
En las llanuras de Anatolia central, en Turquía, se encuentra Çatalhöyük, uno de los asentamientos humanos más antiguos del mundo. Este enclave del Neolítico albergó a una comunidad que vivía en casas de adobe construidas una junto a otra, sin calles, y a las que se accedía por los techos.
A lo largo de generaciones, los habitantes sepultaron a sus muertos bajo los pisos de sus viviendas, lo que creó una cultura que hoy ofrece indicios sobre sus formas de vida, parentesco y organización social.
Una reciente investigación publicada en la revista Science aporta una nueva dimensión al análisis de esta comunidad neolítica que habría sido habitado entre el 7100 y el 6000 a. C. Un equipo internacional de científicos de Turquía, Dinamarca, Suecia, Alemania y Estados Unidos analizó el ADN de 131 individuos enterrados en el lugar. El hallazgo más revelador: los vínculos de parentesco más estrechos entre personas sepultadas en la misma vivienda seguían un patrón basado en vínculos femeninos.

“Los linajes femeninos eran más importantes que los masculinos aquí en el séptimo milenio a. C.”, afirmó la arqueóloga Eva Rosenstock, del Centro de Arqueociencias de Bonn quien participó del estudio.
Los análisis permitieron comprobar que las mujeres tendían a permanecer en su vivienda natal a lo largo de sus vidas, mientras que los hombres eran quienes se trasladaban a otros hogares al alcanzar la adultez. Esta práctica, a la que llamaron matrilocalidad, no implica un matriarcado estricto, pero sí revela que el grupo doméstico se organizaba en torno a las mujeres.
“Podríamos llamarlo matrilocalidad a nivel de hogar, pero no es exactamente un matriarcado en el sentido de que las mujeres ejerzan el poder”, aclaró Rosenstock.
El patrón fue evidente en el análisis de los restos genéticos: hasta el 100% de las mujeres compartían marcadores que indicaban una continuidad residencial, mientras que los hombres mostraban una mayor dispersión.

“Muchas culturas, incluyendo algunos grupos indígenas australianos, transmiten la identidad, los derechos territoriales y las responsabilidades a través de la línea materna, un sistema matrilineal”, explicó Eline Schotsmans, investigadora de la Universidad de Wollongong, que formó parte del equipo.
Enterradas con más objetos y mayor simbolismo
Otro dato revelador fue el ajuar funerario. Las niñas eran enterradas con hasta cinco veces más objetos que los varones de su misma edad. Gracias al análisis de ADN antiguo, fue posible determinar con precisión el sexo biológico de bebés y niños pequeños.
“El examen de ADN antiguo permitió esclarecer el sexo biológico de bebés y niños pequeños, algo que los huesos por sí solos no revelan hasta pasada la pubertad”, indicó Anders Götherström, profesor de arqueología molecular en el Departamento de Arqueología y Estudios Clásicos y miembro del Centro de Paleogenética.
La abundancia de objetos en las tumbas femeninas refuerza la idea de que la condición femenina tenía un valor simbólico y social especial dentro de la comunidad.

El legado bajo sus pies
La práctica de enterrar a los muertos bajo el suelo de las casas se sostuvo durante siglos, lo que generó montículos con múltiples capas habitacionales y funerarias. Las viviendas se construían sobre las anteriores, lo que formaba verdaderos mapas arqueológicos de la memoria. Esta continuidad se interrumpió brevemente alrededor del 6000 a. C., cuando comenzó la edificación en el llamado Montículo Oeste, siempre según los autores.
Allí, entre 2006 y 2013, el equipo de Rosenstock halló dos esqueletos de bebés recién nacidos. Aunque fueron enterrados en el mismo edificio, no presentaban parentesco estrecho, como demostraron los análisis genéticos. Aun así, compartían el mismo acervo genético que los cuerpos hallados en el Montículo Este, lo que refuerza la continuidad cultural entre ambas zonas.

“Esta es otra señal más de la continuidad entre los montículos del Este y del Oeste, que hemos podido demostrar con nuestras excavaciones”, señaló Rosenstock.
Estas evidencias genéticas y arqueológicas se suman a las intuiciones del arqueólogo James Mellaart, quien en los años 60 fue uno de los primeros en excavar en Çatalhöyük y ya entonces observó una gran presencia de figurillas femeninas. Mellaart sospechaba que las mujeres desempeñaban un rol central en esta sociedad neolítica, una hipótesis que ahora encuentra respaldo científico.
Últimas Noticias
El plan de SpaceX para transportar suministros con cohetes ante emergencias y catástrofes naturales
La compañía de Elon Musk impulsa una modalidad logística capaz de reducir a solo horas el traslado de medicinas, equipos y ayuda esencial hacia zonas afectadas
Un sistema nacional de alerta sanitaria y respuesta anticipada: así se prepara Argentina para enfrentar a El Niño
El Ministerio de Salud y la Agencia Federal de Emergencias implementan nuevas herramientas tecnológicas para anticipar los riesgos climáticos y sanitarios asociados al fenómeno climático que tiene altas posibilidades de llegar a la Argentina

Un escarabajo japonés revela cómo la evolución puede dividir especies dentro de una sola isla
Un estudio científico demostró que Carabus blaptoides desarrolló adaptaciones distintas no solo entre islas del archipiélago, sino también en diferentes regiones de Honshu, lo que plantea nuevas preguntas sobre la diversificación biológica en territorios conectados

Un estudio reveló que las áreas marinas protegidas no cubrirían a la mayoría de tiburones y rayas
La investigación analizó casi 1.200 especies y halló que menos del 10% de su distribución entra en alguna reserva, lo que cuestiona el avance real hacia la meta 30x30

Tres hábitos que protegen la salud cerebral y previenen el deterioro cognitivo a partir de los 45 años
Adoptar ciertas conductas en la mediana edad puede marcar la diferencia en la calidad de vida futura. Qué dice la ciencia




