
Hay un saber popular, difundido por la ciencia que dice que los dinosaurios eran criaturas lentas y de sangre fría.
Pero los investigadores comenzaron a estudiar estas criaturas que habitaron la Tierra hace millones de años y descubrieron que esa afirmación no es del todo así.
Un grupo de científicos de la Universidad de Vigo señaló que los dinosaurios de sangre caliente surgieron hace 180 millones de años, aproximadamente a la mitad del tiempo que estas criaturas estuvieron en el planeta.
Anteriores investigaciones sugerían que algunos de estos animales prehistóricos podían controlar su temperatura corporal. Pero cuándo y cómo se producía ese cambio seguía siendo un misterio.

Ahora, un nuevo estudio que se publicó en la revista Current Biology estima que las criaturas de sangre caliente, incluidas las aves, que descienden de los dinosaurios, y los humanos, mantienen constante su temperatura corporal, ya sea que el mundo que los rodea sea frío o caliente. Los animales de sangre fría, incluidos reptiles como serpientes y lagartos, dependen de fuentes externas para controlar su temperatura: por ejemplo, tomar el sol para calentarse.
Saber cuándo los dinosaurios desarrollaron su termómetro interno estable podría ayudar a los científicos a responder otras preguntas sobre cómo vivían, incluido qué tan activos y sociales eran. Para estimar el origen de los primeros dinosaurios de sangre caliente, los investigadores analizaron más de 1.000 fósiles, modelos climáticos y árboles genealógicos de los dinosaurios.

Así, la investigación estudió una amplia gama de dinosaurios de la era Mesozoica (230 a 66 millones de años a.C.). Lo que encontraron fue fascinante: los terópodos —grupo que incluye a los famosos tiranosaurios rex y velocirraptores— y los ornitisquios —como el triceratops— se movieron a climas más frescos durante el Jurásico temprano, mientras que los saurópodos —como el brontosaurio— se quedaron en las áreas más calientes de la Tierra.
Esto podría significar que los dos primeros grupos habrían desarrollado endotermia, la habilidad de generar calor internamente, mucho antes de lo que se creía. La paleontología ya había encontrado algunos indicios de esto en investigaciones anteriores, como la formación de plumas y protoplumas, que servían para mantener el calor interno.
“Nuestros análisis muestran que surgieron diferentes preferencias climáticas entre los principales grupos de dinosaurios en la época del evento Jenkyns hace 183 millones de años, cuando la intensa actividad volcánica provocó el calentamiento global y la extinción de grupos de plantas”, explicó Alfio Chiarenza, autor principal del estudio.

Y agregó que “la adopción de la endotermia, quizás como resultado de esta crisis ambiental, puede haber permitido a los terópodos y ornitisquios prosperar en ambientes más fríos, permitiéndoles ser muy activos y mantener su actividad durante períodos más largos, desarrollarse y crecer más rápido y producir más descendencia”.
“Si algo es capaz de vivir en el Ártico, o en regiones muy frías, debe tener alguna forma de calentarse”, dijo Chiarenza, precisó el becario postdoctoral en el University College de Londres.
Jasmina Wiemann, becaria postdoctoral en el Museo Field de Chicago, dijo que la ubicación de un dinosaurio no es la única manera de determinar si es de sangre caliente. La investigación de Wiemann, que no participó en el último estudio, sugiere que los dinosaurios de sangre caliente pueden haber evolucionado más cerca del comienzo de su estancia en la Tierra, hace unos 250 millones de años.

Y precisó que recopilar pistas de múltiples aspectos de la vida de los dinosaurios, incluidas sus temperaturas corporales y dietas, puede ayudar a los científicos a pintar una imagen más clara de cuándo evolucionaron para ser de sangre caliente.
La doctora Sara Varela, co-autora, señaló además que en este período también se produjo otro gran cambio: “Los saurópodos, por otro lado, que permanecieron en climas más cálidos, crecieron hasta alcanzar un tamaño gigantesco alrededor de esta época, otra posible adaptación debido a la presión ambiental”.
Además explicó la ventaja evolutiva de este cambio: “Su menor relación entre superficie y volumen habría significado que estas criaturas más grandes perderían calor a un ritmo reducido, lo que les permitiría permanecer activos durante más tiempo”.

Los expertos investigaron también si los saurópodos podrían haberse quedado en latitudes más bajas para comer follaje más rico que no está disponible en las regiones polares más frías.
Y descubrieron que los saurópodos parecían prosperar en ambientes áridos, similares a las sabanas, lo que respalda la idea de que su restricción a climas más cálidos estaba más relacionada con una temperatura más alta y luego con una fisiología más fría.
Hay que agregar que durante esa época, las regiones polares eran más cálidas y con abundante vegetación.
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