
Un reciente estudio reveló que los lagartos anolis marrones de Nueva Orleans presentan las concentraciones de plomo en sangre más elevadas jamás documentadas en un vertebrado, sin mostrar signos de intoxicación.
Según Smithsonian Magazine, estos reptiles consiguen prosperar en un ambiente altamente contaminado, rompiendo los límites conocidos de tolerancia a metales pesados en animales. El hallazgo no solo desafía las expectativas de la comunidad científica, sino que también plantea preguntas sobre los mecanismos biológicos que hacen posible esta tolerancia extraordinaria.
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El equipo liderado por Alex Gunderson, biólogo evolutivo de la Universidad de Tulane, detectó que los anolis marrones (Anolis sagrei) que habitan en sectores de alta exposición de la ciudad alcanzan en promedio casi 1.000 microgramos de plomo por decilitro de sangre. En el caso más extremo, un ejemplar superó los 3.100 microgramos por decilitro.
Estos valores triplican los hallados en cocodrilos del Nilo y multiplican por diez los máximos de los cóndores de California. Estas aves emblemáticas, que estuvieron al borde de la extinción, sufrieron graves consecuencias por la intoxicación con este metal pesado. En el caso de los seres humanos, los especialistas subrayan que no existe un nivel seguro de plomo en sangre, como detalló Smithsonian Magazine.
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Un invasor altamente adaptado a la ciudad
Originario de Cuba y las Bahamas, el anolis marrón llegó a Nueva Orleans en la década del noventa y rápidamente superó en número al anolis verde nativo. Gracias a su notable capacidad de adaptación, conquistó grandes áreas urbanas del sureste de Estados Unidos y se consolidó como la especie de lagarto más abundante de la ciudad.
Este proceso de colonización transformó de manera significativa el equilibrio ecológico local, al convertirlo en una presencia casi omnipresente en jardines, parques y calles urbanas.
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En Nueva Orleans, el legado de contaminación por plomo —heredado del uso histórico de pinturas y gasolina con este metal— se refleja en altos niveles de este tóxico en suelos y aguas de la ciudad. Los lagartos, al desplazarse cerca del suelo, inhalan polvo contaminado y consumen insectos o agua con plomo, permaneciendo así en contacto constante con la sustancia. Esta exposición cotidiana, que sería letal para otras especies, no parece afectar su desempeño vital.

Resistencia sorprendente a la intoxicación por plomo
A pesar de la fuerte exposición, los análisis fisiológicos del equipo de Gunderson no mostraron alteraciones en el equilibrio, la velocidad ni la resistencia de los lagartos.
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Incluso al administrar experimentalmente dosis adicionales de plomo, los reptiles no manifestaron síntomas de intoxicación hasta niveles de 10.600 microgramos por decilitro, una cifra que sería letal para casi cualquier otro vertebrado.
Los exámenes practicados en tejidos cerebrales y hepáticos de los anolis reflejaron únicamente efectos menores. Donald Smith, microbiólogo de la Universidad de California Santa Cruz, puntualizó: “En otros vertebrados, niveles de plomo en sangre superiores a 500 microgramos por decilitro se asocian con enfermedad o muerte evidentes”.
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¿Claves genéticas y oportunidad para la salud humana?
La extraordinaria tolerancia de los anolis llevó a los científicos a pensar que existen mecanismos genéticos que los protegen del plomo. El estudio identificó diferencias en genes relacionados con el transporte de oxígeno y la regulación de metales en las células, aunque los detalles de estos procesos aún no fueron completamente esclarecidos.
Comprender la tolerancia de estos lagartos podría abrir nuevas estrategias de tratamiento para intoxicaciones por metales pesados en humanos. Gunderson aseguró: “Si logramos entender qué los protege, podríamos descubrir estrategias útiles para mitigar la intoxicación por metales pesados en personas y animales”.
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Además, los expertos consideran que los anolis marrones pueden convertirse en indicadores biológicos del riesgo por plomo en zonas urbanas, ya que los niveles elevados en estos reptiles alertan sobre potenciales peligros para la salud de la población humana en áreas expuestas a la contaminación histórica.
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