3I/ATLAS y su paso por el sistema solar: cómo este cometa podría cambiar lo conocido sobre el universo

Con más de 7.000 millones de años, este cometa interestelar es anterior al Sol y será estudiado en diciembre de 2025 por sondas de la NASA y la ESA. Su estudio podría revelar pistas inéditas sobre la historia temprana de la galaxia

El cometa 3I/ATLAS, más antiguo que el Sol, visita el sistema solar y podría cambiar lo que sabemos del universo (Imagen Ilustrativa Infobae)
El cometa 3I/ATLAS, más antiguo que el Sol, visita el sistema solar y podría cambiar lo que sabemos del universo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Durante millones de años, el sistema solar ha girado en relativa calma, ajeno a lo que sucede más allá de sus límites. Pero ahora, un cometa surgido de las profundidades de la galaxia se acerca: 3I/ATLAS.

Este cuerpo celeste, tan antiguo que podría haber existido mucho antes que nuestro Sol, ha sorprendido a científicos y despertado la curiosidad de todos aquellos que alguna vez se preguntaron por el origen de nuestro pequeño rincón en el universo, según informó Space.com. Observarlo de cerca será un desafío y, a la vez, una oportunidad irrepetible.

¿Por qué importa el cometa 3I/ATLAS?

No todos los días el sistema solar recibe la visita de un objeto que viene, literalmente, de otro mundo. 3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio por el sistema de telescopios ATLAS, informó Space.

Desde entonces, su relevancia no ha dejado de crecer. Lo que hace único a este cometa es su posible origen: los expertos creen que proviene de una región de la Vía Láctea, llamada “disco grueso”, donde las estrellas se formaron hace más de 7.000 millones de años. Esto significa que 3I/ATLAS no solo es más antiguo que la Tierra, sino que también existía antes que el propio Sol, según detallaron investigadores a Space.

El estudio de 3I/ATLAS puede revelar pistas inéditas sobre el origen de la galaxia y la formación de los planetas (NASA/Europa Press)
El estudio de 3I/ATLAS puede revelar pistas inéditas sobre el origen de la galaxia y la formación de los planetas (NASA/Europa Press)

Gracias a su antigüedad, 3I/ATLAS es mucho más que una “bola de hielo sucia” viajando por el espacio. Es, en palabras de los científicos citados por Space, un “refrigerador milenario” cargado de información sobre los primeros días de la galaxia. Descifrarlo podría ayudar a entender cómo se formaron los planetas, incluidas la Tierra y tantos otros sistemas por descubrir.

Las sondas espaciales, listas para un encuentro único

Ver este cometa desde la Tierra no será posible cuando pase cerca del Sol: estará completamente oculto desde nuestra perspectiva. Ni los potentes telescopios espaciales, como el James Webb o el Hubble, podrán espiar los secretos de 3I/ATLAS. La tarea quedará en manos de distintas naves espaciales repartidas por el sistema solar, en una carrera científica contra el tiempo.

Entre las mejor posicionadas se cuentan la sonda Psyche de la NASA y JUICE de la Agencia Espacial Europea, además de varios orbitadores que estudian Marte: Mars Reconnaissance Orbiter, Tianwen-1 y Hope.

Estas naves estarán mucho más cerca del cometa que la propia Tierra —algunas hasta a solo 29 millones de kilómetros, frente a los 269 millones que nos separarán de él en diciembre de 2025— y contarán con la perspectiva y los instrumentos necesarios para estudiar su composición. Otras misiones, como el Solar and Heliospheric Observatory (SOHO), Parker Solar Probe y PUNCH, también seguirán al cometa mientras pase cerca del Sol, aunque a mayor distancia y con menor detalle.

El cometa no será visible desde la Tierra, pero varias sondas espaciales lo observarán de cerca durante su paso por el sistema solar (HUBBLE NASA/Europa Press)
El cometa no será visible desde la Tierra, pero varias sondas espaciales lo observarán de cerca durante su paso por el sistema solar (HUBBLE NASA/Europa Press)

Por qué descubrir estos cometas a tiempo es clave para el futuro

La llegada de un cometa interestelar es un acontecimiento extraordinario. Detectarlos a tiempo permite prepararse para su observación con la mayor cantidad de tecnología posible, multiplica el conocimiento que podemos obtener y abre la puerta a descubrimientos que, de otra manera, serían imposibles, señalaron expertos a Space.

Hasta hace poco, la humanidad carecía de los instrumentos para identificar viajeros de otros sistemas. Ahora, telescopios como el ATLAS y, en breve, el Observatorio Vera Rubin, prometen encontrar más de estos mensajeros, aunque los científicos creen que siguen siendo sumamente escasos.

Detectar y estudiar cometas como 3I/ATLAS puede servir, en un futuro, para comprender mejor los procesos que dieron origen a nuestro sistema solar, prever posibles amenazas y, incluso, perfeccionar los métodos para explorar asteroides o cometas en misiones tripuladas.

Cada vez que la ciencia logra “interceptar” a uno de estos visitantes, la humanidad da un paso más en el mapa de su propia historia galáctica.

El paso de 3I/ATLAS podría dejar fragmentos y provocar lluvias de meteoros en las órbitas de Marte y la Tierra (Imagen Ilustrativa Infobae)
El paso de 3I/ATLAS podría dejar fragmentos y provocar lluvias de meteoros en las órbitas de Marte y la Tierra (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una oportunidad que quizá no se repita

La mayoría de los objetos del sistema solar nacieron hace unos 4.600 millones de años, pero este cometa es, probablemente, aún más antiguo, según estimaciones recogidas por Space.

No solo existe la posibilidad de que deje fragmentos tras de sí —lo que permitiría estudiar su composición incluso después de marcharse—, sino que también podrían registrarse lluvias de meteoros o trozos más grandes cruzando las órbitas de Marte y la Tierra.

Aprovechar cada detalle de este encuentro puede marcar la diferencia, ya que pasarán décadas, o incluso siglos, antes de encontrar otro visitante semejante.

Mientras las naves espaciales recopilan datos y los científicos observan atentos, este cometa nos recuerda lo inmenso y sorprendente que es el universo. Nos invita a mirar con humildad, a seguir preguntándonos sobre nuestros orígenes y a no dejar pasar la oportunidad de aprender de lo inesperado. Puede que este visitante no regrese jamás, pero su paso quedará como una señal de todo lo que aún queda por descubrir.

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