
Durante casi dos décadas, Tim Friede, un ex mecánico de camiones, se dedicó al estudio de reptiles de manera autodidacta y se sometió a un régimen único y arriesgado.
Mientras coleccionaba serpientes en su hogar, se autoadministró más de 700 dosis crecientes de veneno y sobrevivió a más de 200 mordeduras reales de serpientes venenosas, incluyendo cobras, taipanes (que habitan en Australia), mambas negras (de África) y cascabeles.
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Este proceso de autoexposición le permitió desarrollar una inmunidad excepcional, algo extremadamente raro para un ser humano.
En 2017 Friede accedió a que un grupo de científicos estudiaran su caso y a partir de su consentimiento se inició el desarrollo de un antídoto contra mordeduras de serpiente. Los resultados fueron publicados en la revista Cell.
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Un antídoto humano de amplio espectro

En diálogo con Infobae, el doctor Peter Kwong, profesor de ciencias médicas de la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos, reconoció que hay un camino por recorrer en la investigación pero fue optimista.
“Creo que en el futuro un único antiveneno podría cubrir tanto las serpientes altamente venenosas, que pertenecen a la familia de los elápidos, como a las víboras. Pero si el cóctel contra las serpientes se termina primero y demuestra buenos resultados en estudios veterinarios y clínicos, podría ofrecerse inicialmente por separado”, resaltó.
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El antídoto está basado en los anticuerpos de Friede y es de amplio espectro. Podría llegar a ofrecer protección total contra 13 especies de serpientes elápidas, como cobras y mambas, y protección parcial contra 6 especies más.
Al combinar los anticuerpos humanos con un inhibidor de toxinas llamado varespladib, el avance podría transformar el tratamiento de mordeduras. Superaría las limitaciones de los antídotos tradicionales, que son específicos para cada especie.
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Una amenaza para la salud pública

Cada año, las mordeduras de serpiente causan entre 81.000 y 138.000 muertes y hasta 400.000 discapacidades permanentes, según la Organización Mundial de la Salud.
Ese tipo de envenenamiento afecta principalmente a zonas rurales de países en desarrollo, donde el acceso a un tratamiento adecuado es limitado o inexistente.
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Durante más de un siglo, los antivenenos o antídotos se han producido a partir de anticuerpos generados en animales inmunizados con venenos específicos de una o pocas especies.
Sin embargo, se registran dos problemas principales. Los pacientes sufren reacciones adversas a los anticuerpos no humanos y hay una eficacia limitada a serpientes específicas.
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“El tratamiento estándar, basado en anticuerpos de animales inmunizados con veneno de una o más especies, solo funciona contra serpientes específicas”, señalaron los científicos en el estudio.
La diversidad de especies venenosas (más de 600 en todo el mundo) hace que sea extremadamente difícil encontrar un antiveneno efectivo contra todas.
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En cambio, el nuevo antídoto propuesto, que combina anticuerpos humanos, permitiría eliminar la necesidad de identificar con precisión a la serpiente responsable antes de administrar el tratamiento.
“El impacto médico global de un único antídoto humano universal sería sustancial”, sostuvieron los investigadores.
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Cómo se diseñó y probó el antídoto
Al darse cuenta que las mordeduras de serpientes son un problema de salud pública desatendido, Friede se puso en contacto con la comunidad médica para investigar la posibilidad de desarrollar un antiveneno universal.
En 2017, comenzó una colaboración con Jacob Glanville, director de la empresa Centivax y primer autor del estudio. Recibieron un subsidio de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos para hacer la investigación.
Para crear el antídoto, los investigadores formaron un panel con 19 serpientes que la Organización Mundial de la Salud considera de alta importancia médica.
Entre ellas se incluyen cobras, kraits, mambas, taipanes y serpientes de coral. Posteriormente, extrajeron de la sangre del hombre los anticuerpos que reaccionaban con las neurotoxinas de esas especies.

A partir de esos anticuerpos, los investigadores ensamblaron un cóctel compuesto por tres elementos. El primero fue el anticuerpo LNX-D09, que protegió a ratones de seis especies de serpientes.
El segundo fue varespladib, una molécula sintética que bloquea enzimas tóxicas, lo que amplió la cobertura a tres especies más.
Finalmente, sumaron SNX-B03, un segundo anticuerpo, que completó la protección total. “Al llegar a los tres componentes, logramos una cobertura sin precedentes”, destacó Glanville.
Las pruebas se realizaron en ratones expuestos a dosis letales de veneno. Los resultados mostraron protección total frente a 13 especies y parcial frente a las 6 restantes.
La combinación de estos anticuerpos logró neutralizar las toxinas presentes en serpientes de Asia, África, América y Oceanía.
Los investigadores sugieren que los anticuerpos identificados atacan regiones estables y compartidas por diferentes toxinas, lo que los convierte en ideales para un antiveneno de amplio espectro.
Próximos pasos: perros, víboras y ensayos

“Estamos trabajando en una cuarta antitoxina que se sumaría al cóctel actual de tres antitoxinas”, contestó a Infobae el doctor Kwong al consultarlo sobre qué se necesita para que el cóctel que ya lograron (que brinda protección total contra 13 serpientes) logre cubrir completamente las 19 especies testeadas.
El siguiente paso será probar el antídoto en perros atendidos en clínicas veterinarias.

“Necesitamos determinar si el cóctel puede brindar protección en un entorno más realista. Lo más probable es que el siguiente paso sea la prueba veterinaria, ya que los perros son mordidos con frecuencia en Australia, donde solo hay serpientes venenosas de la familia de los elápidos. Por eso, un ensayo de campo del cóctel en perros ofrecería información crítica sobre su utilidad”, especificó Kwong.
Además, el equipo planea utilizar el mismo enfoque para desarrollar un antiveneno específico contra las víboras.
Qué aval ético tuvo el estudio

El estudio que sirvió de base para el desarrollo del antídoto no promovió ni facilitó la auto-inmunización del donante.
Friede ya se había sometido a las exposiciones voluntarias a venenos de serpientes antes de ser contactado por el equipo de investigadores.
La extracción de sangre se realizó bajo un procedimiento aprobado por la Junta de Revisión Institucional Occidental y el hombre firmó un consentimiento informado por escrito que autorizaba la obtención de dos muestras de sangre.
Friede solicitó expresamente ser identificado en la publicación científica, y los autores respetaron esa decisión. También confirmaron que, al momento del estudio, el donante había interrumpido sus prácticas de autoexposición al veneno.
Consultado por Infobae, el doctor Adolfo de Roodt, investigador en ofidismo del investigador del Instituto Nacional de Producción de Biológicos, que depende ANLIS/Malbrán, comentó a Infobae: “Los venenos de serpientes son extremadamente variables. Tal vez en algún momento se pueda hacer algo, pero por el momento no hay un antídoto universal efectivo y seguro disponible. Ojalá que alguna vez sí se consiga”.

En tanto, Luciano Sebastián Fusco, investigador en inmunotoxicología y antivenenos del Conicet y la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), consideró al ser consultado por Infobae: “Aunque en Argentina los accidentes por serpientes y víboras están bien gestionados con tratamientos seguros, eficaces y de fácil acceso, la situación en muchas otras partes del mundo es muy diferente. En esas regiones, las mordeduras de serpiente siguen siendo comunes y, lamentablemente, el acceso a antivenenos seguros y efectivos es limitado”.
Por eso -expresó Fusco- “investigaciones como la que se difundió en los Estados Unidos representan un avance clave en la creación de nuevas generaciones de antivenenos, con el objetivo de ofrecer tratamientos más universales y accesibles”.
Sin embargo, señaló que “las tecnologías avanzadas empleadas, como las bibliotecas sintéticas y la producción de anticuerpos monoclonales, siguen siendo costosas y requieren una infraestructura tecnológica compleja. A pesar de los avances, aún faltan muchos años de investigación y pruebas clínicas para convertir estos descubrimientos en soluciones terapéuticas confiables, escalables y verdaderamente accesibles para las poblaciones más afectadas”.
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