Químicos descubren una “antiespecia” que podría hacer que los chiles sean menos picantes

Nuevas investigaciones revelan compuestos que pueden anular la intensidad en chiles, abriendo la puerta a nuevos desarrollos gastronómicos

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Un análisis de los compuestos
Un análisis de los compuestos presentes en los chiles ha revelado sustancias químicas que parecen anular los capsaicinoides que les confieren el picante (Freepik)

El sabor intenso que aportan ciertos alimentos no solo realza los platos, sino que también genera una experiencia sensorial única. El picante en los chiles ha sido durante mucho tiempo objeto de curiosidad y estudio. La escala Scoville, sistema tradicional para medir esta cualidad en función de la concentración de capsaicinoides, se ha mantenido como referencia durante años. Sin embargo, esta herramienta presenta importantes limitaciones, ya que no siempre logra representar con precisión la percepción real en el paladar humano.

Introducción a la problemática del picante y la escala Scoville

La escala Scoville mide el picante de los chiles en unidades que indican la concentración de capsaicinoides presentes. Según New Scientist, estos compuestos interactúan con receptores en las fibras nerviosas de la boca, generando una sensación de ardor semejante al calor extremo o la picadura intensa.

Sin embargo, la experiencia real del picante puede variar considerablemente, sugiriendo que hay otros factores en juego que no son capturados por esta escala. Este desajuste ha motivado a investigadores, como Devin Peterson de la Universidad Estatal de Ohio, a indagar sobre los compuestos presentes en los chiles que podrían influir en esta percepción.

Investigación y descubrimiento de compuestos antiespecias

Peterson y su equipo emplearon cromatografía líquida-espectrometría de masas para analizar muestras de 10 tipos de chiles diferentes. A través de este método, calcularon la cantidad de capsaicina y dihidrocapsaicina presentes en cada muestra. Aunque se esperaba que sus niveles generaran un picante uniforme medido en 800 unidades Scoville, los resultados sensoriales variaron. Este fenómeno los llevó a descubrir la existencia de compuestos que aparentemente moderan el picante natural de algunos chiles.

Entre estos compuestos se identificaron tres principales: capsianósido I, roseósido y gingerglicolípido A. Todos ellos son glucósidos que parecen interactuar con los receptores nerviosos involucrados en la percepción del picante. Estos “antiespecias” ofrecen una innovación potencial en cómo podemos controlar y modificar la intensidad.

Evaluación sensorial de los chiles y resultados

Los resultados señalaron una reducción
Los resultados señalaron una reducción del picante (Freepik)

Para poner a prueba este hallazgo, un panel de catadores analizó muestras de jugo de tomate mezclado con polvo de los diferentes chiles. A pesar de contener la misma concentración de capsaicinoides, los tasters percibieron intensidades de picante distintas.

Posteriormente, otro grupo de catadores evaluó muestras en un test donde una incluía estos nuevos compuestos y otra no, lo que se realizó en mitades opuestas de la lengua para evitar interferencias. Los resultados señalaron una reducción del picante entre 0,7 y 1,2 puntos en una escala de 15, en presencia de los compuestos “antiespecias”.

Posibles aplicaciones de los compuestos antiespecias

El descubrimiento de estos compuestos
El descubrimiento de estos compuestos “antiespecias” podría revolucionar la forma en que entendemos el picante (Freepik)

El descubrimiento de este efecto moderador podría llevar a nuevas aplicaciones tanto en la cocina como en contextos médicos.

En primer lugar, podría permitir la creación de un condimento que suavice platos demasiado picantes para adecuarlos a un público más amplio, sin la necesidad de eliminar completamente la experiencia de sabor original. Además, en el ámbito de la agricultura, con la implementación de técnicas de modificación genética, se pueden desarrollar chiles más picantes o variedades suaves según las preferencias del consumidor, ajustando la presencia de estos compuestos.

Otras aplicaciones potenciales incluyen el uso de estos compuestos en analgésicos para reducir la señalización de dolor extremo, proporcionando una nueva vía para el manejo del dolor gestionado por sensaciones equivalentes al ardor, lo que podría ser especialmente beneficioso en tratamientos tópicos.

Reflexiones sobre el impacto en la industria alimentaria y las percepciones de sabor

El descubrimiento de estos compuestos “antiespecias” podría revolucionar la forma en que se entiende el picante, no solo a nivel culinario sino también industrial.

La habilidad de ajustar la percepción del picante sin alterar la identidad del ingrediente abre la puerta a una personalización sin precedentes en el desarrollo de productos alimenticios. Esto puede influir en las estrategias de marketing para atraer a consumidores que actualmente evitan alimentos picantes debido a su intensidad.

Además, reflexionar sobre el impacto de estos compuestos podría inspirar preguntas adicionales sobre cómo otros sabores se perciben y pueden ser modificados. Barry Smith, de la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad de Londres, sugirió que el principio pueda extenderse a sensaciones similares al frescor del mentol. Esta línea de investigación podría ayudar a diseñar experiencias más completas y personalizadas en alimentos y bebidas.

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