
Un equipo de astrónomos de la Universidad de Princeton ha propuesto la existencia de un nuevo candidato a planeta en el sistema solar exterior, según informa New Scientist. Este hipotético mundo, denominado provisionalmente Planeta Y, se distinguiría de los ya sugeridos “Planeta Nueve” y “Planeta X”, y su posible presencia se infiere a partir de anomalías detectadas en las órbitas de objetos situados más allá de Neptuno, en la región conocida como el cinturón de Kuiper.
Un estudio de la Universidad Rice sugiere que existe hasta un 40 % de probabilidad de que el “Planeta Nueve” se haya formado en el borde del sistema solar. Según la investigación, este cuerpo celeste habría sido expulsado al exterior por la influencia gravitacional de los gigantes gaseosos, aunque la presencia de estrellas cercanas durante los primeros millones de años habría impedido su pérdida definitiva al modificar su órbita. Se estima que este objeto tendría entre cinco y diez veces la masa de la Tierra y orbitaría a una distancia de 400 a 800 veces la separación entre la Tierra y el Sol.
PUBLICIDAD
La principal pista sobre la existencia del “Planeta Nueve” es la distribución de objetos lejanos, cuya dinámica sugiere la presencia de un cuerpo masivo. André Izidoro, profesor de la universidad, advierte que la formación de un planeta similar es poco común en otros sistemas y que el sistema solar representa una excepción. Investigar este posible planeta continuará con observaciones del Observatorio Vera C. Rubin en Chile.

Los expertos consideran poco probables otras hipótesis sobre su origen y creen que, si se confirma su existencia, lo más probable es que su formación coincida con los mecanismos propuestos en este estudio.
PUBLICIDAD
Hipótesis del Planeta Y: las diferencias con otros candidatos
La propuesta, liderada por Amir Siraj y su equipo, plantea que el Planeta Y tendría una masa comprendida entre la de Mercurio y la de la Tierra, y orbitaría a una distancia de entre 100 y 200 veces la separación entre la Tierra y el Sol.
A diferencia de los anteriores candidatos, este planeta habría permanecido oculto debido a su inclinación y a su efecto sutil sobre el entorno: su gravedad provocaría que las órbitas de ciertos objetos del cinturón de Kuiper se desvíen unos 15 grados respecto al plano habitual del sistema solar, generando una especie de ondulación similar a la de una piedra lanzada en un lago.
PUBLICIDAD

Esta señal, según los investigadores citados por New Scientist, es diferente a la que motivó la búsqueda del “Planeta Nueve”, cuya posible existencia se basa en la atracción gravitatoria que agrupa a otros cuerpos en una dirección concreta. Por tanto, ambos planetas podrían coexistir, ya que las evidencias que apuntan a cada uno son independientes.
El análisis de los expertos, recogido por New Scientist, sostiene que la probabilidad de que la señal observada sea fruto del azar oscila entre el 2% y el 4%. “Nuestra señal es modesta, pero creíble”, afirma Siraj, quien recuerda que las primeras pistas sobre el “Planeta Nueve” presentaban probabilidades de casualidad similares. El científico añade: “Si esa ondulación es real, la explicación más sencilla es un planeta inclinado aún no descubierto”.
PUBLICIDAD
Opiniones de expertos y perspectivas de investigación
La posibilidad de que existan mundos ocultos en los confines del sistema solar resulta plausible para otros expertos. Jonti Horner, de la Universidad del Sur de Queensland, señala que la propuesta “responde al hecho de que simplemente no sabemos qué hay ahí fuera”.

Horner subraya que la exploración más allá de Neptuno es reciente, con la excepción de Plutón, descubierto en 1930. Además, considera que planetas como el Planeta Y probablemente no se formaron en su ubicación actual, sino que fueron desplazados desde el sistema solar interior hacia las regiones externas en las primeras etapas de la historia solar, un proceso conocido como dispersión planetaria. “La dispersión parece más probable”, apunta Horner.
PUBLICIDAD
El avance en el conocimiento del sistema solar exterior podría acelerarse en los próximos años gracias al Observatorio Vera C. Rubin, que llevará a cabo un estudio del cielo de diez años de duración. Según Siraj, citado por New Scientist, este observatorio ampliará rápidamente el catálogo de objetos transneptunianos con órbitas bien medidas, lo que permitirá poner a prueba la hipótesis del Planeta Y y la de otros candidatos como el “Planeta Nueve”.
De confirmarse la existencia de este nuevo planeta, el Observatorio Rubin podría detectarlo en los primeros años de su campaña, o al menos aportar nuevas pruebas sobre el efecto de ondulación que ha motivado la propuesta de Siraj y su equipo.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La sorprendente estrategia de la Venus atrapamoscas para sobrevivir en ambientes extremos
Esta planta carnívora utiliza un sofisticado sistema para capturar insectos y compensar la escasez de nutrientes en su hábitat natural, donde enfrenta graves amenazas por la acción humana

Nuevos estudios ratifican la seguridad de las vacunas que contienen aluminio
Una revisión de casi un siglo de evidencia desmonta los mitos sobre los adyuvantes de este elemento y sugiere que las preocupaciones sobre autismo, asma y diabetes carecen de fundamento científico

Cómo el hielo antártico revela la trayectoria del Sistema Solar en la Vía Láctea
La investigación fue liderada por expertos de Alemania. Por qué aportaron una cronología detallada sobre encuentros del planeta con nubes de polvo y plasma cósmico

El aye-aye de Madagascar: el primate más extraño del mundo que evolucionó con rasgos de murciélago, roedor y pájaro carpintero
Un mamífero nocturno de hábitos esquivos desconcertó durante décadas a la comunidad científica debido a su anatomía inusual y a un método de alimentación casi único. Un biólogo consultado por Forbes profundizó en los mecanismos sensoriales y las adaptaciones que le permitieron ocupar un nicho ecológico prácticamente vacío

Recrean las condiciones de una estrella en un laboratorio: cómo este avance podría cambiar el futuro de la energía
Un equipo internacional liderado por el HZDR capturó por primera vez, en billonésimas de segundo, el momento exacto en que un láser transforma metal en plasma a millones de grados, abriendo nuevas posibilidades para el diseño de reactores de fusión nuclear


