
Imagina esto: estás viendo fotos al azar en tu celular. Un plato de comida, una calle de tu barrio, un perro, una actriz. De pronto, aparece Jennifer Aniston. En ese instante, sin que lo sepas, una neurona específica en tu cerebro se activa. Pero no lo hace por afinidad con Friends, ni por nostalgia. Esa célula cerebral responde al concepto Jennifer Aniston, no a la imagen.
Eso ocurrió durante un experimento con pacientes con epilepsia refractaria, es decir, que no responden al tratamiento convencional. El Instituto de Tecnología de California (Caltech), en Estados Unidos, fue el escenario y el resultado determinante: un hito en la neurociencia.
El responsable fue Rodrigo Quian Quiroga, físico y neurocientífico argentino, quien descubrió que ciertas neuronas en el lóbulo temporal medial humano, una región interna del cerebro esencial para la memoria, que responde selectivamente a imágenes de personas específicas, independientemente de la pose, el fondo o el formato.
El experimento fue publicado en la revista Nature, donde se detalla que esa neurona se activó con siete fotos distintas de la actriz, su nombre escrito y hasta con una grabación de voz que decía “Jennifer Aniston”. Pero no reaccionaba ante ninguna otra persona, explicó el científico a Infobae.

“¿Cómo podía ser que una sola neurona respondiera solo a ella?”, recordó. “Revisamos todo, controlamos cada estímulo y vimos que no era una cuestión visual. Era una codificación abstracta”, detalló. Así nació la noción de “neuronas concepto”, células cerebrales que representan ideas, independientemente de cómo se presenten. Este fue solo el inicio.
De Jennifer Aniston al caso H.M.
Ese hallazgo se conecta con uno de los casos más célebres de la neurociencia: el del paciente H.M., operado en los años cincuenta para tratar su epilepsia. Le extirparon parte del hipocampo —estructura clave en la memoria, el aprendizaje y la orientación espacial— y, desde entonces, no pudo formar nuevos recuerdos conscientes. Sin embargo, podía aprender nuevas tareas motoras.
Ese caso demostró que no existe un único sistema de memoria, sino al menos dos grandes categorías. Por un lado, la memoria declarativa, que permite recordar hechos, nombres, rostros o eventos de forma consciente.
Por otro, la memoria procedural, que actúa de forma inconsciente y posibilita adquirir habilidades como andar en bicicleta o tocar un instrumento, incluso sin recordar cuándo fueron aprendidas.

Las neuronas concepto, como las que responden a Jennifer Aniston, se inscriben dentro del primer grupo: representan significados y permiten que el cerebro organice la información no por imagen o forma, sino por lo que cada cosa representa.
De la física al pensamiento abstracto
Formado como físico en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y con un doctorado en matemáticas en Alemania, Quian Quiroga llegó a Caltech gracias a una beca de la Fundación Sloan. Allí participó en investigaciones con pacientes con epilepsia refractaria, a quienes se les implantaban electrodos intracraneales por motivos clínicos. Esa intervención permitió registrar, por primera vez, neuronas individuales en humanos.
“Era el único lugar en el mundo donde se podía hacer eso en personas vivas. En todos los otros casos, los experimentos eran en monos o ratas - explicó -. Y yo venía con un enfoque distinto. Mi formación era matemática y física, así que apliqué herramientas de procesamiento de señales para detectar patrones que nadie estaba viendo”.
Pensamos en significados, no en imágenes
Las neuronas concepto, afirma, permiten entender cómo pensamos. “No recordamos fotos ni escenas aisladas. Recordamos la idea de algo: mi abuela, mi colegio, Messi. No importa cómo luzca. Lo que guardamos es el concepto”, sostuvo.
Esto significa que una sola neurona puede activarse ante estímulos totalmente distintos si remiten al mismo significado. “Tuve una paciente que respondía a Oprah Winfrey. Le mostraba distintas fotos, su nombre escrito, y también si decía su nombre en voz alta. Siempre se activaba. Pero no reaccionaba a ninguna otra persona. Eso es lo asombroso”, explicó.
Uno de los aportes más profundos del científico es la defensa del olvido como función cognitiva clave. Inspirado por el cuento "Funes el memorioso", de Jorge Luis Borges, sostiene que una memoria perfecta sería un desastre.
“Si recordás todo, no podés pensar. Estás saturado de detalles”, explicó. “La genialidad de Borges fue darse cuenta de que el olvido es tan importante como el recuerdo. Y ahora lo estamos viendo en el laboratorio”, profundizó.
“Lo que yo afirmo es que las neuronas concepto son la piedra angular de la inteligencia humana, porque permiten dejar de lado los detalles irrelevantes y quedarse con lo esencial”, explicó. “Y lo curioso es que nunca se detectaron en otros animales. Se buscaron durante años, pero no aparecen en monos ni ratas. Y no creo en las coincidencias”.
Desde Florencio Varela al mundo

Aunque buena parte de la historia comenzó en California, el desarrollo más potente ocurre hoy en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. En el Hospital El Cruce, Quian Quiroga trabaja junto a la doctora Silvia Kochen, jefa del grupo de epilepsia.
“Los mejores datos de los últimos años no salieron de California. Salieron de Florencio Varela”, sostuvo con orgullo. La investigación fue publicada en la revista Cell Press, donde los investigadores replican y amplían los estudios. “Ahora les pedimos a los pacientes que nos cuenten un recuerdo. Les preguntamos: ¿Conocés a Topa? Y cuando lo evocan, vemos cómo una neurona se activa en tiempo real. Eso es impresionante”, relató.
“Los experimentos tienen la misma calidad, o incluso mejor. Y lo logramos con un equipo que se rompe el alma, trabaja sábados, domingos, con recursos mínimos. Eso me emociona”, resaltó.
Del recuerdo al futuro: cómo se construye la identidad
“No sos el mismo si perdés tus recuerdos. Podés perder un brazo, andar en silla de ruedas, pero seguís siendo vos. En cambio, alguien con Alzheimer, que ya no reconoce a su familia, nos hace sentir que hay algo esencial que se perdió”, reflexionó.
Por eso, sostiene que la memoria no solo organiza el conocimiento, sino también la identidad: “Nos permite decir ‘yo soy esta persona’. Y por eso entender cómo se forma y se codifica es tan importante”.

En tanto, consultado sobre los efectos de la tecnología, fue claro: “La inteligencia artificial no es ni buena ni mala. Todo depende de para qué se use”, dijo. “Puede ayudarte a detectar una enfermedad en una imagen médica o puede servir para hacer un video falso y destruirle la vida a alguien. El problema no es la tecnología, es el uso”.
Y agregó: “Lo que me fascina es que la IA también nos obliga a replantearnos quiénes somos. Qué significa pensar, qué significa recordar. Nos está haciendo preguntas filosóficas que hace veinte años no nos hacíamos”.
Después de décadas en Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, hoy vive en Barcelona, pero tiene un pie —y el corazón— en Argentina. “En Florencio Varela estamos revolucionando la neurociencia. Y no porque tengamos recursos, sino porque hay gente increíble, que trabaja con pasión, con vocación, con compromiso”, dijo emocionado.
En un mundo hiperconectado, lleno de estímulos y distracciones, entender cómo recordamos, por qué olvidamos y qué significa pensar no es solo una pregunta académica. Es una de las claves del futuro. Y desde un quirófano argentino, una neurona —una que responde a Jennifer Aniston— abrió esa puerta.
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