Geographic.
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Hasta ahora, el sistema de escritura maya cuenta con más de mil glifos que representan palabras y sílabas, muchos aún no descifrados. El calendario de Cuenta Larga, esencial para la cronología y cosmovisión mayas, se estructura en cinco ciclos de tiempo: k’in (día), uinal (20 días), tun (360 días), k’atun (7.200 días) y b’ak’tun (144.000 días). Los mayas consideraban que trece b’ak’tunes formaban un ciclo total de la creación.
De acuerdo con Sandoval, el altar Q integra tanto glifos como signos manuales, lo que le permitió comparar ambos sistemas y proponer que los gestos codifican fechas que complementan la información glífica.
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El estudio identifica que los signos manuales en los lados este, oeste, sur y norte del altar Q representarían las fechas 9.0.2.0.0 (27 de noviembre de 437), 9.19.10.0.0 (30 de abril de 820), 9.16.13.12.0 (21 de octubre de 764) y 9.17.5.0.15 (7 de enero de 776).
Sandoval señala que dos de los gestos se asemejan a variantes glíficas conocidas del número cero, y su disposición en los paneles coincide con la posición de los ceros en las fechas de la Cuenta Larga.

El investigador concluye que los 16 signos manuales, vinculados al tiempo ritual y al inframundo, corresponden a cuatro fechas del noveno b’ak’tun, y que cada panel codifica los valores k’atun, tun, uinal y k’in de una fecha de izquierda a derecha.
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Debate académico sobre la hipótesis de los gestos manuales
La propuesta de Sandoval provocó un intenso debate en la comunidad académica. Algunos especialistas consideran que abre una oportunidad para descifrar aspectos inéditos de la escritura maya; otros manifiestan escepticismo.
Epigrafistas consultados por National Geographic advierten que la evidencia presentada por Sandoval podría resultar selectiva y que aún se requiere hallar más ejemplos en otros monumentos y códices antes de afirmar de forma concluyente que los gestos manuales constituyen una escritura formal.

Sandoval respalda la solidez de su análisis y subraya la frecuencia con que los gestos manuales aparecen junto a glifos en el arte maya.
“Casi en cualquier parte en que se ven glifos hay una figura, a menudo en el centro (al menos una figura, a veces varias), que hace gestos singulares con las manos. Así que estoy seguro de que estos gestos son signos que poseen unos significados muy específicos”, señaló Sandoval en declaraciones recogidas por National Geographic.
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Desde su perspectiva, el altar Q podría funcionar como una “Piedra de Rosetta” maya, aunque aclara que los signos manuales no traducen directamente a los glifos, sino que aportan información suplementaria.
Implicaciones para el estudio de la cultura maya

Las implicaciones de esta hipótesis son relevantes para el estudio de la cultura y la escritura maya. Si se confirma que los gestos manuales codifican fechas o conceptos rituales, se podrían reinterpretar numerosos monumentos y códices, ampliando la comprensión sobre la comunicación visual y simbólica de esta civilización.
Además, el hallazgo podría motivar nuevas investigaciones acerca de la relación entre el lenguaje de señas y la escritura en otras culturas mesoamericanas.
La posibilidad de que los gestos manuales en el arte maya transmitan significados tan precisos como los glifos tradicionales invita a reconsiderar la riqueza y complejidad de los mensajes inscritos en los monumentos de Copán y otros sitios mayas.
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Esta perspectiva podría abrir nuevas vías para la investigación sobre esta civilización, según concluye National Geographic.
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