Keith Crandall es el científico y director fundador del Instituto de Biología Computacional de la Universidad George Washington, en los Estados Unidos. Ha realizado más de 300 publicaciones científicas en cuestiones de biología y genómica que van desde los crustáceos a las enfermedades infecciosas. Pero siempre recuerda la enseñanza de las abuelas.
“Con la mejor de las intenciones, las abuelas nos explican las sutilezas del arte de la higiene personal. Suelen proponer lavarse específicamente entre los dedos de los pies, detrás de las orejas y en el ombligo, como zonas objetivo que suelen descuidar los niños pequeños”, escribió Crandall junto con el científico español Marcos Pérez-Losada y Kelly Crandall en un estudio publicado en Journal Microbiology & Biology Education.
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Para motivar a sus estudiantes, los científicos pusieron a prueba la “hipótesis de la abuela”. Es decir, que la composición del microbioma de la piel es diferente en los “puntos calientes de la abuela” de detrás de las orejas, entre los dedos de los pies y en el ombligo, en comparación con otras áreas del cuerpo que reciben una atención de lavado más regular.

Ahora, acaban de publicar el segundo trabajo sobre la investigación en la revista Frontiers in Microbiology. En pocas palabras: las abuelas tenía razón. Frotarse detrás de las orejas y entre los dedos de los pies puede ayudar a mantener sana la piel de esas regiones.
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Se sabe que el microbioma, o conjunto de microbios que viven sobre y dentro del cuerpo humano, desempeña un papel en la salud humana, y la piel no es una excepción.
La piel es el órgano más grande del cuerpo. Y está repleta de miles de millones de microorganismos, como bacterias, hongos y virus. Estas formas de vida invisibles se conocen como el microbioma de la piel. Son una parte importante de la salud general.
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El nuevo estudio ha demostrado que la composición del microbioma de la piel varía entre las regiones seca, húmeda y grasa de la piel.

Los investigadores querían examinar más de cerca el microbioma de la piel de personas sanas. Crandall postuló entonces que los puntos conflictivos -detrás de las orejas, el ombligo y los espacios entre los dedos de los pies- suelen lavarse con menos frecuencia que la piel de los brazos o las piernas y, por tanto, pueden albergar distintos tipos de bacterias.
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Con Pérez-Losada, quien hizo su doctorado en la Universidad de Vigo en España y ahora trabaja en el departamento de Bioestadística y Bioinformática del Instituto Milken de la Escuela de Salud Pública de la Universidad George Washington, diseñaron un innovador curso de genómica y enviaron a un equipo de estudiantes para que les ayudaran a averiguar la hipótesis.

Enseñaron a 129 estudiantes universitarios y de posgrado a recoger sus propios datos, frotando ciertas zonas húmedas y aceitosas, detrás de las orejas, entre los dedos de los pies y en el ombligo.
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También recogieron muestras de zonas secas de control, como las pantorrillas y los antebrazos. Luego, los estudiantes aprendieron a extraer y secuenciar el ADN de las muestras de piel para comparar los microbios que vivían en los puntos calientes con los de las regiones de control.
Los investigadores descubrieron que los antebrazos y las pantorrillas, que suelen limpiarse más a fondo a la hora del baño, presentaban una mayor diversidad y, por tanto, una colección potencialmente más sana de microbios en comparación con las muestras tomadas en los puntos calientes.
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Según Crandall, cuando ciertos microbios problemáticos se apoderan del microbioma pueden desequilibrar la balanza en detrimento de la salud. Si el microbioma se inclina a favor de los microbios perjudiciales, el resultado pueden ser enfermedades de la piel como el eccema o el acné.

Los estudiantes comprobaron la hipótesis de la abuela y sus resultados sugieren que los hábitos de limpieza pueden cambiar los microbios que viven en la piel y, en consecuencia, su estado de salud, de acuerdo con Crandall.
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Esta investigación es una de las primeras que analiza la diversidad de lugares del microbioma cutáneo en adultos sanos y puede servir de referencia para futuras investigaciones.
Crandall consideró que el estudio de cómo la acumulación de microbios en la piel conduce a la salud o a la enfermedad se encuentra en sus primeras fases.
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