
En el sur de Francia, el desarrollo de un ambicioso proyecto energético internacional dio un paso decisivo. ITER, el reactor experimental de fusión nuclear impulsado por una colaboración entre más de 30 países durante cuatro décadas, completó la fabricación del componente que funcionará como núcleo de su sistema: un gigantesco electroimán superconductor.
Este sistema, denominado Central Solenoid, está conformado por seis módulos y alcanza un peso total cercano a las 3.000 toneladas. Según detalló Popular Science, su fuerza es tal que podría levantar unos 50.000 kilogramos, equivalentes al peso de diez vehículos tipo “monster truck”.
Este componente, tal y como explicó el director general del proyecto ITER, Pietro Barabaschi, resulta esencial para el funcionamiento del reactor. En declaraciones citadas por el medio especializado, comparó su rol con el de una botella: “Por supuesto, el vino es tal vez más importante que la botella, pero se necesita la botella para contener el vino”.
La metáfora ilustra la función del Solenoide Central, encargado de sostener el plasma en condiciones extremas dentro del reactor.

Cómo funciona un reactor de fusión tipo tokamak
El diseño que impulsa este proyecto se basa en la tecnología tokamak, una cámara toroidal en forma de anillo que utiliza potentes campos magnéticos pulsados para contener plasma a temperaturas extraordinarias.
El término “tokamak” proviene del ruso y significa “cámara toroidal con bobinas magnéticas”, un concepto central en los intentos de reproducir el proceso de fusión nuclear que ocurre en el interior del Sol.
De acuerdo con Popular Science, el funcionamiento comienza con la ionización de una mínima cantidad de gas compuesto por deuterio y tritio, dos isótopos del hidrógeno. El gas, convertido en plasma, es confinado por un campo magnético invisible y sometido a un proceso de calentamiento extremo que eleva su temperatura a más de 270 millones de grados Fahrenheit, es decir, un nivel térmico superior al del núcleo solar.
En ese punto, los núcleos atómicos de los isótopos comienzan a fusionarse, liberando una cantidad de energía considerable. Esta fuente de energía, si se logra estabilizar y controlar, podría representar una solución de gran escala frente a los desafíos energéticos globales, debido a su potencial de ser limpia, segura y virtualmente inagotable.

Diferencias clave con la fisión nuclear
El objetivo principal de ITER es demostrar que la fusión nuclear puede ser viable en términos comerciales. Para lograrlo, el sistema debe alcanzar una eficiencia energética sin precedentes.
Según cifras difundidas por Popular Science, se espera que el reactor genere 500 megavatios (MW) de potencia de fusión utilizando apenas 50 MW de energía de entrada.
En comparación, los actuales reactores de fisión necesitan alrededor de 3.000 MW para generar una salida de 1.000 MW.
Este diferencial permitiría que el plasma se mantenga en estado de autoalimentación térmica, en lo que se conoce como burning plasma, una condición en la que la mayor parte del calor necesario para mantener la fusión proviene del mismo proceso interno, reduciendo así la dependencia de fuentes externas de energía.

Cooperación internacional frente a desafíos globales
A lo largo de los años, el proyecto ITER atravesó numerosos obstáculos. Según el medio estadounidense, las demoras se deben a una combinación de factores logísticos complejos, cambios en el contexto geopolítico global y dificultades financieras. Sin embargo, la reciente finalización del Solenoide Central representa un avance técnico decisivo.
Para Barabaschi, el proyecto ITER simboliza algo más que un desarrollo científico. Destacó que “cuando la humanidad enfrenta desafíos existenciales como el cambio climático y la seguridad energética, puede superar las diferencias nacionales para avanzar en soluciones comunes”.
En ese sentido, definió a ITER como “la encarnación de la esperanza” al mostrar que es posible imaginar un futuro energético sostenible y pacífico.

Un futuro que todavía no llega
A pesar del progreso técnico alcanzado con la finalización del imán central, todavía resta un largo camino antes de que el reactor pueda ponerse en funcionamiento. El medio indicó que la fase de encendido del plasma no ocurrirá antes de 2033.
En este período restante, será necesario completar la instalación de todos los componentes restantes, así como las sucesivas pruebas para validar el sistema en condiciones reales.
El medio concluye afirmando que, este cronograma extendido no desanima a los responsables del proyecto, quienes ven en ITER no solo una apuesta tecnológica, sino un símbolo de cooperación científica internacional con el potencial de transformar el modo en que el mundo produce y consume energía.
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