
La demencia es una enfermedad que despierta mucho interés entre los científicos que buscan controlar su avance acelerado en el mundo mediante un diagnóstico temprano, tratamiento adecuado y prevención.
Según la organización benéfica Race Against Dementia la demencia afecta el cerebro y provoca problemas de memoria, pensamiento y comportamiento. Al tratarse de una enfermedad progresiva empeora con el tiempo.
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El Alzheimer es la demencia más conocida y representa la mayoría de los casos, pero existen al menos 200 tipos diferentes de esta enfermedad, cada uno con sus propios síntomas, causas y tratamientos.
En la búsqueda de los factores modificables que ayuden a su prevención un nuevo estudio de la Universidad de Oxford reveló las tres cosas más efectivas que se pueden hacer para proteger las regiones “frágiles” del cerebro de la demencia que son las siguientes:
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- Evitar la contaminación del tránsito
- Beber menos alcohol
- Reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, analizó los escáneres cerebrales de 40.000 personas retenidas en el Biobanco del Reino Unido. Tenían entre 44 y 83 años y estaban clasificados como “bastante sanos en general”, y sólo unas pocas docenas habían tenido un diagnóstico de demencia antes de sus exploraciones.
“El desarrollo de estrategias preventivas basadas en la modificación de los factores de riesgo podría resultar un enfoque exitoso para garantizar un envejecimiento saludable”, dijeron los autores del estudio.
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Los investigadores analizaron 161 “factores de riesgo modificables de demencia” diferentes. Se refieren a factores de salud y estilo de vida sobre los que las personas tienen cierto grado de control y que se han relacionado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como el Alzheimer.

Estos se agruparon en 15 categorías: presión arterial, colesterol, diabetes, peso, consumo de alcohol, tabaquismo, estados de ánimo depresivos, inflamación, contaminación, audición, sueño, actividad social, dieta, ejercicio y educación.
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“La evaluación conjunta de estos factores de riesgo modificables permite identificar la contribución única de cada uno de estos factores en el cerebro o en el deterioro cognitivo”, afirmaron los investigadores.
Luego, analizaron el impacto que estos factores tenían en “partes específicas del cerebro que son particularmente frágiles”. Las definieron como una “red de regiones de orden superior” en el cerebro que procesan la información proveniente de los sentidos.
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Estas regiones “no sólo se desarrollan más tarde durante la adolescencia, sino que también muestran una degeneración más temprana en la vejez” y son particularmente vulnerables a enfermedades como la esquizofrenia y Alzheimer, lo que las convierte en un “punto débil”, dijeron los investigadores.

“Hemos descubierto que, de todos los factores de riesgo modificables comunes para la demencia, los más perjudiciales para este punto débil son la diabetes, la contaminación relacionada con el tránsito y el consumo de alcohol”, afirmó Gwenaëlle Douaud, profesora que dirigió el estudio.
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A estos tres factores les siguieron la falta de sueño, el exceso de peso, el tabaquismo y la presión arterial alta.
Recientemente,el doctor Andrew E. Budson, jefe de neurología cognitiva y conductual en Veterans Affairs Boston Healthcare System, profesor de neurología en la Facultad de Medicina de Harvard afirmó, según se publicó en una nota reciente en Infobae, que “desde hace algún tiempo se sabe que las personas con demencia a menudo tienen un sueño deficiente y fragmentado, y nuevos estudios sugieren que si no se duerme lo suficiente, se tiene un mayor riesgo de sufrir esta enfermedad neurodegenerativa”.
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En otro estudio, investigadores en Europa (incluidos Francia, el Reino Unido, los Países Bajos y Finlandia) examinaron datos de casi 8.000 participantes y descubrieron que dormir seis horas o menos a los 50, 60 y 70 años estaba asociado con un aumento del 30% en el riesgo de demencia en comparación con una duración normal de sueño de siete horas. La edad media de diagnóstico de la demencia fue de 77 años.
La profesora Douaud explicó también el impacto de la contaminación y dijo que estaba “específicamente relacionado con el tránsito y los motores de combustión”, es decir, el dióxido de nitrógeno, mientras que el impacto del alcohol estaba relacionado con la “frecuencia de ingesta”.
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El estudio determinó que quienes dijeron que bebían alcohol “diariamente o casi a diario” tenían mayor riesgo, por encima de aquellos que bebían tres o cuatro veces por semana, una o dos veces por semana, una o tres veces por mes, sólo en ocasiones especiales o nunca.
Aunque el estudio no diferenció entre diabetes tipo 1 y tipo 2 , Douaud dijo que era más probable que fuera la tipo 2 la que tuviera el mayor impacto, y señaló que el estudio había examinado el efecto de la diabetes en áreas frágiles del cerebro independientemente del impacto de la obesidad y el ejercicio.
El estudio no pudo demostrar que reducir la exposición a la contaminación, el consumo de alcohol y el riesgo de diabetes reduciría con seguridad las posibilidades de desarrollar demencia, pero Douaud dijo: “Los factores de riesgo modificables pueden cambiarse potencialmente a lo largo de la vida para prevenir o retrasar la aparición de enfermedades y frenar el proceso de envejecimiento”.
“Para proteger estas frágiles regiones del cerebro, yo diría que, si es posible (y eso, por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo), intentar mantener su diabetes bajo control [o evitar desarrollar diabetes tipo 2] con una dieta saludable y variada, protegerse de la contaminación relacionada con el tránsito y beber con moderación” la profesora dijo a The Times.
“Pero, por supuesto, algunos de estos no deberían depender únicamente de los individuos. La carga también debería compartirse con los gobiernos y los consejos locales que diseñan políticas específicas para abordar estas cuestiones”, concluyó la investigadora.
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