
Desde hace décadas, la medicina se orienta en prevenir y tratar enfermedades. Ahora, en cambio, se dan más pasos hacia la medicina predictiva. Se busca predecir la probabilidad de que una persona desarrolle una enfermedad en el futuro. Luego, se podría adoptar una actitud proactiva e introducir modificaciones en el estilo de vida y tener más de atención médica.
En esa dirección, un grupo de científicos de los Estados Unidos, Reino Unido, China, Arabia Saudita y Finlandia han desarrollado un “reloj” de la edad basado en unas 200 proteínas presentes en la sangre.
Afirman que esa innovación podría predecir el riesgo de que una persona desarrolle 18 enfermedades crónicas, entre ellas cardiopatías, cáncer, diabetes y Alzheimer. Aún no está disponible para su uso masivo.
El estudio se publicó en la revista Nature Medicine. Si bien hay en el mundo otros desarrollos de tests predictivos, los investigadores consideran que la precisión que alcanza su “reloj” plantea la posibilidad de desarrollar una única prueba que describa el riesgo de una persona de padecer muchas enfermedades crónicas.

“En última instancia, querer vivir más tiempo se reducirá a prevenir las enfermedades crónicas”, afirmó Austin Argentieri, director científico del proyecto e investigador de salud de la población del Hospital General de Massachusetts, Boston, Estados Unidos, en diálogo con la revista Nature.
Por su parte, Sara Hägg, epidemióloga molecular del Instituto Karolinska de Estocolmo, en Suecia, destacó que dos de los puntos fuertes del estudio publicado en Nature Medicine son su amplio conjunto de datos y su repetición con éxito en diversas poblaciones. “Es un estudio muy sólido”, opinó.
En diálogo con Infobae, el doctor Eduardo Arzt, investigador del Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires (IBioBA), que depende del Conicet de la Argentina, y está asociado al Instituto Max Planck de Alemania, comentó: “El trabajo es un aporte muy valioso a la búsqueda de biomarcadores predictores de enfermedades. Estos estudios no proveen una causalidad lineal directa entre los niveles de una proteína determinada con una enfermedad (como pueden ser análisis clínicos conocidos, como el de la glucemia), sino que proveen un perfil que indica una probabilidad hacia tal enfermedad o envejecimiento”.
La validación o ampliación de esos estudios de marcadores proteicos “puede ser interesante para el análisis poblacional de grupos seleccionados por su hábitat geográfico. O pueden ser útiles para los sistemas de salud. En el ámbito individual, el de la medicina personalizada, los estudios en su estadío actual de biomarcadores genéricos de probabilidad (a diferencia de los biomarcadores muy precisos de enfermedades) no deberían generar la expectativa de un tratamiento o cura prematura. Pero puede contribuir a cambios de hábitos o cuidados, como herramientas preventivas”, afirmó el doctor Arzt.
Cómo saber si una persona será longeva

La edad cronológica de una persona es clave para determinar su riesgo de padecer muchas afecciones relacionadas con la edad. Pero la edad cronológica no es un indicador perfecto de enfermedad. Algunas personas de 60 años, por ejemplo, son frágiles y padecen cardiopatías, mientras que otras no tienen enfermedades.
Argentieri y sus colegas intentaron construir un “reloj” que reflejara con precisión el estado de enfermedad de una persona. Para eso, utilizaron datos de 45.441 personas, seleccionadas al azar, del Biobanco del Reino Unido, un repositorio de muestras biomédicas. El tamaño de la muestra es unas 30 veces mayor que el que se había utilizado en un estudio anterior sobre el reloj proteínico. Esta diferencia lo hace estadísticamente más potente.
El equipo descubrió que los niveles de 204 proteínas predicen con exactitud la edad cronológica. Llamativamente, cuando los autores construyeron un segundo reloj utilizando sólo las 20 proteínas más indicativas, predijo la edad casi tan bien como el reloj de 204 proteínas.
Las 20 proteínas incluían la elastina y el colágeno, que forman la estructura de soporte entre las células, y proteínas implicadas en la respuesta inmune y la regulación hormonal.

El reloj también predijo con exactitud la edad cronológica en otros dos grupos de personas: casi 4.000 participantes a un biobanco de China y casi 2.000 de un biobanco de Finlandia. Según los investigadores, los anteriores relojes basados en proteínas analizaban datos de poblaciones más homogéneas.
En general, la edad medida con el reloj proteico era similar a la cronológica. Sin embargo, en el caso de algunos individuos, existía una brecha entre ambas. Eso se reflejan en el hecho de que los niveles de proteínas cambian a medida que se desarrolla la enfermedad.
Qué resultados sorprendieron

Las personas cuya edad medida con el reloj proteínico era superior a su edad cronológica tenían más probabilidades de desarrollar 18 enfermedades crónicas, entre ellas diabetes, afecciones neurodegenerativas, cáncer y enfermedades del corazón, el hígado, los riñones y los pulmones. El envejecimiento proteico también se relacionó con la fragilidad física, la lentitud de reacción y la muerte prematura.
Las proteínas de otras personas envejecen más lentamente que la media. No está claro si se debe a factores ambientales, genéticos o a una combinación de ambos. Según el doctor Argentieri, del 10% de los participantes en el estudio que “envejecían más despacio”, “menos del 1% desarrollaron demencia o Alzheimer”.
La profesora Cornelia van Duijn, catedrática de Epidemiología en la Universidad de Oxford y autora principal que dirigió el equipo, explicó: “Se trata del reloj biológico del envejecimiento más potente desarrollado hasta la fecha, que supera a todos los relojes anteriores a la hora de identificar a quienes envejecen más deprisa y padecen más enfermedades derivadas del envejecimiento. Se han realizado muchos estudios anteriores sobre la edad biológica, pero ninguno ha alcanzado la amplitud y profundidad del presente estudio, que abarca poblaciones con distintos antecedentes genéticos y geográficos y predice una amplia gama de trastornos relacionados con la edad y la muerte prematura”.

Tras los resultados publicados, el grupo de investigadores quieren sumar más diversidad geográfica y genética a sus datos de entrenamiento. El factor limitante -reconoció- es la falta de datos sobre proteínas en biobancos con poblaciones diversas.
Los autores también están investigando el uso de su reloj proteínico para comprobar si nuevos tratamientos médicos evitan dolencias relacionadas con la edad “sin tener que esperar una o dos décadas para ver si alguien desarrolla una enfermedad crónica”, contó Argentieri.
Además, están buscando factores ambientales y de comportamiento que afecten a la rapidez con que envejecen las proteínas en el organismo. Esa línea de investigación podría ayudar a decir qué hacer cuando el “reloj” detecta el riesgo de padecer las enfermedades.
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