
Las partículas invisibles del aire contaminado pueden penetrar en las células y órganos del cuerpo humano. Aumentan el riesgo de sufrir asma, ataques cerebrovasculares, infartos, cáncer y demencia, entre otros problemas de salud.
Científicos de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, llevaron a cabo una revisión sistemática y un metaanálisis de estudios para examinar más a fondo el problema. Encontraron más pistas sobre el riesgo de que las personas padezcan demencias, que afectan la memoria, el pensamiento, el lenguaje y el comportamiento.
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En su trabajo, que fue publicado en la revista The Lancet Planetary Health, aportaron datos que permiten entender mejor la asociación positiva y significativa entre una mayor exposición a tres contaminantes específicos y el aumento del riesgo de desarrollar demencia en la etapa adulta.

La investigación estuvo liderada por Clare Best Rogowski y Christiaan Bredell. Explicaron: “Sobre la base de la evidencia existente, nuestros resultados muestran que el PM2,5, el NO₂ y el hollín son factores de riesgo para la aparición de demencia”.
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Este resultado refuerza la idea de que reducir la contaminación no solo protege los pulmones, sino también el cerebro.
En diálogo con Infobae, el doctor Ricardo Allegri, investigador en neurociencias del Conicet y jefe de Neurología Cognitiva del Instituto Fleni en Argentina, dijo: “el trabajo publicado es muy interesante. Describe la asociación entre tóxicos ambientales y Alzheimer y demencia vascular”.
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Para prevenir la exposición a los contaminantes, el científico recomendó que “a nivel individual, en lo posible habría que evitar estar en regiones de alta contaminación. También hay que interpretarlo en el contexto laboral. Pero también hoy son necesarias las acciones de salud pública para reducir la contaminación en grandes ciudades”.
De acuerdo con Allegri, “las acciones beneficiosas son bien conocidas. Solo que hay que tomarlas. Ya desde el año pasado, la Comisión The Lancet dedicada a las Demencias incluyó a la contaminación ambiental como uno de los factores de riesgo modificables de demencia”.
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Cómo hicieron el estudio

El equipo de Cambridge realizó una revisión sistemática y un metaanálisis. Consistió en reunir todos los estudios relevantes sobre un tema y combinar sus resultados para llegar a conclusiones más sólidas.
Los científicos analizaron 32 trabajos, que incluyeron información sobre más de 26 millones de personas. Examinaron datos de grandes grupos poblacionales en Europa, América del Norte, Asia y Oceanía.
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En cada estudio se evaluaron diagnósticos médicos de demencia, incluidos subtipos como Alzheimer o demencia vascular. Se ajustaron los resultados teniendo en cuenta factores como edad, sexo, tabaquismo y enfermedades previas.
Los investigadores calcularon el riesgo asociado con aumentos concretos del nivel de contaminación. Hallaron una asociación positiva y estadísticamente significativa entre los tres tipos de contaminantes del aire y la demencia:
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Material particulado con un diámetro de 2,5 micrones (PM2,5)
Este contaminante está compuesto por partículas diminutas lo suficientemente pequeñas como para que sean inhaladas y lleguen a los pulmones.
Proviene de diversas fuentes, entre ellas las emisiones de vehículos, centrales eléctricas, procesos industriales, estufas y chimeneas de leña, y polvo de obras en construcción.
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También las partículas PM2,5 pueden formarse en la atmósfera a partir de complejas reacciones químicas con otros contaminantes como el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno.
Las partículas pueden permanecer mucho tiempo en el aire y desplazarse lejos del lugar donde fueron generadas.
Según los investigadores, por cada 10 microgramos por metro cúbico (μg/m³) de PM2,5, el riesgo relativo de demencia en una persona aumentaría un 17%.
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Dióxido de nitrógeno (NO₂)
Es uno de los principales contaminantes que surgen de la quema de combustibles fósiles. Se encuentra en los gases de escape de vehículos, especialmente diésel, y en emisiones industriales, así como en estufas y calentadores a gas.
La exposición a concentraciones elevadas de dióxido de nitrógeno puede irritar el aparato respiratorio, agravar e inducir enfermedades como el asma y reducir la función pulmonar.
Por cada 10 microgramos por metro cúbico (10 μg/m³) de dióxido de nitrógeno (NO₂) presentes en el aire, el riesgo de que una persona desarrolle demencia aumenta un 3% en promedio, en comparación con quienes respiran menos cantidad de este contaminante.

Hollín
Viene de fuentes como los gases de escape de automóviles y la quema de leña. Puede retener calor y afectar el clima.
Al ser inhalado, puede penetrar profundamente en los pulmones, agravar enfermedades respiratorias e incrementar el riesgo de padecer problemas cardíacos.
Por cada incremento de 1 microgramo por metro cúbico (1 μg/m³) de hollín, el riesgo de que una persona desarrolle demencia aumenta en promedio un 13% comparado con quien está expuesto a menor cantidad de este contaminante.
Qué se debería hacer para proteger a la población

“Reducir la exposición a la polución podría disminuir las tasas de demencia y estándares más estrictos de calidad del aire brindarían grandes beneficios para la salud”, aconsejaron los investigadores de Cambridge.
Aunque admitieron que la variación entre los métodos de medición y de diagnóstico puede afectar las comparaciones. También remarcan que la mayoría de los datos provienen de países de altos ingresos, por lo que hacen falta más estudios en regiones con mayor polución.
Llaman a mejorar los diagnósticos de demencia en diferentes poblaciones, para comprender mejor cómo afecta la contaminación en contextos sociales y geográficos diversos.

Consultado por Infobae, el doctor Agustín Ibañez, quien dirige el instituto BrainLat y el Programa Internacional de Investigación en Salud Cerebral del Trinity College, en Dublín, valoró la publicación del trabajo.
“La exposición a los contaminantes puede generar inflamación en el organismo humano. Esto puede gatillar el desarrollo de diversos procesos y así aumentar el riesgo de trastornos como la demencia”, afirmó Ibañez, quien es también director científico del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat).
Aún no hay conciencia de los efectos negativos que tienen las partículas invisibles de la contaminación, advirtió. “Se necesitan políticas públicas que controlen los niveles de contaminación. Hay muchas acciones que no se implementan porque todavía no se reconoce el impacto en la salud. Se debería trabajar de manera intersectorial y fomentar los espacios verdes y el uso de barbijos durante los días de mayor contaminación”.
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