
La empresa de biotecnología Colossal Biosciences, con sede en Texas, inició un proceso legal para obtener derechos exclusivos sobre animales creados mediante edición genética con ADN del mamut lanudo.
La compañía, que se autodefine como “la empresa de la desextinción”, presentó una solicitud de patente que abarca tanto secuencias genéticas específicas como los organismos vivos que las contengan, con la intención de ejercer control sobre su uso comercial, científico y ambiental.
La solicitud de patente fue presentada por primera vez en 2023 y lleva por título “Variantes genéticas específicas del mamut lanudo y composiciones que las comprenden”, según reveló MIT Technology Review.

Incluye 29 reivindicaciones que no se limitan a métodos técnicos, sino que apuntan a asegurar derechos sobre animales enteros cuyo ADN contenga esas modificaciones. Esto implica alteraciones en pelaje, tamaño corporal, sistema inmunológico, tolerancia al frío y hasta capacidad cognitiva.
“El estándar actual en casos de biotecnología”, calificó la abogada Cassie Edgar, socia del bufete McKee, Voorhees & Sease, en declaraciones a MIT, en referencia a la amplitud del documento.
Pero agregó que Colossal parece estar dando “un paso novedoso” al intentar asegurar legalmente el uso de ADN extinto, lo que podría establecer un monopolio sin precedentes sobre especies revividas.
Control corporativo de animales salvajes
Ben Lamm, director ejecutivo de Colossal, explicó en un correo electrónico enviado a MIT que tener derechos exclusivos les permitiría controlar el despliegue de estos animales.
“Nos daría control sobre cómo se implementan estas tecnologías, en particular para gestionar las liberaciones iniciales donde la supervisión es fundamental”, sentenció.
La idea de patentarlos no se limita a proteger tecnologías. El mismo Lamm aseguró al medio que las patentes ofrecerían “un marco legal claro durante el período de transición crítico cuando las especies desextintas se reintroducen por primera vez”.
Más allá del control ambiental, la empresa busca asegurar su modelo de negocio con una barrera legal frente a competidores. Lamm sugirió que cada “mamut” podría generar hasta 2 millones de dólares en servicios de captura de carbono, además de abrir la puerta a ingresos derivados del turismo en reservas naturales de Siberia.
Según declaró Andy Tang, socio de Draper Associates (una de las firmas inversoras en Colossal), también a MIT, la razón detrás de este enfoque es empresarial: “Creo que simplemente es más económico invertir en patentes con anticipación. Es mucho más económico patentar la tecnología principal con anticipación para evitar ser reactivo”.
La legislación de Estados Unidos permite desde 1980 el patentamiento de organismos genéticamente modificados, tras un fallo de la Corte Suprema que autorizó una patente sobre una bacteria que consumía petróleo.
Esto abrió paso a la protección legal de animales como el OncoMouse, peces fluorescentes y más recientemente, cerdos diseñados para generar órganos compatibles con trasplantes.

Sin embargo, el caso de Colossal va más allá. Busca derechos sobre una especie ya extinta y sobre cualquier versión futura que contenga ADN de esa especie.
“Cualquier animal con genes de mamut lanudo cae dentro de estas reivindicaciones”, explicó el profesor Jacob Sherkow, experto en Derecho y Biotecnología de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign.
Sherkow estimó que muchas de las 29 reivindicaciones podrían ser rechazadas o recortadas durante el proceso de evaluación de patentes, ya que deben cumplir con requisitos estrictos. “Muy pocas de estas solicitudes de patente se emitirán tal como están”, afirmó.
Aun así, advirtió cómo funcionará la movida de Colossal: “Un caballo de Troya -o mejor dicho, un mamut- sobre qué aspectos de las especies revividas son patentables”.
Colossal fue cuidadosa en no revelar públicamente los detalles técnicos de sus modificaciones genéticas. Durante la presentación de sus recientes lobos modificados, la empresa ocultó los cambios genéticos específicos por “razones de propiedad intelectual”, dijo el MIT.
Este secretismo, aunque legalmente válido para proteger una futura patente, impide a la comunidad científica validar o replicar sus resultados, y alimenta el escepticismo sobre los verdaderos alcances del proyecto.
Dudas desde la comunidad científica
Cory Smith, actualmente ejecutivo de biotecnología y excolaborador del proyecto del mamut en Harvard, participó en la redacción de una solicitud de patente similar en 2021.
Aunque no se opone a la innovación, expresó sus reservas sobre la apropiación legal de animales modificados. “No estoy seguro de que deba tener un propietario. Siempre he opinado que tal vez los animales no deberían patentarse”, dijo a MIT.
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