
Un pionero de la paleontología y descubridor del dinosaurio carnívoro más grande del mundo murió hoy. Se trata de Rubén Darío Carolini que con su hallazgo en Neuquén revolucionó la historia.
Si bien fue una persona experimentada en la búsqueda de restos arqueológicos, su descubrimiento del 25 de julio de 1993 cambió lo escrito en todos los libros del mundo referidos a la prehistoria.
Ese día halló en la formación Candeleros a solo 15 kilómetros al sur de la Villa El Chocón, los huesos del Giganotosaurus que luego llevaría su apellido: el Giganotosaurus Carolini.
Este enorme ejemplar y los datos aportados por su trabajo despertaron la pasión por los gigantes que duermen en la Patagonia. Es así que incluso, el Giganotosaurus Carolinii fue protagonista de la última película Jurassic World Dominion, del cineasta estadounidense Steven Spielberg.

Hace poco más de un año, Carolini brindó una extensa entrevista a Infobae en donde recordó que en mayo de 2009, el gobierno de Neuquén lo homenajeó para agradecer su gran aporte al patrimonio histórico y cultural de la provincia.
Carolini nació en 1944 en la localidad de Oncativo, Córdoba. Allí vivió hasta los 11 años y fue a la escuela hasta quinto grado, luego los problemas económicos lo hicieron desistir y comenzar a trabajar. Esa fue su única formación académica, luego se convirtió en autodidacta.
Desde niño trabajó para ayudar a la familia, que tenía un campo y cosechaba granos con las máquinas que su padre mecánico construía. Ese oficio que lo llevó con 23 años a la localidad de Cipolletti, donde conoció a su esposa Graciela Belleggia (con quien tiene dos hijas) y comenzó a trabajar como Jefe de Mantenimiento de los grandes camiones en la represa “El Chocón”, hasta 1974 y pasó a Hidronor, hasta su privatización, en 1993. Esos empleos le daban el sustento y la posibilidad de llevar adelante su hobby, su pasión.

“Me dedicaba desde hacía varios años a la búsqueda de fósiles, fui pionero en El Chocón, donde vivía con mi familia. Comencé a buscarlos desde que entré a trabajar a la obra que estaban haciendo, pero recién alrededor del año 80 encontré algo, de casualidad. Era un huesito y con eso fui hasta el Museo de la Universidad de Neuquén y hablé con un paleontólogo que me dijo que había muchos huesos de ese tipo... ¡Sí, pero había que encontrarlo! Luego empecé a salir solo o con mi familia a la buscar en toda la parte de desierto de El Chocón y, como además de mecánico soy herrero y metalúrgico, me fabriqué un buggy para meterme en lugares prácticamente inaccesibles y sin caminos. Con ese arenero tenía más posibilidad y así comencé a encontrar pequeños restos, aunque muchas veces no sabía siquiera la importancia que tenían”, recordó.
Para saber un poco, se sumergió en libros de Paleontología porque, admite, “siempre me gustó fisgonear en todo lo que corresponde a la vida en la Tierra”. Ya estaba mejor entrenado en el hallazgo de restos y en reconocer su valor.

El gran descubrimiento
El 25 de julio de 1993. Rubén y Graciela comenzaron ese día como cualquier otro, pese a que estaban cumpliendo 23 años de casados. Se saludaron con un beso y cada uno siguió con sus actividades.
Rubén tomó su vehículo, cargó sus herramientas, un alambre de varios metros que usaba de regla y partió a la búsqueda de algún fósil. Llegó hasta un punto donde no había huellas y notó que “del suelo aparecía una roca con forma de bocha”. Todos sus sentidos se pusieron en alerta. Se acercó y se dio cuenta que era un hueso. Comenzó a excavar y quedó de rodillas.
“Descubrí una tibia. Le tomé la medida con el alambre, la tapé, agarré mis cosas y fui rápido a casa para saber la medida exacta: 1.12 metros. Busqué un libro donde tenía el despiece del Tiranosaurio Rex, que se encontró en Estados Unidos, y decía que tenía 90 y pocos centímetros... Me agarré la cabeza. ¡No lo podía creer porque eso significaba que acaba de encontrar al dinosaurio más grande del mundo”, manifestó emocionado en aquella ocasión.

Con ese sentir, sigue: “Con ese hallazgo se caían las teorías que decían que los carnívoros crecían hasta la medida del Tiranosaurio y la otra que aseguraba que los dinosaurios crecieron más en el Hemisferio Norte que en el Sur. En Argentina tuvimos los dos herbívoros y carnívoros más grandes”, recuerda quien entonces era director de Obras y Servicios Públicos de la Municipalidad.
Ese momento comenzó a dimensionar lo qua acababa de descubrir. “Fue una emoción muy grande. Mientras medía el hueso arrodillado sabía que era grande y podía calcular el tamaño, pero no sabía la medida del Tiranosaurio como tampoco que había más huesos abajo y que estaría todo el dinosaurio articulado. ¡Fue un hallazgo extraordinario! Estaba bien fosilizado, bien petrificado. ¡Se me caían las lágrimas!”, contó.
“Después de chequear en el libro, le dije a mi esposa: ¡Graciela, encontré al carnívoro más grande de la historia y me dice: ‘¡Si, pero te olvidaste de nuestro aniversario!’ No me había olvidado, pero entré corriendo y entusiasmado para tomar la medida del alambre, saber cuánto medía ese hueso ¡y no le di un beso!”.

Después de la cena y brindis de aniversario improvisados, llamó a Leonardo Salgado, paleontólogo de la Universidad del Comahue, para contarle la novedad. “Era uno de los que más me habían enseñado y tenía que saberlo esa misma noche. Cuando le dije que el hueso que encontré era más grande que el hueso del Tiranosaurio me contesta: ‘¡Andá a cantarle a Gardel!’. A la mañana siguiente había un auto estacionado en la puerta de mi casa, tapado de hielo. Salgo, le paso la mano por la ventana y era Leonardo que había pasado la noche ahí, me estaba esperando para verlo”, dijo.
Fueron juntos en el auto lleno de escarchas, llegaron al lugar donde la tierra estaba movida, excavó y le mostró: “‘¡Hijo de puta! No sabés lo que encontraste...’, me dijo agarrándose la cabeza. ¡Sí que sabía!”. A las horas, se formó un equipo y se inició la excavación que trabajó por dos meses hasta sacarlo.
“Yo quería que los fósiles quedaran en Chocón porque es Patrimonio Cultural de la Humanidad y ellos (el equipo) me decían que debía ir a un lugar donde hubiera un museo y un laboratorio para limpiarlo y prepararlo porque no podía quedar donde estaba. Propuse armar un museo allí y conseguir un lugar para amar el laboratorio. Le pedí al intendente que me facilitara un lugar y hasta allí llevamos todos los bloques (se movilizan envuelto en yeso) y comenzamos a trabajar”. Los encargados de su estudio fueron el propio Salgado, y otros paleontólogos como Rodolfo Coria y Jorge Calvo. Junto a Carolini recuperaron cerca del 70% de la estructura ósea del dinosaurio.

Con el trabajo en marcha comenzaron a barajar el nombre para bautizar a la nueva especie. “Se decidió ponerle latinizado Giganotosaurus carolinii (giga: gigante; noto: austral; saurus: el lagarto o réptil)”, dice sobre el carnívoro que midió entre 12 y 13 metros, con un cráneo de posiblemente 1,56 metros de largo y un peso aproximado de entre 6 y 8 toneladas.
En 1995 la novedad llega a la tapa de la revista científica Nature, que lo reconoció como el mayor carnívoro incluso que el Tyrannosaurus Rex. También en ese año el Museo Paleontológico de El Chocón pasa a manos del municipio y Carolini fue nombrado su director.
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